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Columna de opinión: “El uruguay del presente”, por Carlos Flores*

Por:   /  13 marzo, 2018  /  Comentarios desactivados en Columna de opinión: “El uruguay del presente”, por Carlos Flores*

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Seguramente todos los uruguayos coincidimos en señalar que existen tensiones sociales y políticas que hacen a nuestras vidas repletas de preocupaciones e incertidumbres. Las noticias nos muestran todos los días sucesos que nos llenan de estupor: hechos delictivos sumamente violentos, abusos de todo tipo cometidos por gente de toda condición (jerarcas públicos, empresarios, trabajadores y delincuentes comunes), con casos que van desde el nepotismo y el clientelismo político hasta los casos más graves de corrupción, pasando por los ajustes de cuentas, guerras entre narcotraficantes, violencia de género, femicidios y una fila de largos etcéteras. Frente a este panorama y como sola respuesta la infaltable batería de anuncios reaccionarios que atacan sistemáticamente las consecuencias. Nunca las causas. Ésto, a modo de mensaje para la tribuna, a sabiendas que al día siguiente un hecho de similares características ocupará los titulares de tapas de diarios por su gravedad. Nada altera la ley de la selva.
Lo cierto es que todas esas noticias revelan con crudeza la realidad del Uruguay de hoy. Un país en el que sus habitantes hemos subvertido y olvidado ciertos paradigmas que garantizaban una convivencia pacífica, enmarcada en determinados valores como la honestidad y la ética en el ejercicio de las distintas actividades; en las públicas y en las privadas. Y también en las formas del progreso individual porque difícil es el acceso a las oportunidades laborales y educativas capaces de formar un colectivo social convencido que, a través de la capacitación y el esfuerzo, haga posible ir derribando los muros de las inequidades y las injusticias. De hecho, tales oportunidades hoy no existen.
En su columna del Semanario Voces, Hoenir Sarthou lo expresa con meridiana claridad: “Ese proceso de deterioro del Estado y de proliferación de la violencia tiene como causa importante el fracaso de dos políticas públicas: la educativa y las llamadas “políticas sociales”. Casi el setenta por ciento de deserción antes de completar el ciclo obligatorio de enseñanza prueba, sin duda, el fracaso educativo. Y también el de las políticas asistencialistas adoptadas por el MIDES, que han demostrado ser cualquier cosa menos integradoras e inclusivas”.
Nada indica, entonces, cambios en la realidad de miles de uruguayos y mucho menos en los laxos parámetros éticos y legales que nos rigen hoy. Porque la falla está en la (no) condena social; una cuestión cultural cuya base está en una Educación que no incide en formación de valores.
Si la falla está en la Educación es ahí donde hay que combatir las causas. Y si el fracaso educativo al que refiere Sarthou (y comparto) está en la deserción, ahí estará uno de los objetivos. Pues bien, ante este panorama las autoridades de Primaria insisten en que su principal causa es la repetición escolar y para ello la solución que plantean es simple: eliminemos la repetición. No importa si el escolar asiste a no a clases, si adquiere o no hábitos, valores y conocimientos. La consigna es que el alumno no debe jamás repetir, así salga como entró al ciclo escolar; sin enriquecimiento individual de ningún tipo aportado por el sistema educativo. Para completar este infame círculo insisten en retrasar el ingreso a la escuela hasta los 6 años debido a que existe un estudio que indica que durante 2015 el 11% de los niños que ingresaron a la escuela con seis años cumplidos repitió, mientras que de los que ingresaron con cinco años repitió el 19%. E insisten a pesar del informe de los psicólogos de la Udelar, presentado al Codicen en febrero de este año, en el que “recuerdan que cuanto más tempranas son las intervenciones, más efectivas resultan para corregir el retraso en el desarrollo” y proponen evaluaciones individuales realizadas por especialistas creando un “centro de estimulación cognitiva, que actúe dentro del sistema educativo, y a donde los especialistas deriven a los niños con dificultades, para ser tratados a partir de acciones de estimulación cognitiva (ejercicios de memoria, atención, percepción)”.
Está claro que la propuesta de la academia reflejaría la situación real; el índice de repetición no tendría el control del CODICEN para maquillar estadísticas y así cumplir metas impuestas, entre otros, por organismos internacionales de crédito como el BID para seguir otorgando créditos.
En definitiva, la insistencia de Primaria en retrasar el acceso al ciclo escolar revela que no se avizoran respuestas por parte de las autoridades de la enseñanza debido a que, en el orden de prioridades – ya no pedagógicas sino también sociales y políticas -, no consideran como elemento vinculante la materia que está en sus manos: la Educación. Por lo que la situación general, sin los debidos cambios, lejos de mejorar va a empeorar. Así estamos.

(*) Edil del Partido Colorado

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