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Columna: “Cuando la Cañada de La Aguada fue La Turbera”, por el Dr. Mario Scasso Burghi

Por:   /  15 abril, 2018  /  Sin comentarios

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Las construcciones existentes en el Parque de La Cañada de La Aguada son testigos de la explotación de las canteras de turba en dicho lugar.
En 1889 se denuncia la existencia de turba, que es un carbón vegetal, en el entorno de la Cañada de La Aguada. Silvestre Umerez, registra la denuncia en el Juzgado Nacional de Hacienda para la explotación de la Mina de Turba San Fernando, en la margen Oeste de La Cañada de La Aguada. Junto a esta existía una barranca de más de 12 metros de altura constituida por grandes bancadas de turba. Umerez solicita de las autoridades departamentales la cesión de la franja de terreno de propiedad fiscal, en realidad dunas de arena, comprendida entre las actuales Calles Colombia y la Rambla Costanera Dr. Claudio Williman, incluyendo las actuales Calles Caracas y Venezuela. Foresta con eucaliptos su entorno para impedir que las dunas de arena móviles cubrieran las zanjas y pozos de los trabajos de extracción del material. En sus proximidades instaló un horno de cal a partir de calizas traídas en carretas desde las canteras en la Laguna del Sauce. La explotación inicial del yacimiento utilizó la turba extraída como combustible para calcinar la piedra calcárea
Silvestre Umerez era un vasco español, proveniente de Guipuzcoa, que arribó al Uruguay en 1874, huyendo de las Guerras Carlistas, que asolaban reiteradamente los Países Vascos, durante el Siglo XIX. Había cursado estudios en España, que lo habilitaban a ejercer profesorado en institutos de enseñanza secundaria. En Maldonado fue Director de la Escuela Ramírez de Varones, entre 1879 y 1915, en forma alternada y profesor del Liceo departamental entre 1913 y 1914. Fue la primera persona que advirtió la existencia de la turba aquí. Ni las autoridades previas, ni empresarios como Aguilar, que había explotado cercanos yacimientos de talco, ni los numerosos viajeros que recalaban en nuestro puerto, algunos de mucha relevancia científica, habían percibido la existencia de la turba en las proximidades del sitio de desembarco y donde se aprovisionaban los navíos de agua.
A principios de Siglo XX, se inició la explotación a mayor escala, con envíos a la Argentina. Pero en 1914, estalla la Primera Guerra Mundial, lo que ocasionó un déficit importante de material calórico, ya que el carbón y el fuel oil, que se importaba de los países beligerantes faltó en el Río de la Plata. Es en ese momento que capitales argentinos inicialmente y luego uruguayos se asocian a Umerez y ulteriormente por su cuenta, invierten para explotar de los yacimientos de turba. Se constituye la Sociedad Turberas Carboníferas de Maldonado. Se contrataron ingenieros, se instaló una perforadora, se instalaron vagonetas sobre rieles, sistema Decauville, para trasladar el material, que se cortaba en trozos similares a ladrillo o bloques, hasta el cercano Muelle del Molino de Cavallo. En la Cañada de la Aguada se construyó una represa con compuertas que regulaban el embalse donde se lavaba la turba, con otra presa secundaria a trescientos metros aguas arriba que mantenían el aporte de líquido al embalse. Llegaron a trabajar hasta cien empleados en la explotación. La turba se trasladaba embarcada a Buenos Aires, para la Usina del Gas local, con relativo buen rendimiento. La finalización de la guerra en 1918, hizo que la explotación a ese nivel no fuera rentable, lo cual la concluyó desde esa época.
De esta breve extracción minera, se debe que la cañada se llamara hasta la segunda mitad del siglo XX como “La Turbera”. Zona señalada por repetidos incendios de los depósitos de turba, con a veces días de combustión. Se inflamaban al quedar a la intemperie los bancos inicialmente cubiertos de arena. También que exista un fraccionamiento denominado “Umerez” en la zona de Las Delicias, donde estuvo su propiedad ulteriormente fraccionada y una corta calle denominada La Turba, entre las Calles Chile y Guatemala, en dicho lugar.
En el entorno de la cañada, se conservan grandes desniveles de terreno a partir de la Calle Bolivia en su margen Oeste hacia el Norte y de la Calle del Pozo y Marqui en su margen Este, producto de la extracción de material carbonífero. Aún persisten enormes eucaliptos en su entorno, que han resistido los incendios y temporales, de la forestación inicial, acotados también por la edificación de viviendas.
A fines del siglo XX, se retoma con sentido histórico el nombre de La Aguada para la cañada, que provenía desde la época del descubrimiento y de la administración colonial, hasta mediados del siglo XIX en que desaparece la navegación a vela de altura y con ello la utilización de la fuente de agua potable para aprovisionar los navíos, que arribaban a la bahía.
También restan los muros de la represa en la que estuvieron las compuertas que regulaban el embalse de los lavaderos de turba, próximos al puente de la Rambla Costanera Dr. Claudio Williman entre las paradas 23 y 24 y restos de muros de la presa que regulaban el aporte de agua a 3 cuadras aproximadamente de ésta, junto al curso de agua. Cuando se parquizó la cañada en los años 70, se demolió el muro de la presa para rencauzar el curso y se rebajó el nivel de las compuertas, para impedir el estancamiento del agua.
Estos restos esperan ser señalados, consolidados y preservados dentro del Parque de La Cañada de La Aguada, con en el sentido de guardar el recuerdo y los testigos de una actividad minera de breve explotación de nuestro pasado histórico.

Bibliografía
María Díaz de Guerra-Diccionario Biográfico de la Ciudad de Maldonado.
María Díaz de Guerra-Historia de Maldonado Tomo II.
Carlos Seijo- Maldonado y su Región.
Crédito de la imagen Pedro Martín – Geografía Elemental

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