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Presentan libro de Ricardo Pickenhayn, destacado constructivista que reside en la zona

Por:   /  10 enero, 2019  /  Sin comentarios

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En la noche de mañana viernes, en el Museo Mazzoni, el artista plástico Ricardo Pickenhayn hará la presentación de su libro “Nadayave. Metafísica del Arte Universal desde la idea hasta su representación” que acaba de aparecer luego de años de trabajo y de postergaciones. La presentación incluye la muestra de 50 cajas artísticas exclusivas que acompañan la edición de la obra. Nadayave es anunciado como “una propuesta para redefinir el concepto de arte universal y su posible interpretación para el siglo XXl. Un alegato revolucionario que propicia un aporte para enriquecer nuevas conciencias y despertar un diferente interés por el arte entre los jóvenes de este siglo XXI”, ha explicado el autor.
Ricardo Pichenhayn nació el 27 de agosto de 1960 en las islas del Río de la Plata. Hijo de padre argentino y madre uruguaya -una sobrina de Francisco Mazzoni- se nacionalizó oriental en 1978, cuando llegó desde Buenos Aires, donde residía, a vivir en “la quinta de Medina”, en las afueras de San Carlos.
Cursó estudios de Artes Plásticas y Cerámica con la profesora Alicia Keshishishián, docente en la Escuela Superior de Bellas Artes de Buenos Aires. Luego perfeccionó su técnica cerámica en el taller de Jorge Santágelo y, ya radicado en el Uruguay, descubrió el “engobe indigenista” con la profesora Imáz de Sosa,alumna de Collel, así como – años después – el ” Rakú ” junto al renombrado ceramólogo J. Fernández Chiti, una de las autoridades máximas en cerámica de los últimos tiempos.
Hoy es conocido como un gran artista constructivo, una rama a la que ya se había acercado en sus juventudes. “En Montevideo asistí al homenaje por el centenario natalicio del gran maestro; donde pude descubrir su obra y apreciar los emblemáticos murales que, posteriormente, consumiría el trágico incendio (1978) del Museo de Río de Janeiro”, ha recordado.

Raíces
“Luego de un impasse de tres lustros (en los que me casé y desempeñé como agricultor) el arte volvió a mi vida por el apoyo de importantes artistas (Day Mán Antúnez y Edgardo Ribeiro) quienes nos formarían (a Nicole Vanderhoeght y a mí) en la fascinante propuesta constructiva”, contó alguna vez el artista con motivo de una exposición.
“A partir de 1982, entré la docencia en el Liceo de san Carlos y con los primeros pasos en el Centro de Expresión Plástica de Eduardo Pérez comenzó un largo camino compartido de investigación en los misterios del arte. Tiempo después creamos Cedartes (Centro para el desarrollo del Arte Estructurado). Un enclave rural para la introspección, en el que pusimos como eje a la Cerámica por ser ésta un ‘micromundo’ polivalente capaz de reunir (en un solo material) infinitas posibilidades de oficio”, recordó.
El caso es que desde hace varios años Pickenhayn y Vanderhoegt, desde su enclave bucólico y sin estridencia alguna, han desarrollado un arte que brilla por su autenticidad. “De desnuda que está brilla la estrella”, dijera Darío. Toda su obra, desde los óleos, a las esculturas, las “ready mades” y otros objetos estéticos que hasta podrían carecer de nombre conocido emanan una pureza reconfortante. Es lo que tiene dedicarse a cultivar el arte por el arte, lejos de las estridencias guarangas de quienes cultivan la plástica como una rama de las relaciones públicas. Pickenhayn es todo lo contrario: aquí no hay nada de mercadeo, pero sobra el apego casi místico a la productividad y la exploración, a la noble tarea de crear incesantemente sin mirar ni de reojo a lo que se acostumbra. Si sus muestras han sido tan recomendadas y han llegado a buena parte de Europa, ahora será tiempo de saber qué hay de constructivo en su obra escrita.

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