“Adiós a las armas”, por Danilo Arbilla

Dice el numeral 17 de las Instrucciones del Año XIII “…que no podrá violarse el derecho de los pueblos para guardar y tener armas”.

Se dirá que es cosa de otras épocas. que suena más a poesía, pero que ahora el mundo ha cambiado. Que hay que “aggiornarse” y adaptarse a la realidad. Los franceses acabaron con la monarquía al grito de “libertad, igualdad, fraternidad”.
¿También suena a poesía? ¿Hay que “aggiornarse”.

Fue cuando dejamos de ser súbditos sujetos a la autoridad de otros y pasamos a ser ciudadanos con derechos y libertades. Dejamos de ser siervos para ser hombres libres.
Pero hay como un impulso a mandar al otro. Y a prohibir. Es la tentación totalitaria. Sujetar a toda la gente, ya sea por orden divina o por obra y gracia de una burocracia encaramada en el partido: la “nomencklatura”. Y esto no es poesía. ¡Cuidado!. Se le puede preguntar a cubanos, venezolanos y nicaragüenses. O si no fijarse en Rusia, China, Persia.
Fidel incumplió su promesa de llamar a elecciones. Sus defensores y él mismo decían que no hay mayor democracia que la del pueblo en armas – incluso hasta citaban a la segunda enmienda de EEUU-. Concluida esa etapa, se acabaron las armas en manos del pueblo. Ni un cortaplumas. Hasta hoy.
La revolución facilita las cosas. En democracia es diferente: debe cumplirse con ciertos requisitos burgueses. El asunto es ir prohibiendo. Se va por partes, al principio las cosas más aceptables o engañosas: tabacos, sal, alcohol, bancarización. Se hace un especial hincapié en la tenencia de armas. Las armas en manos del pueblo, de los ciudadanos son un riesgo. Que las maneje solo el estado.

Y en eso estamos por aquí. Se señala lo que pasa en EEUU, donde cualquiera puede comprar una ametralladora de última generación o un obús. Si ellos se han relajado en un problema de ellos; “allá los rubios del norte”. Acá se trata de un problema de legítima defensa, de seguridad personal, de proteger la casa y lo que es de uno. Incluso la propia vida frente a los malandrines. Nada que ver una cosa con la otra.

En Uruguay en la materia ya existe una regulación bastante estricta, pero a la vez respetuosa de los derechos mínimos de los ciudadanos. Del derecho a defenderse, concretamente.
Sin embargo, la lógica prohibicionista ha recrudecido con un nuevo proyecto limitativo. Como si no fuéramos adultos, y el FA nos tiene que enseñar y decir qué tenemos que hacer. Se manejan números y se habla de tenencia de armas registradas en manos de la población, entre las que se incluyen las que están en manos de la policía y las Fuerzas Armadas. Y sobre las no registradas se dan cifras al tun tun. Ese es un dato sobre el que nadie tiene elementos para manejar: los delincuentes se niegan a ir a la Jefatura a registrar sus armas. Se habla de violencia doméstica, como si en ese ámbito todo se manejara a los tiros. ¿Y qué hacemos con los cuchillos, incluso los de cocina?. ¿Y con los facones? ¿Y con las hachas y las sogas y las propias manos que estrangulan?

En Europa usan ómnibus para matar gente. ¿Qué hacemos, también los prohibimos? ¿Será necesario un permanente control siquiátrico de toda la población para ver si pueden tener armas?. Ya de paso considerar si están síquicamente preparados para votar.