muelle de mailhosPor Florencia Sader

Recientemente han habido iniciativas de vecinos de Punta del Este que preocupados por el estado de abandono y deterioro de ciertos lugares, edificios, monumentos y otros íconos que forman parte de la identidad colectiva de la ciudad, iniciaron movimientos para concientizar al público y sensibilizar a las autoridades acerca de la importancia de nuestro patrimonio.

La ermita de la Virgen de La Candelaria, el muelle de Mailhos, el tótem de Tixe, la playa de Las Mesitas y el Paseo de Arte de las Américas fueron objeto de la atención de grupos de activistas que espontáneamente se movilizaron para reclamar la restauración o preservación de los mismos. Verdaderos fenómenos colectivos que culminaron con mayor o menor éxito, siendo el más reciente y mediático la reciente reconstrucción del Muelle de Mailhos.

En el año 2009 el viejo edificio de ANCAP fue objeto de una masiva movilización en la que se recaudaron más de 3000 firmas para impedir su demolición. El objetivo primario fue logrado, pero este majestuoso edificio sito en una de las esquinas más importantes de Punta de Este languidece a la vista de todos, con la urgente necesidad de una concienzuda restauración y la falta de una buena gestión integral. El Complejo ANCAP, -como ahora lo llaman- es la muda víctima de un tira y afloje entre distintos organismos estatales y las veleidades políticas de turno.

En los años ochenta, el historiador francés Pierre Nora acuñó la noción “lugar de memoria” para designar los lugares donde se cristaliza y se refugia la memoria colectiva. Todos los lugares anteriormente mencionados, por diferentes razones han sido seleccionados por los pobladores y visitantes de Punta del Este como receptores de esa carga afectiva.

En una ciudad en la que los valores históricos, culturales y artísticos del pasado se enfrentan constantemente a las tensiones socio-económicas de un presente dinámico que pasa por momentos verdaderamente vertiginosos en los que fisonomía urbana cambia hasta hacerse prácticamente irreconocible en cuestión de meses, son los primeros los que llevan las de perder.

Un aspecto que no se debe descuidar es que la carga afectiva que lleva un viejo muelle, una escultura o un edificio son una construcción social y requiere de voluntades para ser preservada. Las herencias se aceptan o no. Por tanto es importante que el que hereda acepte, y no puede aceptar si desconoce el valor de lo encomendado. El patrimonio se renueva constantemente de acuerdo a las necesidades de la sociedad y a los tiempos históricos. En ese sentido, la educación juega un papel primordial como instrumento para construir las voluntades a favor de la conservación y preservación de nuestro patrimonio.

Un pueblo sin identidad, sin referencias, es apenas un grupo humano que circunstancialmente vive en un mismo lugar geográfico. Creo que somos mucho más que eso. Está en nuestras manos transmitirlo a los recién llegados y a los más jóvenes ya que ellos son nuestros herederos y guardianes de la memoria colectiva.

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