mieresPor Pablo Mieres

En los últimos días hemos asistido a una profundización del conflicto de Medio Oriente con fuertes y trágicas manifestaciones militares, con un saldo doloroso en vidas humanas y un fuerte deterioro de las posibilidades de alcanzar la paz en la zona.

Lamentablemente ha sido un lugar común en nuestro país y particularmente en nuestro gobierno, simplificar las cosas y emitir una condena hacia el accionar del gobierno israelí, soslayando y esquivando una interpretación de las causas profundas de esta nueva fase del conflicto.

Esta postura, agravada con sucesivas acciones y declaraciones del presidente Mujica y del canciller Almagro, ha prohijado un horrendo y aborrecible brote de antisemitismo que se expresa en diversas manifestaciones tanto en los muros de nuestra ciudad como en las redes sociales.

El gobierno uruguayo es responsable de estas expresiones despreciables de racismo porque ha “dado manija” de forma irresponsable.

El conflicto en esta etapa tuvo un origen muy claro e indiscutible que fue la agresión del Movimiento Hamas hacia el territorio de Israel. Efectivamente, esta escalada de violencia comienza con el secuestro y asesinato de tres jóvenes judíos a manos de Hamas y continúa con un bombardeo de misiles desde la Franja de Gaza hacia territorio israelí. Conviene recordar la secuencia de los hechos porque es parte de la evaluación global que es necesario hacer cuando se analiza el conflicto en su etapa actual.

La respuesta israelí ha generado numerosas muertes y eso es lamentable y cuestionable, pero mucho más cuestionable es que el Movimiento Hamas use a los civiles como escudos humanos, ocultándose en edificios tales como escuelas, hospitales o templos.

En el análisis del gobierno uruguayo parecen no existir las agresiones de Hamas, seguramente porque la estrategia defensiva israelí es exitosa al generar un escudo protector antimisiles, pero olvidan que Hamas ha disparado centenares de misiles hacia el territorio de Israel.

La invasión israelí a Gaza demostró la existencia de alrededor de cuarenta túneles construidos por Hamas para ingresar en forma clandestina a territorio israelí para cometer actos terroristas.

Esa es la auténtica situación en Medio Oriente y obviarla o sesgar la interpretación acusando a Israel en forma unilateral y agravando la acusación responsabilizándolo de crímenes de guerra o, peor aun, de genocidio es una grave tergiversación de los hechos que rechazamos categóricamente.

Hoy más que nunca hay que seguir reivindicando que el único final del conflicto implica el reconocimiento de dos Estados que convivan pacíficamente en esas tierras y, pase lo que pase, ese debe seguir siendo el objetivo para el que todos los que no estamos allí, debemos trabajar. Por eso dar manija, perder la objetividad, entrar en el juego de la tergiversación y obviar las responsabilidades de un movimiento terrorista y no democrático es una grave responsabilidad histórica.

Ahora bien, el requisito indispensable es el reconocimiento recíproco del derecho a existir y a convivir pacíficamente. Justamente ese es el principal obstáculo para la obtención de la paz, en la medida que las definiciones ideológicas del Movimiento Hamas incluyen como objetivo la destrucción del Estado de Israel. Resulta imposible avanzar hacia la paz cuando una de las partes tiene por objetivo la destrucción de la otra.

No debemos olvidar que el Estado de Israel es la única democracia efectiva de todo Medio Oriente y que su política ha representado un importante avance en los derechos sociales y políticos de sus habitantes.

Promover la paz, la tolerancia y la construcción de un sistema de convivencia entre dos Estados deben ser los únicos objetivos de nuestra política exterior con respecto a la región y no “flechar la cancha”, “dar manija” y ponerse la camiseta de uno de los bandos, particularmente cuando ese bando tiene por objeto la aniquilación del otro.

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