allanamiento yamila1El asesino de la adolescente Yamila Rodríguez enfrenta una pena mínima de 15 y una máxima de 30 años de penitenciaría si es condenado en el juicio iniciado el pasado 14 de noviembre con el auto de procesamiento del juez Gerardo Fogliacco.

La fiscal Adriana Arenas pidió el procesamiento y prisión del confeso asesino identificado como Luis Alejandro Villar Trías, alias “Chato” de 36 años, poseedor de antecedentes penales, por la autoría de un delito de homicidio muy especialmente agravado.

El numeral 5º del artículo 312º del Código Penal establece como “circunstancias agravantes muy especiales” que se aplicará “la pena de penitenciaría de quince a treinta años, cuando el homicidio fuera cometido inmediatamente después de haber cometido otro delito, para asegurar el resultado, o por no haber podido conseguir el fin propuesto, o por ocultar el delito, para suprimir los indicios o la prueba, para procurar la impunidad o procurársela a alguno de los delincuentes”.

Del auto de procesamiento del juez Gerado Fogliacco se desprende que Villar Trías mató a la joven luego de haberla violado en una casilla del barrio Kennedy, donde la joven estaba pernoctando desde hacía varios días.

La casilla donde fue ultimada la adolescente es vecina a la casa de su asesino. La precaria finca caracterizada por marcos de ventana y puertas de color rosado, fue prendida fuego por los vecinos del barrio. El asesino vivía solo en la vivienda que hasta unos veinte días antes había compartido con una hermana de la víctima, de la que se encuentra separado.

Golpes

Villar mató a la joven entre las 22:00 y las 23:00 del domingo 2 de noviembre pasado. En principio ingresó a la casilla por una puerta lateral. Luego de desnudarse y acostarse al lado de Yamila que estaba dormida, comenzó a besarla y a abrazarla.

Ante el embate del “Chato” la joven se despertó y reaccionó pidiéndole que se fuera del lugar. “Me dijo que no, que no quería mantener relaciones sexuales y me ganó la desesperación”, dijo el hombre. Villar violó a la joven, que se desmayó, comenzó a moverse y a sufrir convulsiones.

“En ese momento me asuste, pensé llevarla al hospital, pero me pareció que iba a quedar hasta las manos si la llevaba. Me ganó la desesperación, fui a mi casa y tomé la cuchilla y le efectué un corte en el cuello”, refirió. La cuchilla tiene una hoja de 20 centímetros y un mango color blanco. El asesino usó una sábana para tratar de parar el derrame de sangre. Luego tuvo la intención de ocultar a su víctima bajo el piso y tomó un martillo sacaclavos que usó para levantar las tablas del piso. Sin embargo, luego la llevó a la otra pieza. Como la joven continuaba moviéndose le asestó varios golpes en la cabeza con el mismo martillo. Luego la degolló porque el cuerpo no entraba debajo de las tablas.

El auto de procesamiento del juez Fogliacco explica que “al ver que el cadáver no podía esconderse bajo las tablas, (Villar) lo envolvió en una sábana que había en el lugar, y tras fijarse que no hubiera nadie en el exterior, deja el cuerpo frente a la entrada de la propia pieza de Y. (contra el tejido que separa con el predio lindero y medio oculto por la vegetación), toma la cabeza la que coloca sobre el resto del cuerpo y envuelve todo con una frazada roja y negra, sobre una chapa de zinc y luego tapa todo con tablas de madera.  Luego retorna a la casa, y limpia la escena del hecho tratando de borrar las manchas de sangre en el dormitorio, manifestando que utilizó la sábana para limpiar y que en forma inadvertida quedó bajo las tablas. Las tablas del piso las repuso en el lugar original. Lava la cuchilla y tira el martillo en una fosa séptica de su casa. Se retira a su domicilio, y a la noche vuelve, toma una cortina de baño blanca y con ella hace un atado con el colchón, del que deshace en un contenedor de basura frente a la cancha de Defensor. El cuerpo queda en el mismo lugar por el lapso de una semana. En el transcurso de la misma, el asesino saca la frazada con la que estaba envuelto el cuerpo y la cuelga en el muro de su casa”, agregó el documento.

Traslado

“El domingo 9 de noviembre, sobre las 22 horas aproximadamente -acuciado por la búsqueda que se hacía de la joven, y por el olor de la descomposición del cadáver- vuelve a usar la frazada roja y negra, así como una funda de un sillón y con ellas envuelve el cuerpo. Carga el cuerpo en su motocicleta y se dirige por la calle Isabel de Castilla hasta llegar a unos terraplenes de arena (en la intersección con Puerto de Palos), lugar en donde deja el cuerpo, tapándolo con arena del lugar y cubriéndolo con ramas y unos helechos. Si bien refiere que ató los envoltorios, no se fijó al dejar el cuerpo que la cabeza estuviera aún allí; presumiendo que pudiera haberse perdido por el camino, donde fuera hallada a la vera de la calzada (en Isabel de Castilla y Pedragosa Sierra), lugar que queda en el trayecto efectuado”, consignó el magistrado. El resto es historia conocida.

 

Villar lloró y mostró “signos de arrepentimiento”, dijo su abogada

En declaraciones ofrecidas a FM Gente, la abogada de oficio María Eugenia Elso aseguró que su defendido “se quebró y mostró signos de arrepentimiento” mientras formulaba sus declaraciones. “El reconocer los hechos lo hizo desahogarse y la verdad que lloró muchísimo. La reconstrucción fue difícil y en determinado momento hubo que parar porque él se quebraba”, comentó. Otra “constante durante toda la declaración fue pedir disculpas a la familia” de la adolescente que mató, dijo la abogada.
Elso comentó que no tuvo oportunidad de mantener “una conversación tranquila” con su defendido, pero afirmó que “en el expediente judicial no hay ningún elemento que determine la participación de otra persona”. “En el devenir del proceso se podrán aclarar otros puntos”, indicó.
La defensora de oficio enfatizó que el expediente judicial tampoco hace referencia a acciones que mostrarían cinismo o la frialdad de parte del homicida.
Elso subrayó que su función es “que (Villar) tenga las garantías legales para hacer la declaración que quiera y que se cumplan los plazos establecidos por ley en su proceso, que recién se inicia”.
No descartó que la fiscalía pida una pena de 20 años para su defendido, pero estimó que la confesión será un atenuante. “Si él no confiesa, no había elementos para imputarle el homicidio. No había elementos probatorios que hubiera aportado la policía. No había elementos porque el arma homicida apareció porque él dijo dónde estaba”, indicó.

Contenido publicitario