“Autonomía para el desquicio”, por Ricardo Garzón

Suman centenares de miles los estudiantes desertores de todos los grados, sobre todo escolares y liceales de hogares carenciados, a la luz del desempleo, violencia territorial, pobreza extrema, falta de oportunidades, y tentación de plata fácil obtenida del narcotráfico, pandemia que no ha sido debidamente controlada ni combatida y que asuela el país.
Es tal el desquicio que esta multitud de evadidos, sumados a quienes puedan egresar del sexto año escolar, no consigue trabajo, ante los cada vez más relegados, insuficientes y obsoletos programas educativos de la hora en todos los niveles de la Educación. Una muy mal aplicada autonomía, desvirtuada en el universo estudiantil, político, docente y sindical -consagrada en la Constitución y en otros tiempos- constituye fracaso secular medido en décadas perdidas, a nivel de la Enseñanza Primaria, Secundaria y Universidad del Trabajo del Uruguay.
No caben dudas de que los docentes deben ser apartados de la conducción de la Enseñanza. Además, deberán ser instruidos con las exigencias educativas de la hora; acceder al conocimiento de los adelantos contemporáneos, y desprenderse de aquellas asignaturas cuya instrucción y dictado fue superado por los tiempos.
Reformular planes de estudio, como por ejemplo Historia Universal, Idioma Español, Literatura y Ciencias Geográficas constituye insoslayable obligación.
Los docentes militantes que revistan en los consejos desconcentrados de la Educación y aquellos agrupados en las gremiales docentes han sido promotores del desquicio, principales responsables de los paros y huelgas que vienen perfeccionando ese collar de ineptitud que exhiben, sobre todo, maestros y profesores de la enseñanza escolar y media.
El país llega a una instancia electoral decisiva en la necesaria exigencia de reformar la Enseñanza, ante tímidos y voluntariosos planteos contenidos en los programas de gobierno del Frente Amplio, Partido Colorado, Partido Nacional, Cabildo Abierto, Partido Verde Animalista, Partido de la Gente y Partido Independiente. Cualquier atisbo de reforma en el quindenio ha sido sistemáticamente rechazado por la Administración Nacional de Educación Pública y consejos desconcentrados dependientes, en rigor y verdad independientes. La ministra de Educación pintada por la Constitución. Su única intervención posible es presidir la Comisión Coordinadora de la Enseñanza en donde apenas puede sugerir “recomendaciones”. Cualquiera otra decisión o comentario de su parte podría considerarse violatorio de la “sagrada autonomía” de esos entes de enseñanza, erigidos como castillos feudales con sus murallas y puentes levadizos.
Hoy vemos al Pit Cnt amalgamado con el sistema político uruguayo, en pase horizontal de titulares de cargos de dirección sindicales a las listas sábanas que confeccionan los dirigentes políticos desvirtuando el voto popular, con apetencias de desembarco en las Cámaras de Diputados y Senadores. Aún, ha sido visto por todo el país la figura de un dirigente gremial con asiento permanente en un programa televisivo de audiencia reconocida, que ha pretendido la mismísima Presidencia de la República.
En el tema central que nos ocupa, tarea de titanes será reformular planes de estudio con sindicatos docentes sublevados que ejercen influencia directa y mando sobre los consejos de Primaria, Secundaria y UTU.
En el limbo generalizado, cuando lo que se impone es la drástica reducción del gasto público y fusión de ministerios y dependencias estatales, así como la reducción de legisladores en ambas cámaras, respondiendo a pautas frenteamplistas se propone dividir en dos un ministerio siempre desobedecido e inútil (Educación y Cultura). Este conglomerado político propone la creación del Ministerio de Cultura, decisión que de llevarse a la práctica acentuará la brecha del desquicio que exhibe la educación y la cultura uruguaya como ha sido y es público y notorio.
El campo se le ha hecho orégano a esa fuerza política, -no ha existido oposición efectiva en todo el período-, y hoy tiembla y cruje el engranaje educativo en todas sus manifestaciones, y en todo el país.
Será tarea insoslayable del próximo gobierno restablecer el principio de autoridad, renunciado a sabiendas en la gestión del Frente Amplio a lo largo y ancho de quince años de ejercicio continuado de la administración. En su defecto, se advierte que no tendrá fin el jolgorio político, con los docentes enarbolados en la tolerada e inaceptable desobediencia, y en la conducción inestable, desactualizada e improductiva de la Educación.