Florencia-Sader

Por Florencia Sáder

Durante las últimas dos semanas los titulares de los diarios del mundo, especialmente los europeos, han sido acaparados por noticias de Grecia. El Primer Ministro griego Alexis Tsipras y su partido el Syriza salieron airosos tras la peligrosa jugada del referéndum express del 5 de julio pasado. La rotunda victoria del “Oxi” (No) dejó a varios de los socios europeos de Grecia en un estado de impaciente irritación, que no parecía afectar demasiado al gobierno heleno.

Como Alexis Zorba, el personaje creado por el escritor Nikos Kazantzakis e inmortalizado en la famosa película de 1964 protagonizada por el actor mexicano Anthony Quinn, los griegos, haciendo gala de una rebeldía no precisamente germana, tuvieron al resto de Europa en vilo. Grecia bailó peligrosamente al borde de una cornisa con la complicidad del 61% de sus ciudadanos, mientras el resto de sus euro-socios la miraban atónitos, unos con una pizca de simpatía como Francia o España y otros con creciente desconfianza e incredulidad. Todo este bailoteo, y este ir y venir incesante de propuestas y contrapropuestas quedó al final como una puesta en escena del gobierno griego, cuando finalmente a fines de la semana pasada, decidieron aceptar una batería de recortes y nuevas cargas fiscales, muy parecidas e incluso más estrictas a los rechazadas en el referéndum por la población.
Viniendo de Uruguay, encontré más similitudes que diferencias entre mis compatriotas y el pueblo griego. En los lugares turísticos la mayoría de ellos habla un inglés pasable, en el cual conversaron conmigo acerca de la peculiar situación que estaban viviendo. Sumidos en una profunda incertidumbre en lo que les deparaba el futuro, pero con una fe rayana a la inconsciencia, este país de sol y mar azul profundo, cuna de la civilización occidental, parecía estar embarcado en una cruzada histórica. A la cabeza un envalentonado novel primer ministro que le hizo creer a sus compatriotas que tenían la posibilidad de negociar duramente con Europa. La realidad era que estaban acorralados, a punto de dar un paso al frente hacia un abismo desconocido.

Compartimos con Grecia el amor por el fútbol y los empleos públicos. La política y la polémica de bar es otra de las pasiones que tenemos en común con los helenos. En mis recientes vacaciones en la paradisíaca isla de Mykonos, bastaba asomarse a los cafés y bares en los que se juntan los locales, para encontrar siempre un grupito debatiendo, café o vasito de ouzo de por medio. La saliente administración de la intendencia de Maldonado parece compartir otra preocupante característica con los líderes de este pueblo milenario: la tendencia a gastar más de lo que recauda y querer vivir de fiado. El tema es que cuando se contraen más compromisos de los que uno es capaz de asumir, tarde o temprano llega la cuenta, y ahí hay que ver quién está todavía sentado en la mesa para levantarla. Pasarse la pelota para que sea otro el encargado del antipático “ajuste” es moneda común entre los gobiernos populistas que gustan tergiversar la realidad para ganarse el favor de sus ciudadanos. En el caso de Grecia el pueblo dijo “No” a más recortes, más ajustes y le dio un voto de confianza a sus líderes políticos, que les hizo creer a algunos ingenuos, que había formulas milagrosas para salir del brete en que ellos mismos y administraciones anteriores los habían metido.
Lamento mucho el estrés y la agonía que tuvo que sufrir el pueblo griego, con estas idas y venidas, bancos cerrados, incertidumbre y falsas expectativas. Mientras tanto “efkaristó polí” (muchas gracias) Grecia por dejarme disfrutar de tus bellezas naturales, tu gastronomía, la hospitalidad de tu gente, tu historia que se respira a cada paso que uno da. Desde este rincón perdido del mundo deseo que tu viaje hacia una nueva era, termine bien para tu gente.

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