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Por Pablo Mieres

La semana pasada Danilo Arbilla terminaba su columna de análisis político en el Semanario Búsqueda cuestionando nuestra propuesta de construir un espacio socialdemócrata indicando que “si la gente está harta de Coca Cola, no te la vas a ganar ofreciéndole Pepsi Cola o viceversa”, vinculando nuestra iniciativa como una continuidad muy similar a la experiencia del Frente Amplio. Tenemos un lógico respeto por Arbilla, a quien consideramos un fino analista de la realidad política nacional, sin embargo su reflexión, a nuestro juicio, incurre en ciertas contradicciones que es necesario destacar.

Nuestra propuesta consiste en generar un espacio político con traducción electoral que permita que los que pensamos igual podamos votar juntos. Esta iniciativa tiene como fundamento dos constataciones empíricas muy evidentes; la primera es que existen sectores de pensamiento político y programático con importantes similitudes en los tres partidos mayores además del propio Partido Independiente y la segunda es que estos sectores han sido, en los últimos tiempos, subordinados o no dominantes en las respectivas formaciones políticas.

A estas dos constataciones sumamos que, a nuestro juicio, es bueno para el país que una opción socialdemócrata tenga la posibilidad efectiva de gobernar. En tal sentido, entendemos por tal, aquella que se sostiene en tres pilares fundamentales: (a) radical adhesión y respeto al funcionamiento democrático, la institucionalidad y el Estado de Derecho, (b) fuerte convicción de que el Estado debe cumplir un papel social de apoyo a los débiles y vulnerables para convertirlos en autoválidos con un concepto promocional de las políticas sociales y (c) la reivindicación de la importancia del funcionamiento del mercado y la competencia para promover el crecimiento y el desarrollo, pero con un rol del Estadoque evite las consecuencias de un libre mercado que por sí solo lleva a potenciar las desigualdades, dejando a muchos por el camino.

Desde nuestro punto de vista, en ninguno de los tres partidos mayores las alternativas hoy dominantes representan las tres referencias señaladas más arriba.

A un lado del tablero político, los sectores cada vez más dominantes en el Frente Amplio promueven una concepción subordinada del valor de la democracia, la que lejos de ser un valor esencial y superior, se supedita al contenido ideológico de los objetivos políticos; a su vez en el campo de las políticas sociales se impulsa y justifica una concepción clientelística y asistencialista de las políticas sociales que está expresamente reconocida por la actual jerarca del MIDES como norte de su accionar político y en el plano económico no tienen problema en impulsar aquellos emprendimientos que valoran como necesarios ideológicamente,con independencia de su viabilidad real, poniendo recursos públicos sin la menor racionalidad que terminan pagando todos los uruguayos, en este sentido el caso de ANCAP y del FONDES nos relevan de mayores pruebas.

Pero en el otro lado del tablero, la mirada liberal y/o conservadora no prioriza debidamente la importancia de las políticas sociales, reivindica una concepción esencialmente represiva frente a los problemas de inseguridad, como si el incremento de las sanciones fuera la “receta mágica” y promueve una ausencia riesgosa del Estado en el funcionamiento de la economía, creyendo en la fórmula exclusiva del funcionamiento del libre mercado.

Arbilla descalifica la opción socialdemócrata, pero al mismo tiempo reconoce que: “en Uruguay todos somos socialdemócratas. Sin ofender: todos somos batllistas, como alguna vez me dijo Wilson”. Es decir que en nuestro país la matriz socialdemócrata está en la esencia de nuestra concepción política.

Sin embargo, luego reconoce que Danilo Astori, a quien sindica como el paradigma de la concepción socialdemócrata en el Frente Amplio, “ha estado en discrepancia con otras fuerzas de la coalición sobre distintos temas y medidas, con posiciones cercanas a las de otros partidos. Sin embargo, siempre perdió. Lo suyo nunca prosperó” y luego agrega una contundente descalificación de su trayectoria acusándolo de arrimar votos para el Frente Amplio desde una perspectiva socialdemócrata que luego siempre ha terminado subordinada por otras concepciones hegemónicas dentro del Frente Amplio.

Entonces, si los uruguayos somos socialdemócratas en su gran mayoría y si en el Frente Amplio los socialdemócratas o moderados (tal como nosotros pensamos) han sido hegemonizados por los otros sectores que no lo son, ¿por qué la promoción de una alternativa de este tipo implica ofrecer más de lo mismo?

Es más, si en nuestro país todos tendemos a coincidir en un ideario común, ¿por qué Arbilla sostiene que la alternativa al cansancio y decepción que produce el Frente Amplio en sectores crecientes de la ciudadanía debe ser una opción de derecha o centro derecha que, sin embargo, él mismo reconoce que la gran mayoría de los uruguayos rechazan?

En fin, lo que nosotros proponemos no ha sido concretado nunca en este país. Las opciones electorales ofrecidas desde hace décadas han sido, o bien partidos heterogéneos con propuestas contradictorias dentro de su propia oferta, o coaliciones también heterogéneas y contradictorias en las que se han sumado alternativas que difieren en aspectos sustanciales.

Una coalición coherente que sustente las tres condiciones programáticas señaladas más arriba con dirigentes y sectores provenientes de todos los cauces partidarios y que sintonicen con las preferencias de la enorme mayoría de los uruguayos, es la alternativa que queremos construir. Después, llámenle Coca Cola o Pepsi Cola o como quieran.

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