“Coletazos”, por Ricardo Garzón

Coronel Gilberto Vázquez: “¿Vamos de vuelta a las manos o no?” Los tupamaros respondieron: “no estamos en ésa, nosotros estamos mirando pa´ delante. Queremos arreglar esta c… que hay en el país; nos vamos al carajo, no estamos para revolver la m… ¡Ya enterramos a los muertos! ¡Ya los lloramos! Con esto no arreglamos nada”. El documentado libro del periodista Álvaro Alfonso, “Encontrando a los desaparecidos”, desnuda “traiciones, delaciones y secretos no revelados”, herencia mal habida de pactos secretos entre el gobierno y la guerrilla, entre militares y tupamaros, y entre militares y gobernantes al más alto nivel. (Léase entorno de las máximas jerarquías políticas, gubernamentales, legislativas, castrenses y judiciales)
“Ahora no quieren cuatro cabezas, se conforman con los huesos; si están los huesos ya está” le dijo el Comandante en Jefe del Ejército al Coronel Gilberto Vázquez. “¡Bárbaro!, exclamó el coronel”. “Después se empieza con los lugares a marcar, se marca… pero no estaban los restos…”
Aquellos polvos trajeron estos lodos, y a 50 años de repudiables sucesos los coletazos que no terminan de darse entre unos y otros empapan, distorsionan y confunden a las generaciones ciudadanas de todos los tiempos.
El cinismo y la mentira campean en toda la república. Se cuenta mal la historia, se distorsiona, desconcierta, y hoy vuelven al tapete bochornosos documentos emparchados y mutilados a conveniencia política, desgajados y maniobrados en altos cargos militares, políticos y de gobierno.
“Precisamente el Coronel Vázquez, semanas previas a las elecciones de 2004, fue invitado por el entonces jefe de Inteligencia, general Pedro Barneix, para una reunión con cabecillas tupamaros, entre los cuales estaba uno de los fundadores de la organización, Julio Marenales”.
Transcurrieron 16 años. El asunto, hoy, trasciende a la pandemia, y los medios de comunicación rebosan de información encubierta. El ocultamiento de expedientes que debieron ver la luz pública en su tiempo y en forma, adquiere sospechoso contubernio. Se fomenta la intriga, se manosea a sabiendas el tema de los ciudadanos desaparecidos, y los principales programas periodísticos del país concluyen en el Gran Bonete: “¿Yo señor? ¡Sí señor! ¿Pues quién lo tiene?”
Las actas de los Tribunales de Honor, “prolijamente” encarpetadas, han sido imágenes de apertura que exhiben los noticieros a la ciudadanía.
Un par de párrafos aparte, adrede, para poner en evidencia, una vez más, que el televidente debe aguardar pacientemente el abuso descarado en que incurren los canales de televisión (sobre todo el 4, 10 y 12). Ellos están subordinados a las multimillonarias pautas publicitarias que otorgan graciosamente los jerarcas de los entes autónomos, oficinas centrales y servicios descentralizados del Poder Ejecutivo, en abierto despilfarro con dinero de la ciudadanía. En resumen, pese a buenas intenciones, no se le ha puesto fin al derroche del Estado.
Una hora y media para alternar hasta el hartazgo y en reiteración las pastillas informativas de la hora, con insoportables 20 minutos consagrados a los espacios publicitarios que alguna vez, y en otros tiempos, quien esto escribe y firma supo ponerles freno.
Fíjense: en primera plana, el miércoles, El Observador informó que durante la gestión de Carolina Cosse en Antel se gastaron 91 millones de dólares en publicidad y propaganda, equivalente al costo del Arena, y casi el doble de lo que desembolsaron los otros dos directorios del Frente Amplio.
Ahora se nos viene un desafuero. No importa cuál. Agregarle preocupaciones a la tarea gubernamental y afectar ex profeso la tranquilidad ciudadana, complementa el griterío de las trescientas ocas de Rubén Darío que anidan en el Palacio Legislativo.
Veamos: no a la ley de urgente consideración; no a las políticas del Ministerio de Economía, aprovechando con insidia la pérdida del salario real en tiempos de pandemia; no a las políticas educativas implementadas por los organismos competentes; no y no, y no a todo. ¿Y el coronavirus? Bien, gracias. A las mentes retorcidas les vino de perillas.
Ayer se sostenía lo que hoy se desaprueba. Palos en la rueda. Palos porque bogas y si no bogas palos, “¿Clemencia para los vencidos?” Pobre Artigas, que colgó ponchos y se mandó a mudar al Paraguay.
¡Bárbaros todos!

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