No le alcanzó, a una ignota candidata sesentista a la Vicepresidencia de la República en 2020 vociferar un discurso de barricada en su primera aparición pública, que tuvo como uno de los varios destinatarios de su imprudencia al presidente de Brasil. No constituye novedad que integrantes del partido de gobierno la hayan emprendido contra Bolsonaro, habida cuenta que, sin oposición a la vista durante todo el quinquenio, una media docena de gobernantes, -que líneas abajo vamos a citar-, no encontraron mejor ocurrencia que tirarle de los bigotes al tigre.
“Compartir esta fórmula, (afirmó la oradora con temeraria imprudencia), supone salir a disputarle a la derecha, en su máxima expresión, las conquistas que hemos trabajado frente a un brutal proyecto neoliberal que empieza con Lacalle y su frontera la tiene en Manini”. Graciosa conclusión que descolocó a Martínez, quien procura un acuerdo de gestión con Lacalle Pou.
No conforme, en un típico discurso de otras épocas felizmente superadas, volcado a la izquierda, la precipitada e inoportuna parlanchina alertó, insensata, por lo que sucede en los países vecinos: “vemos a nuestros hermanos argentinos sufrir y a nuestros hermanos brasileros retroceder”, insistió. Sobre la misma idea, afirmó que en Uruguay “se impone una línea bolsonarista”. Frutilla del postre, porque vale recordar que otros tantos cuantos imprudentes que integran el equipo de gobierno salieron en desbandada a criticar a Bolsonaro pocos días antes de su asunción al cargo.
Veamos: el primero de todos, desmedido y desubicado, imperdonable actitud en un Ministro de Relaciones Exteriores, -nos referimos y acusamos directamente a Rodolfo Nin Novoa-, lanzó al mundo, un día antes de las elecciones en Brasil, que esperaba “que las encuestadoras errasen como han venido errando históricamente”, refiriéndose a los sondeos más que valederos que pronosticaban que Bolsonaro sería el candidato más votado y que accedería por el voto a la Presidencia de la República, como efectivamente ocurrió.
Tabaré Vázquez, entonces, llamó a sosiego y prudencia a sus ministros y legisladores afines. Llegó tarde.
La vicepresidente de la República, Lucía Topolansky, recordemos, (a quien no le cayó bien el desgraciado discurso de la candidata frenteamplista al cargo con Martínez), calificó de “desgracia” la votación de Bolsonaro, y que el resultado electoral “era casi un retorno a lo dictatorial”. Desenfrenada, consideró que Bolsonaro es parte del problema en el que estuvo inmerso Brasil en los últimos años, y aseguró que el candidato no valora el sistema democrático…”
La Ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, no le fue en zaga y depuso una chicana política señalando, sin nombrar a nadie, que en las futuras elecciones uruguayas puede haber un Bolsonaro… Casi adivina, pues, “del brutal proyecto neoliberal que empieza con Lacalle y su frontera la tiene en Manini”. Territorio Apache. John Wayne, Gary Cooper y Randolph Scott.
La Ministra de Turismo, Liliam Kechichian, para no ser menos, lanzó en las redes: “Tremendo Brasil!!! Me duele!!!” “Lo que sucede cuando la política deja de ser limpia y trasparente y cuando la ética se mancha; viene lo peor disfrazado de antisistema”. “Ahora tres semanas para defender la democracia y la libertad”. Punto y aparte.
A cada cerdo le llega su San Martín, y hoy Uruguay ha quedado en el medio de dos países que pretenden devolverle la gobernabilidad y la democracia representativa a un continente que se emborrachó con los espejitos de colores y la corrupción más desenfrenada que se haya visto desde el Río Bravo hasta la Patagonia argentina.
Funcionarios del gobierno, acicateados por los dichos irresponsables de un Canciller insolente, ligero en cascos, en equipaje cultural y en lenguas, se animaron a inmiscuirse en los asuntos internos del Brasil.
Es grave e irreparable que la vicepresidente del Uruguay haya calificado de “desgracia” la votación de Bolsonaro, irreverencia e insensatez que comparte con la candidata a la Vice de Martínez, ambas atrevidas y sin antecedentes en la historia política y diplomática del país.

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