LOS POPULISMOS.  Fernando Savater afirma que “son una reacción ante la miseria desde la ignorancia. Hay un conjunto de factores que se suman: una crisis económica muy severa, promesas políticas incumplidas e ineficacia en la gestión de esa crisis (…) En un entorno así, de forma inmediata surgen los curanderos. Eso es lo que ha pasado, igual que cuando a una persona le diagnostican una enfermedad muy grave y acude al curandero o a Lourdes. Eso es el populismo, el curandero de la política que, ante problemas reales, plantea soluciones ilusorias que nacen y anidan en la ignorancia.”

Para Pablo Iglesias “La línea de fractura opone ahora a los que, como nosotros, defienden la democracia (…) y a los que están del lado de las elites, de los bancos, del mercado; están los de abajo, y los de arriba (…) una elite, y la mayoría”. Un boliviano, próximo al presidente Evo Morales asegura que “el sistema no tiene miedo de la izquierda sino que tiene miedo el pueblo” (…) “Nosotros decimos: Somos el pueblo”. El camino, entonces, no es el de reagrupar a la izquierda sino constituir el “Frente del pueblo”.

Sí. Hay populismos de izquierda y populismos de derecha. El populismo de derecha incluye una “resignificación de la violencia política, el relativismo democrático y la reacción contra la aspiración igualitaria, de reconocimiento identitario y avances en derechos. (…) Los que llevan las camisas negras, operadores con poder real, “los mercados”, los empresarios de la minería y el agronegocio, los “industriales de la fe” y una parte considerable del oligopolio mediático están poniendo todo su capital disponible para que gane Bolsonaro” explica Sebastián Valdomir, en La Diaria.

DILEMAS DE ‘FIERRO’. El capitán de la reserva Jair Messias Bolsonaro, es presentado como un outsider de la política ​aunque actualmente cumple su séptimo mandato en la Cámara de Diputados, ingresó en 1991. Sus hijos varones viven todos de cargos políticos. Pretende deslindarse absolutamente de la corrupción, pero la mitad de lo que gastó en la campaña de 2014 lo puso la empresa JBS1. Sólo entre 2010 y 2014 el patrimonio del diputado Bolsonaro creció más del 150 %. En estos últimos años adquirió, entre otras propiedades, dos casas en la Barra da Tijuca, Río de Janeiro. Está acusado de corrupción, pero esas causas no caminan en la justicia ni son motivo de mucha preocupación pública. ¿Cómo se construye ese relato donde la realidad es deformada de tal forma que Bolsonaro no es un ‘político’, sino un honesto ciudadano? ¿Cómo se convence a tanta gente que no afectará sus vidas un gobierno fascista? ¿Cómo logran asordinar los gritos que claman “¡Él, no! ¡Él, nunca, ¡Él, jamás!”?

POPULISMOS Y PROGRESISMOS.Para la izquierda socialista no es fácil ganar elecciones. Su prédica está sitiada por poderosos enemigos: la derecha conservadora, las organizaciones empresariales, la oligarquía, el mundo de las finanzas, el de las comunicaciones, parte importante del poder judicial… Además hay que competir en el marco de leyes y constituciones diseñadas para impedir cambios en el sentido que propone. ¿Se puede lograr el arraigo popular, el apoyo suficiente para acceder al gobierno? No es fácil, pero se pudo.

Para ganar elecciones ¿hay que hacer un discurso (sostener un relato decimos ahora) donde algunas cosas no se dicen con claridad y otras sí, por la necesidad de juntar votos? Para juntar muchos votos, dicen que sí. ¿Hay que correrse al centro, neutralizar los temores de las clases medias, disfrazarse un poco? Hacer eso, es buscar un atajo hacia el gobierno. Como dice el bolero “que las rondas no son buenas” y los atajos menos.

Primero dejamos de ser izquierda socialista para ser izquierda ‘progresista’ cualquiera sea el ignoto significado que eso tenga. Cuando se accede al gobierno, toda medida que signifique un cambio en el sentido de dignificar la vida de las masas excluidas es tachada de ‘populista’. Porque alguien lo paga, claro. La disputa por la hegemonía cultural implicaría cuestionar el papel de la educación y los medios. Cuestionar el papel de los medios significa poner en tela de juicio la propiedad concentrada de prensa, radios, TV y nuevas tecnología. Pecado capital, claro. Cuando se logra conformar una cultura del trabajo y los derechos suficientemente fuerte como para cuestionar la hegemonía de la cultura del capital la lucha de las clases adquiere otra dimensión. Otro significado. Un empate de hegemonías implica sociedades partidas al medio entre izquierdas y derechas; distantes y distintas. Duramente confrontadas.

En el gobierno, las izquierdas socialistas son atacadas con todas las baterías y sus líderes seducidos por todas las tentaciones del poder. Los gobiernos progresistas (no anticapitalistas) están limitados severamente por sus compromisos de moderación y respeto por el statu quo. Los cambios no satisfacen las expectativas de sus bases sociales. En los sectores más pobres la lealtad parece más firme, pero las clases medias altas no quieren justicia social ni igualdades, quieren ser clase alta… o por lo menos disfrutar de sus pautas de consumo.

Renovadores y conservadores suelen tener demasiadas cosas en común. Aceptar poco o mucho la lógica del capital, pactar en algunos aspectos, -con la inversión extranjera por ejemplo- conlleva renunciamientos sin vuelta atrás. En un mundo de fronteras éticas poco claras, prosperan políticos de mala muerte y de peores vidas. No es lo mismo no saber, no poder o no querer. A veces las izquierdas no saben lo que hacer o hasta dónde ir. Otras la realidad impide llegar a los niveles de igualdad y justicia social a los que se aspiran, porque no hay acumulación de fuerzas suficiente. Pero triste es cuando quienes se creyeron de izquierda, no quieren transitar más por el camino del desprendimiento personal. No les resulta suficiente aportar su granito de arena a la tarea colectiva. Sienten que se les va la vida y las ‘oportunidades’…  Si su proyecto personal se contrapone con el interés colectivo aflora el personalismo más descarnado. Ejemplos, varios.

EL DOMINIO DE LA OPINION. Un grupo importante de la Justicia, los grandes conglomerados hegemónicos de comunicación, el mercado financiero y parte significativa del gran empresariado, actúan en política de forma desembozada en algunos países, de forma más disimulada en otros, pero actúan de manera concertada y motivados por el temor y el odio hacia las izquierdas. Que en eso se resume su amor por el dinero. El odio y el miedo prosperan cuando se extiende el desamor.

Es así, hoy. “La extrema derecha salió del closet y puede hacer circular libremente su odio”2

 

1En julio de 2016las investigaciones en la Operación Lava Jato, por pagos de sobornos involucraron la JBS a Eduardo Cunha. En marzo de 2017, JBS fue denunciada por vender carne adulterada. En 17 de mayo de 2017, en el ámbito de la Operación Lava Jato, el principal de la firma entregó una grabación con un diálogo con el presidente Michel Temer:acordaban comprarel silencio de Eduardo Cunha, que había sido detenido en aquella operación.

2Esther Solano, autora de “El odio como política”.