Columna de opinión: “Engatusados”, por Ricardo Garzón

Pésimos salarios y peores jubilaciones; incontenible desempleo, un millón de ciudadanos en tres en línea creciente de pobreza e indigencia, y diferencias políticas cada vez más acentuadas en la dirigencia frenteamplista, con un presidente de la república prisionero de esos movimientos, conforman el accionar que va mutilando las raíces podridas y nauseabundas de un partido político sustentado en la mentira y en la deshonra sostenida de las instituciones. Ante la pasividad nacional, legislativa en su dispendio y despilfarro, y también judicial, han atacado y vencido fraudulentamente a la Constitución; le doblaron la mano, y en su nombre han acomodado e interpretado las leyes a gusto y antojo. La presunta “oposición”, brillante por omisión y por su ausencia, cómoda en pesos, no solamente acompaña el derroche sino que participa directamente del derroche.El partido gobernante ha facilitado la destrucción de la Enseñanza. Derrotado por los sindicatos docentes, en nombre de una falaz y tendenciosa autonomía, alentó con su actitud la deserción estudiantil que implícitamente aparejó fomentar a sabiendas la vagancia. Se quedó quieto, inmóvil, cuando fue desobedecido el decreto de esencialidad que hacía a la no interrupción de las clases en Primaria, Secundaria y Universidad del Trabajo. Desde que está el Frente Amplio en el poder la Educación es un relajo.Después vino la noche y el despiporre. La ignorancia ha formado y fortalecido el sustento y su sistema, y la disminución de la calidad docente ha sido el arma poderosa y de combate diario que ha impuesto la incultura y el oscurantismo. La decepción es enorme. Tan inmensa como el incumplimiento de todas y cada una de las promesas preelectorales que embaucaron a una población que renegó de los partidos tradicionales, y que emigró hacia el Frente Amplio en procura del aire fresco de renovación republicana, convencida de rumbear hacia la tierra prometida.La desilusión, el desencanto, fue ganando a quienes condescendieron con el voto. La esperanza de un buen gobierno dejó paso a este chasco, a esta burla entronizada, verdadero vodevil en todos los órdenes de la vida nacional.Quienes renegaron, con razones fundadas del Partido Nacional y del Partido Colorado, cruzaron inocentemente y sin pagar el Aqueronte en la barca de Caronte. Se colaron. En la mitología griega los infractores debían vagar cien años por las riberas del río…Hoy, en nuestro país, pretenden la vuelta del Infierno con la cabeza gacha y a lomos de un ex Presidente de 83 años que debió interrumpir su noble y vigorosa ancianidad, para resucitar con contagiosa energía el Partido Colorado. Estos gobernantes del Frente han sido peores que aquellos. Incomparablemente, inconmensurablemente peores. Además, son resentidos. Están llenos de complejos, y son intransigentes.Gobernaron y legislaron obcecados, sin otro norte que atacar a la clase media, socializando para abajo, empobreciendo a la gente, en tanto el elefante de la oligarquía, el hipopótamo de la burguesía y el rinoceronte de la burocracia del Estado, se les escaparon delante de sus narices, alargadas por la mentira diaria e incompetencia perenne.Fomentaron el ocio ciudadano, y no encontraron mejor remedio para los habitantes de los asentamientos que regalarles unos pocos pesos por mes, en tanto campea el hambre en las clases populares, en los niños de escuela, y en las decenas de miles de niños que no van a la escuela.Podemos contarlo. Obligamos a Caronte a transportarnos de regreso al mundo de los vivos, como Orfeo, Cerbero y Psique.Perdimos lastimosamente otros cinco años de nuestras vidas embaucados por las promesas de Vázquez, -moderno flautista de Hamelin-, todo un zapallo de la carroza de la Cenicienta, acompañado de ratones que pretendieron exhibirse como caballos nervudos, y que terminaron su periplo como la liebre de madera que corre inalcanzable en la carrera de galgos.Volvemos a las fuentes, desencantados, aunque con la pluma bien afilada y punzante, para exigirles al Partido Nacional y al Partido Colorado un buen gobierno. Para conminarlos a todos, en ejercicio de impostergable conciliación, a que nos devuelvan el estado de bienestar general perdido en las últimas décadas. Los uruguayos vuelven dispuestos a que se escuche la voz del pueblo. A que se fomente el trabajo, y no el ocio; el estudio, y no la vagancia. A que vuelvan el pan y el café con leche a la mesa nacional, y a que se interprete debidamente que los más infelices deben ser los más privilegiados.Ricardo Garzón