En mayo de 2012 la revista de la Cámara de Industrias del Uruguay publicó: “… el Director Ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), Ernesto Talvi, advirtió que Uruguay desaprovechó la exuberancia económica de los últimos años para mejorar su capacidad de producir y es vulnerable ante un recrudecimiento de la crisis europea por su déficit fiscal estructural de 6,1% y el financiamiento del gasto privado. El economista se basó en datos históricos para anunciar que ante un contexto más adverso se observará “una reversión muy severa en los flujos de capitales” que arriban al país y otros emergentes, lo que “inevitablemente” afectaría la actividad económica y traería una fuerte devaluación, pero sin una crisis bancaria ni de deuda.”

Dicen los que saben que el Dr. Talvi ostenta el record de pronósticos fallidos, pero eso no es obstáculo para que sus opiniones sean consideradas dentro de las “relevantes”. No es el único caso de ‘equivocado serial’ que me viene a la mente.

Más atrás en el tiempo –a las puertas de una crisis terrible-La República (17 de agosto de 2000) recoge sus opiniones. “…considero muy importante proceder con rapidez a la apertura de los mercados de servicios públicos, que son un gran imán para atraer capitales productivos al país. Uruguay es el país con los más bajos niveles de inversión extranjera directa en América Latina. Es mucho mejor que las empresas internacionales vengan a instalarse al país que nuestra gente vaya a trabajar en ellas fuera de fronteras”.Hasta donde se conoce el economista no ha cambiado sus convicciones de siempre. No trae nada nuevo al Partido Colorado ni al sistema político.

En aquellos años proponía: “Hay que pasar raya y decir aquí empezamos de nuevo, afirmando con énfasis: tenemos un compromiso político con la apertura de los servicios públicos, por lo tanto aquí están los nuevos marcos regulatorios para las telecomunicaciones, la electricidad, los combustibles y el gas ya aprobados por el Poder Ejecutivo, necesarios para hacer operativos los nuevos marcos. Hay que dar una dirección para atender consultas de los interesados en operar en el país en cualquiera de estos sectores”. La idea de vender los bienes para aliviar los males no es novedosa, ni lo son sus consecuencias. La historia reciente de nuestras doloridas repúblicas es la de las traiciones permanentes a los intereses nacionales y populares.

En aquella oportunidad Ernesto Talvi dijo también: “Mi optimismo radica en que veo con claridad nuestro enorme potencial si aprovechamos la oportunidad para remover los obstáculos que han trancado por tanto tiempo a la inversión productiva. Pero las oportunidades hay que aprovecharlas. Todavía estamos a tiempo, pero no tenemos tiempo que perder”.1

Su candidatura es menos que testimonial, pero en el supuesto que la derecha acceda al gobierno es verosímil pensar que ocupe algún lugar importante en el equipo de gobierno de la restauración conservadora. En el Mercosur y en la región toda, las derechas se han radicalizado. Vienen dispuestas a desmontar los sistemas de protección social. Los sectores sociales amenazados directamente por ese futuro no parecen percibir con claridad la amenaza. Las izquierdas parecen ciegas y sordas ante la realidad de un ‘descontento’ provocado por expectativas insatisfechas tanto de las clases medias altas (por derecha), como de los sectores más lúcidos del movimiento popular (por izquierda). No es fácil avizorar hasta dónde será exitosa la campaña de cada candidato conservador. O si la suma de todos ellos alcanza para derrotar un ‘progresismo’ inmerso en contradicciones y empantanado en sus propias dudas y vacilaciones.

En el desértico panorama político colorado, Talvi aportará poco más que un puñadito de arena a partir de su imagen de intelectual y técnico “serio”. A pesar de sus errores, claro.

1 Fuente: La República.

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