Se dice fácil. Cuando el discurso opositor viene de la socialdemocracia uno se cuestiona ¿de qué signo es el gobierno del Frente Amplio? Candidato a la presidencia, Pablo Mieres es senador, abogado, sociólogo y profesor. No le faltan credenciales ni le duelen prendas para afirmar que “Nos duele el Uruguay de hoy, que en algunas cosas es irreconocible. Nos duele que aumentó la brecha de la desigualdad en el acceso a la educación y la inseguridad creciente que hace que la gente viva sin la calidad de vida que tenía históricamente. Nos duele la pérdida de puestos de trabajo y que muchos jóvenes crean que el camino para salir adelante no es la educación sino otro” Sabe bien que la desigualdad, medida por el índice Gini, como se hace en todo el mundo muestra notorios progresos en el Uruguay de los últimos gobiernos de `izquierda´. Nuestro país tiene notorias desigualdades, disimuladas quizá por el entorno salvaje de un continente campeón mundial de la inequidad; no es consuelo, claro. Pero al ‘centro político’ le duele el aumento de la desigualdad en el acceso a la educación que, en realidad, viene mejorando desde los 90. La inseguridad real, virtual y/o ‘estado del alma’ de moda es un problema grave; de nuestra época, agravado por el sistema de ‘valores’ capitalista. El mismísimo Rudolph William Louis «Rudy» Giuliani III dijo que Uruguay está mejor que los otros países de la región en materia de seguridad.

La “calidad de vida” es un concepto difícil de manejar fuera de su marco histórico de referencia. ¿Se puede comparar la calidad de vida en el mundo del hiperconsumismo individualista con la de los austeros 50 o 60? Las clases medias de antes no son como las de ahora, ni la pobreza es la misma, ni la sociedad es igual. Estas cosas las sabe bien el sociólogo Mieres. Pero su discurso es funcional a su relato. Como sabe bien que la pérdida de puestos de trabajo en relación a años particularmente buenos, por situaciones en gran parte externas a nuestras políticas, es parte de los ciclos naturales del sistema. No le importa comparar la forma que navegó Uruguay las crisis, del 2008 para acá. No le importa porque no le sirve.

Así, se permite afirmaciones desafiantes: “es imprescindible un cambio político en el país, porque estamos hartos de los acomodos y del clientelismo”. Y no le faltan razones aunque le funcionen mal las proporciones y  su ideología no le permita ver la realidad con perspectiva histórica. ¡Los acomodos y el clientelismo llegaron a Nuestra América con las carabelas de Colón! Si Pablo. Llegaron hace más de 500 años y se van con el capitalismo (o con él se quedan para siempre).

Minué de números.“La Cepal redujo a cerca de un 2% la previsión de crecimiento para Uruguay en 2018, estimada en un 3% en abril, debido al “crecimiento desigual de los distintos sectores” que impulsaron la expansión ininterrumpida del país en los últimos 15 años.” (El País, 24 /08/18). Si consideramos que el propio diario El País informaba un año antes que “Cepal ahora prevé que Uruguay crezca más: estima que será 3%. Hasta ahora tenía una previsión de crecimiento de 2%, pero hoy se divulgaron las nuevas estimaciones” (03/08/17). La danza de los números, cobra nuevos significados. Conclusiones tan relativas como los pronósticos y el cristal con que se mira resulta determinante. Recordemos además que “La CEPAL mantuvo su proyección de crecimiento para América Latina y el Caribe en 1,1% en 2017 tras dos años de contracción.”

Legal y legítimo. Efectivamente “la división de izquierda y derecha no sirve para explicar todo” como dijo CFK en el Foro Mundial del Pensamiento Crítico. Pero sin entender la dinámica de esa controversia es muy difícil entender el mundo tal cual es. En el marco de la legalidad vigente Macri preside Argentina, Piñera Chile y Duarte Colombia. La legitimidad de cada gobierno es otra cosa. ¿Qué legitima a un presidente? ¿Cumplir sus promesas electorales? ¿El propio proceso electoral? ¿Responder democráticamente a los intereses de las mayorías? ¿El acto electoral es cheque en blanco y patente de corso?

Efectivamente el neoliberalismo “busca crear nuevos sentidos comunes” basados en la meritocracia y el individualismo, para enfrentar a “los espacios progresistas que han pivoteado históricamente en la idea de la igualdad de oportunidades”.(CFK)

Más allá de las sensaciones de cada uno y según el PNUD, el valor del Índice de Desarrollo Humano (IDH) para Uruguay en 2017 fue 0,804. Estamos dentro de la categoría de muy alto desarrollo humano y en la posición 55 de los 189 países y territorios considerados. Entre 1990 y 2017, el valor del IDH de Uruguay aumentó de 0,692 a 0,804, un 16,2%. Cuando este valor se ajusta por desigualdad, el IDH cae a 0,689, una pérdida del 14,3%. El IDH se construye con educación, salud, ingresos y expectativa de vida. Pero “naturalmente” hay una notoria desigualdad en la distribución del desarrollo humano. Hablamos de promedios, de estadísticas, estimaciones y no vidas humanas en concreto. La pérdida media debido a la desigualdad en los países de América Latina y el Caribe es de 21,8%. Reitero: en Uruguay 14,3%. Son números sí, pero nos dicen cosas.

En resumen: Uruguay ocupa el lugar 55 en el IDH (0.804), su esperanza de vida es 77.6 años, los años de estudio ‘previstos’ son 15.9 pero los cursados, en promedio, sólo alcanzan a 8.7. Veamos un cuadro que muestra la evolución del IDH en diversos años.

1990     2000     2010     2012     2014     2015     2016     2017

0.692    0.742    0.773    0.790    0.801    0.800    0.802    0.804

No quiero aburrir ni abrumar con más cifras. En materia de educación no podemos darnos por satisfechos, pero los recursos son condición necesaria para mejorar. Los gobiernos anteriores al Frente Amplio asignaban menos de un 3% del PBI a la educación. PBI que en 2005 no llegó a U$S 10.000 millones. A partir de aquel año, por sucesivos incrementos, pasamos a más del 5% de un PBI de 60 mil millones de dólares. ¿Por qué la educación no rinde lo esperado? Vale la pena discutirlo pero, como adelanto: ‘el mercado’ no tiene las respuestas.

La agenda de la izquierda sigue atendiendo los mismos temas, fundamentales para amplios sectores de la población. Aunque una minoría, que siente amenazados sus privilegios reacciona mal y los niveles de insatisfacción de gran parte de la población con el gobierno y la izquierda sean muy elevados, la agenda es esa. La derecha puede prometer cualquier cosa que se le reclame, pero la izquierda no puede mentir.

 

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