El viernes 20 de julio Primera Hora tituló: “Mall ‘San José Plaza’: declaración de Interés Departamental dependerá de contraprestación”. El título despertó mi curiosidad, claro. Aunque no por el uso de una expresión en inglés, un Shopping Mall es simplemente un Centro Comercial. Más bien me chocó la idea que pudiera ser de ‘interés departamental’ o que esa categorización pudiera depender de alguna ‘prestación’ por parte de la empresa inversora.

Según la información que consigna el diario local, la iniciativa del Intendente José Luis Falero ingresó a la Junta Departamental  el lunes 16 y se fundamenta en que se trata de “una actividad de relevancia para la generación de fuentes de trabajo debido a la inversión en obras que se realizará”.

La inversión sería de unos 12 millones de dólares. El edificio, ubicado en Herrera y Rivera,  tendrá tres pisos, para“un supermercado, salas de cine, plaza de comidas, y entre 30 y 40 locales comerciales”.

El matutino informa que “La comisión ve con buenos ojos que la firma haga un aporte, considerando que la declaración de Interés Departamental la exonerará del pago de tributos”. Parece que incluso maneja posibles contraprestaciones. Se asegura que “en la Comisión de Obras y Servicios Públicos se da por hecho que la declaración de Interés Departamental va a estar ligada a que se concrete esa contrapartida”.

Aclaro, porque corresponde, que no estudié la propuesta de ordenamiento territorial para San José de Mayo que se está elaborando. Entiendo que el territorio se ‘ordena’ en función de algún proyecto de futuro. Supongo que estaremos hablando de impulsar un ‘proceso de desarrollo local’ que está explicitado en alguna parte. A ese proyecto se llega mediante la planificación estratégica y democrática o lo deciden las fuerzas de los mercados actuando ‘libremente’. Con la lógica del poder que otorga el dinero, por supuesto. Veo sí que, en esto de los modelos de desarrollo que se impulsan, algún papel juega la Escuela de Gobernanza que impulsa el gobierno departamental.

En sí mismo el crecimiento de la economía no constituye desarrollo. Y el desarrollo local se puede encarar desde ópticas diferentes, cuestión de matices… o distancias considerables por los objetivos que se persiguen. Metas que no siempre se explicitan de forma honesta y clara. A grandes rasgos se contraponen las ideas de quienes ponen los procesos al servicio de la reproducción del capital y hacen de la rentabilidad, el productivismo y la libertad -en y de- los mercados, el desiderátum; con las convicciones de quienes defendemos los derechos humanos, la libertad basada en la igualdad, la justicia social y la democracia real. Producir para satisfacer las necesidades humanas es muy diferente a producir para ganar plata.

En oportunidades anteriores me he referido a los espacios públicos y su importancia para la convivencia. Espacios cuya propiedad puede ser privada empresarial, social como cooperativas, clubes, asociaciones… Y/o pública; por lo tanto municipal, departamental, estatal…

Los grandes centros comerciales son espacios de uso público y propiedad privada, con exclusivos fines de lucro por más que se les barnice con ‘responsabilidad social empresarial’. Espacios donde se desarrolla una cultura del consumo con pretensiones elitistas, donde el acceso puede ser restringido por portación de cara o por aspecto ‘inadecuado’.

Un emprendimiento como el que estamos considerando tiene un impacto en el territorio importante. Su construcción genera puestos de trabajo, así como su funcionamiento requiere de vendedores/as, cuidadoras/es, limpiadores/as y también gerentas/es y otros puestos mejor remunerados, pero pocos… Estamos hablando de bastante mano de obra barata. Hay que considerar entonces el impacto en la actividad comercial instalada en su zona de influencia, la potencialidad de afectar emprendimientos familiares y puestos de trabajo, muchos puestos de trabajo. Con 12 millones de dólares nos van a ‘ordenar’ la ciudad… a gusto y paladar de quienes impulsan y defienden este emprendimiento por las razones que sean. Por eso hay también quienes vemos con preocupación cómo los ‘inversores’ deciden por todos a su conveniencia. No estamos en contra de toda inversión ni de todo emprendimiento, sólo pedimos precaución y transparencia.

También reclamamos una fundamentación seria de las razones por las que el ‘Mall’ pretende beneficios fiscales especiales. Se trata de un sector de la economía de altísima rentabilidad, de inversión que ya estaba decidida y no se entiende por qué, ahora, es necesario promoverla.

Lo de reclamar una contrapartida parece poco serio. Si hay que poner un resguardo a quienes deben tomar un bus en alguna parte, o es conveniente levantar un muro en un predio público, por la razón que sea, la Intendencia debe hacerlo; para eso se recauda, entre otros tributos, la contribución inmobiliaria. Contribución inmobiliaria que en el caso que motiva estas líneas debe ser un monto importante. Supongo yo.

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