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La presentación de la propuesta de Rendición de Cuentas del gobierno pone en evidencia la falta de iniciativa para abordar los asuntos de fondo que nuestro país tiene por delante. Ratifica con contundencia la ausencia de agenda que afecta a este gobierno y demuestra, una vez más, que su único objetivo es llegar al final del período sin haber abordado ninguna de las profundas transformaciones que nuestro país necesita.

Hemos dicho reiteradamente que este es un gobierno sin agenda, sin propuestas y sin impulso. Es expresión directa de un Frente Amplio agotado y dividido. En todo caso, podríamos señalar que las únicas apuestas que parecen estar en la cabeza de la conducción gubernamental son la concreción de la inversión de UPM para construir una nueva planta de celulosa y la iniciativa para controlar el consumo de alcohol.

La primera no depende en gran medida del gobierno sino de la propia decisión de la empresa inversora y la segunda parece ser una apuesta muy acotada y, además, polémica, como para llenar cinco años de gobierno.

Es cierto que la propuesta de Rendición de Cuentas reconoce las restricciones presupuestales y señala la preocupación por tendencias de aumento del gasto público que no se logran detener ni controlar. En tal sentido, debe decirse, al menos, que no se trata de una Rendición de Cuentas que dispara en forma irresponsable el gasto, pero tampoco encara iniciativas relevantes para revertir estas tendencias.

La propuesta de Rendición de Cuentas pone, además, arriba de la mesa la delicada situación de nuestra hacienda pública. El desequilibrio del gasto público que no logra revertirse a pesar del ajuste fiscal implementado el año pasado y el aumento del endeudamiento del Estado que tiende a incrementarse peligrosamente.

Estas determinantes tienen causas profundas que no se encaran y, entonces, se opta por la solución inmediatista y de corto plazo, es decir aumentar un poco más el gasto mediante un nuevo incremento de impuestos.

En definitiva, la opción es “irla llevando”, quizás esperando que nuevamente sople el viento de cola de todos estos años.

La opción “cortita” de volver a aumentar impuestos nos parece profundamente equivocada. Particularmente nos parece un grave error el aumento de la inconveniente tasa consular que, dicho sea de paso, debió haberse derogado en años anteriores.

En efecto, el aumento de la tasa consular es contradictorio con uno de los principales objetivos de nuestro país que es el incremento de la apertura comercial al mundo.

La tasa consular levanta barreras comerciales para nuestros socios, tanto en la región como en el mundo. No hay duda de que generará conflicto y eventuales acciones en espejo de parte de nuestros socios regionales pero además aumentará obstáculos para avanzar en acuerdos bi o multilaterales de libre comercio con países de fuera de la región.

Esto sin incluir que, además, implicará aumento de precios en los bienes importados que no son sólo, ni exclusivamente, bienes suntuarios. El incremento de la tasa consular impactará en el precio de electrodomésticos y vehículos automotores, pero además impactará en bienes mucho más cercanos a la canasta familiar como la yerba mate, la vestimenta o las frutas y verduras importadas.

En definitiva, una opción equivocada que genera algunos nuevos recursos para ofrecer aumentos en ciertas áreas del Estado. Pero esos incrementos presupuestales no están asociados a ningún cambio sustantivo de las políticas públicas.

En efecto, se anuncia que la mayor parte de los incrementos de recursos se aplicarán a la educación, pero al mismo tiempo se insiste en sostener una política educativa sin reformas, continuista y decadente. Por lo tanto, tal como viene ocurriendo desde que el Frente Amplio asumió el gobierno, se aumentan los recursos aplicados a la educación pero no se producen mejoras, ni siquiera mínimas, en los resultados educativos.

Somos de los que creemos necesario incrementar el gasto educativo, pero estas decisiones deben estar directamente asociadas a un proyecto transformador y profundo de nuestra educación. Nada de esto está ocurriendo.

Pero, además, este gobierno esquiva impulsar las otras reformas imprescindibles para el futuro del país.

Ya de la reforma del Estado este gobierno ni siquiera está hablando, salió definitivamente de la agenda gubernamental. Tampoco está en la agenda ni siquiera la reforma de las empresas públicas, que parece urgente frente a situaciones tan graves como lo ocurrido con la gestión de ANCAP.

Y, además, la imprescindible y urgente apuesta de apertura comercial al mundo se obstaculiza, justamente, con el mencionado aumento de la tasa consular propuesto en esta Rendición de Cuentas.

En definitiva, un gobierno que “hace la plancha” dejando de lado todas las reformas urgentes e imprescindibles para el país. Ni reforma educativa, ni reforma del Estado, ni reforma de las empresas públicas, ni una ofensiva definida para la apertura comercial. Nada de nada, sólo llegar al final. Sólo una propuesta de Rendición de Cuentas para “seguir de largo”.

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