Con la esperanza de tener algún día amigos lectores y llegar a conocerlos, sigo dejando que los dedos sobre el teclado adivinen las palabras que estoy buscando. Antes se escribía ‘a vuelo de pluma’, pero todo cambió; demasiado rápido.

I

Con las cartas vistas, sería lógico que los uruguayos tratásemos por todos los medios de evitar transitar el camino de los argentinos, donde “son pésimos los niveles de confianza en los políticos, el Congreso, la Justicia y los empresarios. Cerca del 90 por ciento desconfía de todos ellos.”(Pág. 12)

Porque cuando los ricos llegan al gobierno casi nunca es por patriotas sino para tomar la posta de forma directa, para hacer más y mejores negocios. Para hacerse más ricos. En 2015 el odio de la clase media al gobierno kirchnerista la llevó a elegir un gobierno de clase alta. ¿Por qué la clase media pasó del apoyo, a la oposición al “progresismo” de manera tan radical? En realidad ¿qué herencia dejaron Néstor y Cristina?

Según el diario argentino Perfil, a poco de asumir, el nuevo gobierno publicó un informe de cómo encontró el Estado. En él se señala a las administraciones kirchneristas por “corrupción, ineficacia y utilización de los fondos públicos con fines políticos”. Se afirma que hubo “malversación de caudales públicos, mala gestión y clientelismo en las principales carteras que manejaron los Kirchner”. Que en materia económica, la producción industrial cayó todos los meses entre 2013 y 2015 y que las decisiones se tomaron a espaldas del Congreso. “Se construyó un Estado que gastaba al servicio de los intereses políticos y sin control de los poderes de la República”, afirma el informe. En dos años, “las exportaciones cayeron un 25% como consecuencia del cepo cambiario”. Se afirma que al final de 2015 el déficit de la economía era 5,5% y la inflación acumulada fue del 700% en diez años. Según Macri“La falta de profesionalismo respecto a la deuda pública permitió a los fondos buitres obtener beneficios a costa de los argentinos”.

Hoy parece claro que el gran empresariado argentino se benefició del menemismo, como antes de la dictadura. En el marco de una época de excelentes precios para las materias primas que produce y exporta la región, hubo un intento de tomar parte de esa extraordinaria renta y repartirla en el conjunto de la sociedad. Eso bastó para generar un fuerte enfrentamiento con “el campo” (grandes productores y exportadores). También hay que tomar nota que el reparto de ‘algunos excedentes’ alcanzó para solucionar el endeudamiento del país y mejorar el nivel de vida de la población.  Pero como el propio presidente Macri señaló: “debemos madurar como sociedad y no vivir por encima de nuestras posibilidades”. Un gran empresario a cargo del gobierno.

II

El domingo, antes de sentarme a redondear esta nota, hice algunos mandados. En uno de los comercios el cliente conversaba con el dueño, joven y laburador. – ¡Hay que pasar por la esquina esa de calle Colón! Se refería a El Refugio del Mides donde todos los días, al caer la tarde, se juntan los usuarios a esperar que abran las puertas. Allí se bañan, cenan y duermen. La imagen no es linda, duele ver las condiciones de vida de esas personas. Si supone el lector que la crítica iba para reclamar el amparo de todo el día, hogares para quienes no los tienen, de puertas abiertas 24 horas por día, se equivoca. En el relato que escucho todos los días, en demasiados lugares, es que esa es plata mal gastada en gente que no se lo merece. – Trabajé toda la vida y me jubilé con diez mil setecientos pesos. Se lamenta el vecino y afirma que ‘esa gente’ será jubilada mejor que él. El comerciante asiente convencido: “es un desastre”concluyen. Aunque de ropa entiendo poco, me pareció que tenía puesto bastante más de un mes de esa jubilación. Domingo de mañana, claro. El problema es de qué nos indignamos y qué realidades desconocemos. Las clases medias están descontentas, en medio de una realidad que cada vez ofrece más posibilidades pero que no se reparten bien. La mayoría de las familias están mejor que hace 20 años, aunque no lo perciban de esa forma.

Me contaba un amigo, hombre vinculado al campo de toda la vida. “Conozco productores que ordeñan, con la familia, 50-60 vacas; están fenómeno. Otros son los que viven en el pueblo, pagan un peón y van en la camioneta al tambo un rato todos los días. No están tan bien, para eso no da. Otros arriesgaron mucho: uno arrendó un campo para que no se lo ‘agarrara’ el vecino, paga U$S 600 de renta por hectárea y por año. Le va mal porque la lechería no puede pagar más de 150”.

III

El sábado tuve la posibilidad de escuchar a los precandidatos del FA que estuvieron en la Coordinación Nacional de Casa Grande, en Montevideo. Oscar Andrade (el Boca), con lenguaje claro y sencillo, propio de alguien acostumbrado a las asambleas obreras, señaló lo poco que se difunde que se exonere de impuestos la importación de pelotitas de golf o el amueblamiento para el nuevo estudio de Don Ignacio De Posadas. Y se preguntó por qué somos tan miserables con la gente pobre. Recordó que el 50% de los discapacitados son pobres. Que en un país que produce alimentos para 30:000.000 vivimos menos de cuatro y hay niños mal alimentados. Con absoluta lucidez de clase advirtió que, por donde vamos “la derecha nos gana la cabeza, el alma y… las elecciones”.

El “Boca” que convoca a un debate “ético-político”, explica con impecable didáctica: Si todos los habitantes del planeta consumieran de acuerdo a lo que es ‘la media’ en los EE.UU., se necesitaría los recursos de varios mundos. Los actuales patrones de consumo no son sostenibles. Querer lo que no se necesita debería dar vergüenza, pero en la sociedad actual ‘somos’ lo que tenemos. Hay que debatir sobre la necesidad de más salud, más vivienda, más educación… Después vemos lo de los impuestos.

Ernesto Murro aportó algunos datos muy interesantes. Acomodar la situación de los ‘cincuentones’ se calcula que tendrá un costo de 2000 millones de dólares ¡en 50 años! Eso es los que nos cuesta el déficit de la Caja Militar en menos de 4. Daniel Martínez lo complementó: para erradicar los asentamientos se necesita una cifra similar (U$S 2.000:000.000). Si se pudiera echar mano de los espacios urbanos desocupados sería mucho menos. Pero está, en el medio, el derecho a la propiedad privada y sus infinitos amparos legales. Carolina Cosse aportó su mirada desde la tecnología y la planificación. Una mujer exitosa en la administración pública, la Ministra de industrias fue presidenta de ANTEL y buena parte del éxito de esa empresa pública se ve asociada a su gestión. En total, dos ingenieros, un maestro, un obrero de la construcción. Cualquiera, puesto junto a otro candidato o candidata de otro partido sale bien parado…

Las gremiales empresariales presionan, amenazan, advierten que si no se toman medidas –las que defienden- se viene la debacle. Los empresarios reclaman por lo que llaman “competitividad” y que consideran condición indispensable para tener “rentabilidad”.

La competitividad, en teoría, depende de poder ofrecer productos y/o servicios “mejores y más baratos”. Se suele usar la expresión pérdida de competitividad para describir una situación de aumento de los costos de producción que afecta negativamente el margen de beneficio. Si la competencia invierte, innova, ofrece a los mercados mejor y más barato, también se pierde “competitividad”, claro.

Pero hablando en plata ‘el costo del estado’ para la CCE está en las políticas de salud, vivienda, educación, protección social destinadas a los sectores que no pueden ‘pagar’ por ellas. Políticas, insuficientes todavía, destinadas al sector que tiene el más alto índice de necesidades básicas insatisfechas, responsable por el nacimiento de la mitad de los niños y niñas en Uruguay. También los ‘altos costos salariales’ que provienen de la negociación colectiva y los consejos de salarios son un obstáculo para la ‘rentabilidad’ y la ‘competitividad’.

De esas cosas se habló el sábado con Andrade, Cosse, Murro y Martínez. De esas cosas se seguirá hablando a lo largo de toda la campaña política. En eso estamos, junto a nuestros lectores.

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