Con la cúpula del movimiento sindical a vuelo de trapecio y en concubinato con el poder político, concretamente con el Frente Amplio, no alcanza ya con el pasaje horizontal de dirigentes desde el Pit Cnt al Palacio Legislativo en un cambio de figuritas, sino que también se aspira a ocupar por el voto la Presidencia de la República.
Exhibe el país la vergonzosa cifra de un millón de personas en línea de pobreza, con sueldos y jubilaciones que no llegan a los 20 mil pesos mensuales, sin que vele adecuadamente por esa población trabajadora la cúpula sindical que debiera representarlos, más empeñada en cambio a recordar los mártires de Chicago. En sintonía con el gobierno frenteamplista camandulean preocupaciones inexistentes, amenazando con dinamitar la  república si por esas casualidades la corriente neoliberal se instala por el voto en el Poder Ejecutivo. Eso y no otra cosa quiere decir la velada amenaza de Pereira: “al neoliberalismo lo vamos a enfrentar desde el primer día”…
Han consolidado en quince años de gobierno frenteamplista una poderosa maquinaria, a todas luces afín al Poder Ejecutivo.
Postergados desde el principio de los tiempos los derechos de los trabajadores, recuerdan para la galería y la tribuna a los mártires de Chicago, sin tener en cuenta el martirio diario de las familias uruguayas a las que no les alcanzan míseros sueldos ni jubilaciones para llegar a fin de mes. 
Suman también centenares de miles los pasivos que sobreviven como pueden, comiendo salteado y mal, cuando no a costo y gasto de familiares empobrecidos, sin perjuicio de otros tantos cientos de miles abandonados a su suerte.
El partido subyacente, gobierno-sindicatos, lo perdió el presidente Vázquez, sin medir consecuencias, el mismo día que dispuso -mal asesorado y con arrebato improcedente- la esencialidad en los servicios educativos públicos del país. Fue enfrentado e inmediatamente desoído, desobedecido y derrotado por las gremiales docentes de toda la república, y dio forzada marcha atrás.
De allí en más el Poder Ejecutivo fue perdiendo paulatinamente autoridad, sin mayores exigencias al respecto por parte de la cúpula del movimiento sindical que lo aguardó sentado, beneficiado de los errores de conducción gubernamental en un país en que pierde terreno diario la pisada del presidente de la república.
Atemorizado por el abucheo que se merece, -jugando irresponsable a los soldaditos de plomo-, se ha recluido en domicilio, al punto que trasladó a la Plaza Independencia las celebraciones por el “Día del Ejército” que tradicionalmente tenían lugar en el Complejo Deportivo del Ejército Nacional. 
Sus grandes carencias y falencias, las del presidente y estado mayor del Pit Cnt, quedaron de manifiesto en la tragicómica conmemorativa del primero de mayo, mal denominado “Día de los Trabajadores”, que nos retrotrajo a los años 50 y 60 del siglo pasado.
Entre otras, desempolvó el movimiento sindical las desflecadas banderas que entonces esgrimió contra el imperialismo yanqui cuando la Unión Soviética aplastó Hungría, y al alarido de “yanquis go home”, y al estridente grito y muletilla: “¡obreros y estudiantes, unidos adelante!”, avanzaron sobre el siglo XXI con una educación regresiva, carenciada y de terror en todos los ámbitos de la docencia. A tal punto, que hoy resulta insignificante e incomprensible que sobreviva en esta segunda década del siglo un Ministerio de Educación que en asuntos de política educativa ha demostrado fehacientemente y con hechos que no sirve para nada. (Dicho y escrito por el firmante quién, aparte de su condición de periodista, se desempeñó como Director de Difusión en el Ministerio de Educación y Cultura).
Otra muletilla, repetida a coro: “más escuelas y menos cárceles”, constituye un punto de vista insostenible. ¡No señores! ¡Más escuelas y más cárceles! ¿Hay que explicárselos?
Los trabajadores de todos los niveles cada vez ganan menos. Se los comen los impuestos al trabajo, directos e indirectos, y no pueden asumir el desbordado costo de vida que aflige al país, en un instante primaveral en que han florecido las instituciones de crédito que ofrecen plata a la gente para llegar a fin de mes.
La mayoría de la población, acogotada en gravámenes y desesperada por el despilfarro público incontenible, tiene enormes dificultades para comer y hacer frente al pago mensual de las tarifas de la luz, agua, transporte y teléfonos. Esto nunca ocurrió en la vida nacional, ni siquiera cuando se dio el jolgorio de blancos y colorados en los años 60, ya muerto Herrera, y con Batlle aposentado en cuarteles de invierno.
Deambula sin horizonte una juventud perdida y descreída, generación desviada hacia la holgazanería en el barrio, carne apetecible para  ingresar en los brazos siempre abiertos del narcotráfico. Baste reiterar que la deserción estudiantil registra altos índices desde el tercer año escolar. Estamos hablando y escribiendo de niños de siete años de edad que van directamente a la calle.
El Presidente de la República ha compartido por la vía de los hechos y a la chita callando su mandato con la dirección del movimiento sindical que, pese a su fuerza combativa, no ha podido lograr soluciones medianamente aceptables para los trabajadores hambreados, ni tampoco se advierte haya sido apto para encaminar negociaciones que deriven en mantener fábricas abiertas.
El movimiento sindical y el poder político desvían la atención general cuando reclaman con énfasis y en letanía un porcentaje hasta hoy inalcanzable del PBI para la educación, puesto sobre la mesa de discusiones el sexo de los ángeles, estupidez con la cual se distrae a la gente acerca de si llegará o no al 6% ese casquivano porcentaje.
 
Ricardo Garzón

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