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Por el Cr. Ricardo Puglia

El Consejo de Adultos Mayores que se reúne asiduamente representa el más rancio conservadurismo por el que transita el Uruguay y hace parte de la idiosincrasia de una población añosa, combativa a los cambios y a la globalización imperante en el mundo.

Los ejemplos abundan en este tercer gobierno del FA donde las segundas partes nunca fueron buenas. Olvidan trabajar por el bienestar nacional en forma pujante y dar oportunidad a incrementar la riqueza nacional que asegure el porvenir y la esperanza a las nuevas generaciones.

La formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de los estudiantes, la cultura y las normas de convivencia democrática de la sociedad se encuentran en caída libre, sin solución ni cambios que reviertan esta adversa tendencia.

La seguridad pública tiene que asegurar a los ciudadanos convivir en armonía, cada uno respetando los derechos individuales del otro y al gobierno corresponde ser el garante y el máximo responsable a la hora de evitar las alteraciones del orden social. Sin embargo, ocho de cada diez uruguayos tiene una percepción negativa de la seguridad pública, mientras que solo una de cada diez personas la valora como positiva.

La salud enfrenta obstáculos sin solucionar como la acción de grupos de interés – asociaciones profesionales, sindicatos de trabajadores, empresas de salud o el complejo comercial e industrial de la tecnología médica a la que pertenece el presidente- y la incapacidad de gestión de ASSE a través de la adecuación de los sistemas de información y las reingenierías administrativas.

El comercio exterior y la diplomacia valora más aquellos países de ideologías afines con el gobierno como Venezuela y Cuba (pésimos cumplidores de sus obligaciones financieras) que aquellos países, bloques o mercados consustanciados con el desarrollo productivo nacional y dispuestos a mantener sus economías abiertas para alcanzar la excelencia productiva y la tecnológica de avanzada.

En materia económica hasta una senadora del MPP, (integrante de la coalición de gobierno), reconoció que el ministro de Economía “como que exageró” al hablar sobre la situación económica del país y que dio una “sensación de retroceso”. Sin dudas, el retroceso existe vista la pésima gestión de los recursos económicos recaudados por la alta presión fiscal donde el IRPF se transformó en el segundo impuesto más importante después del IVA. En 2014, el IRPF representó el 14,5% de la recaudación total mientras que el impuesto a la renta de las actividades económicas (IRAE) fue tan sólo del 11,8%.

Uruguay vivió una bonanza económica única durante los últimos diez años y las autoridades no fueron capaces de parar de mal gastar y endeudar a todos nosotros internacionalmente. El presupuesto quinquenal a estudio del Parlamente confirma una vez más el desequilibrio de las cuentas públicas y la desaceleración de la economía que está llevando día a día al desamparo de las familias a la través de la desocupación y los bajos ingresos.

Es hora de revisar lo actuado y cambiar. Vamos mal por este camino. El gasto público debe ajustarse a la nueva realidad nacional e internacional, el mayor endeudamiento externo sólo debe ser aceptable cuando proponga financiar proyectos de infraestructura pública e inversiones que aseguren su repago a largo plazo.

Necesitamos urgente pensar y comprometernos en el desarrollo de un país Productivo y Competitivo Exportador (PCE). Tenemos miles de recursos entre tierra, minerales, plataforma oceánica y fluvial que a través de nuevos proyectos pueden incorporar nuevo valor agregado.

El desarrollo PCE debe estar basado en la confianza y un pilar elemental es la eficaz administración de los recursos públicos sin incurrir en manejos poco transparentes como ANCAP, ALUR y PLUNA.

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