votoPor David Rabinovich (*)

En las elecciones internas del domingo pasado algunos resultados sorprendieron. Hay datos que resultan significativos y otros que no son “trasladables” al resto del proceso que transitaremos en los próximos meses. Habrá un octubre, que definirá la conformación del parlamento. Con mucha probabilidad en noviembre se elegirá presidente (Lacalle o Vázquez) y en mayo de 2015 se votarán intendentes, ediles, alcaldes… Esto recién empieza.

Sin interés en participar. La jornada del domingo estuvo signada por una baja participación, que además viene en descenso un período tras otro. Más del 60% de los habilitados eligió no pronunciarse. Esta realidad ha merecido comentarios preocupados de los dirigentes en los diferentes partidos. Danilo Astori propuso como solución “que sean obligatorias”. Pero si el problema es el desinterés ¿de qué sirve obligar a la gente a concurrir?

Me parece más razonable que todo el proceso sea de participación voluntaria, como en tantos países. Porque le llamamos Democracia a muchas cosas distintas, vaya como ejemplo la española, donde acaba de abdicar el rey y pronto asumirá su hijo. A nadie parece ocurrírsele pensar que los reinos no son democracias. Sí se señala como problema y grave amenaza, la posibilidad de reelegir a los presidentes por varios períodos, mientras conserven el respaldo popular.

La gente que no concurrió al llamado de las urnas lo hizo por los más variados motivos. Algunos, quizá, sienten que nada cambiará en sus vidas cualquiera que resulte candidato o candidata de este o aquel partido. No falta quien piense que el mundo está gobernado por las grandes corporaciones y cada país por un reducido grupo de familias. Algunos consideran que eso no va a cambiar, que no vale la pena ni siquiera hacer el intento.

Los indignados. Pero hay gente preocupada, porque no le gusta algún aspecto (o muchos) de la realidad que vive. Esos son, entre otros, los protagonistas de las grandes olas de protesta y rebeldía que sacuden el mundo. En algunos casos de allí surgen mejores niveles de conciencia y organizaciones políticas que realmente buscan cambios. Son los que renunciaron a la resignación, que tantas veces es una cómoda disculpa.

No creo que la gente cambie de opinión -salvo por hechos puntuales particularmente significativos- de una semana para la otra. Los resultados de las internas del 1º de junio se fueron decantando a lo largo de los meses y en algún aspecto son procesos que llevan años.

En Uruguay todavía no estamos `indignados´ quizá porque en los últimos años se registraron significativas mejoras en muchas áreas de la economía y de la sociedad. Sin embargo, hay insatisfacciones y mal humor; estados de ánimo que no son estáticos y van evolucionando en algún sentido.

En los países donde hay fuertes procesos de cambios los conflictos se agudizan. Donde no los hay, las personas se impacientan primero y se indignan después.

Los de afuera también juegan. Informaciones reservadas, que se hicieron públicas gracias a Julian Assange y Edward Snowdwn, nos alertan sobre los millones de dólares que el gobierno de los Estados Unidos transfiere, a través de diversos programas de apoyo a “la democracia” y que financian las campañas de las derechas en Latinoamérica y las insurrecciones y golpes de estado en cualquier lugar del planeta, cuando son funcionales a sus intereses.

En las democracias modernas las campañas se hacen en los grandes medios y hay que tener plata, mucha plata, para ello. O ser dueño de los medios claro. Pero, a pesar de todas las dificultades surgen movimientos, partidos, líderes anti sistema. También reverdece la derecha en sus versiones edulcoradas, con sus discursos de ‘Paz y amor’ o la más virulenta, xenófoba y fascista con la violencia como método de desestabilizar gobiernos progresistas.

Renovarse es vivir. Entre los que votaron parece prevalecer un espíritu renovador. Cuánto tiene de conservador el uruguayo que no participó en esta instancia, lo sabremos en octubre.

El cambio que se nos propone es pasar de un presidente austero y nada preocupado por las formas (un ‘groncho’ inteligente y muy culto, por decirlo pronto y mal) por un joven de ‘buena familia’ (¿un pituco con aires de aristócrata?) La otra posibilidad es pasar de ese viejo canchero, que supo captar la admiración del mundo, a otro veterano, que ya fue presidente, y se retiró con el mayor nivel de apoyo que recuerde. La juventud ¿todo lo puede?

Las internas del Frente y el Partido Nacional mostraron cambios importantes. Las encuestadoras pasaron vergüenza y las cúpulas partidarias recibieron un llamado de atención muy claro. Si no se abren las puertas de los partidos a una mayor participación, si no se escucha más y mejor a la sociedad, van a quedar en la mayor de las soledades.

No se puede volver al tiempo de los blancos en las cuchillas con Saravia al frente, ni a la izquierda fermental del 72, mucho menos al Batllismo de avanzada.

Populares e independientes. Hay dos partidos pequeños que, en octubre, pueden dejar de ser testimoniales para convertirse, desde el parlamento, en la llave de muchas decisiones importantes. La Unidad Popular, que sacó más votos que el Partido Independiente, puede también incorporarse a la Cámara Baja.

En el Frente Amplio. La figura de Raúl Sendic (h) salió muy fortalecida de las internas y reclama la vicepresidencia. Por ahora las dirigencias partidarias, que apoyaron prácticamente in totum a Tabaré Vázquez, responden con rezongos a las nuevas realidades.

Una parte muy importante de esas realidades nuevas, es la votación obtenida por Constanza Moreira. “La candidatura de Constanza ha convocado a viejos militantes que aspiran a ver reflejada en la práctica política diaria los principios fundacionales del Frente Amplio. Y los ha reunido con generaciones más jóvenes, sensibles a los desafíos de una sociedad que cambió en aspectos sustanciales.

Antes, las aspiraciones de cambios profundos tenían en la economía una base de sustentación casi excluyente. Aquel Frente era anti oligárquico y anti imperialista. Ahora la mirada de las nuevas generaciones destaca una nueva Agenda de Derechos que amplía las perspectivas. Pero hay tareas pendientes, que siguen pendientes.”1 Y la gran tarea pendiente parece ser – luego de la muy buena votación obtenida ya que en Montevideo Constanza sacó más votos que Pedro -, conformar un espacio que permita ganar una bancada fuerte, que aporte una cuota de renovación a la Izquierda y una visión refrescada al nuevo gobierno que, muy posiblemente, encabece Tabaré Vázquez.

 

1 Del mensaje enviado por el grupo que apoyó a Constanza Moreira en San José.

(*) Presidente de OPI (Organización de la Prensa del Interior)

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