“Cuidado con las tentaciones”, por Danilo Arbilla

Empezó con mal pie Gerardo Sotelo.
Algunas previas, a mi entender:
Es ridículo hablar de censura
El FA va a caerle por cualquier motivo.
Los “medios públicos” no deberían existir
Una cuarta cosa, Sotelo en aras de conseguir sus propósitos en SeCan debería renunciar a su candidatura municipal. Sería una señal muy fuerte. Fortalecería su imagen. A la vez privaría al Frente de un argumento fácil, que de alguna forma afectaría lo que Sotelo haga o pueda hacer en SeCan de aquí a setiembre, y que además sería usado en la propia campaña electoral.
La izquierda no le va a aflojar. Sotelo no rehúye a la pelea y es lo que el FA quiere, mientras tanto lo distrae.
Sotelo en Canal 5 y las radios; no es lo ideal para la izquierda: se trata de un profesional con una reconocida trayectoria, que no es un improvisado y además un duro; con mano firme para ordenar y reencaminar semejante aparato, del cual se ha abusado tanto.
Pero Sotelo se las dio un poco en bandeja con su circular a los coordinadores: ¡censura! clamaron.
¿Censura? Desde cuando establecer un orden de trabajo y jerarquías en una redacción es censurar. Es lo que ocurre en cualquier parte del mundo: hay un jefe de información, un secretario de redacción o un editor, al que hay que consultar, informar lo que se tiene o lo que se va a trabajar y a quien se somete lo hecho para que resuelva el destino final en función de múltiples factores: importancia de la noticia y espacio básicamente. Cabe además que determinados temas tengan que ser consultados con la dirección.
Debe existir ese mando y esa verticalidad respecto al manejo periodístico de la información. Los periodistas profesionales lo saben.
Pienso que para Sotelo le hubiera sido más fácil reunir a los coordinadores y decirles que desde ahora se iba a hacer periodismo profesional en serio y dejar que los zapallos se fueran acomodando en el carro. Y en ese acomodarse realizar los cambios que sean necesarios y al mismo tiempo delinear una conducta y marcar el estilo que este es el que vale; porque de muy poco sirven tantos manuales que andan por ahí, siempre violados. O los defensores de los lectores o las comisiones técnicas asesoras e independientes. Todos a la postre, dependen del que los designa.
Pero Sotelo la complicó aún más con una ambiciosa “guía” para regir una especie de Frigonal o Amdet de la comunicación. De una casuística tal que indica cómo debe moverse el profesional en cada momento y circunstancia. Paso por paso. ¿Preverlo todo? Las noticias son sorpresivas y tan variadas.
Para la guía se han estudiado casos como el de la BBC de Londres – que funciona en sociedad muy distinta- y entre otras la RTV española. Creo que un mal ejemplo: nada más “chaquetero”; cambian los gobiernos y cambian los conductores, la programación y pasa al servicio del nuevo patrón político. Además, España nunca es buen ejemplo: durante años en los manuales de estilo de prácticamente todos los medios españoles se aceptaba no difundir manifiestos o declaraciones de la “banda terrorista” (léase ETA) para no hacerle propaganda, pero esos mismos medios daban amplia información sobre lo que decían las FARC de Colombia: “porque hay que dar todas las campanas”.
Creo que la guía embarulla mucho. Y tiene algunas cosas bien graves; se habla de la información veraz (que dice la verdad). Y cuál es la verdad. ¿Quién lo decide? ¿Quién es el dueño?. Durante muchas décadas se ha combatido el llamado “derecho a la información veraz” por ser uno de los argumentos más sofisticados para regular la prensa y la información. El Comité Mundial para la Libertad de prensa en el año 2000 lo incluyó como una de las nuevas formas para restringir la prensa. El entonces presidente venezolano, Rafael Caldera, ya mayor y mal aconsejado, además de indultar a Chávez, en una reunión interamericana (Isla Margarita, 1997) intentó imponer a nivel continental “el derecho a la información veraz”. Fracasó, pero contó con el entusiasta apoyo de Fidel Castro y Alberto Fujimori. También se habla en la guía de servicio de interés público y repetidamente del interés público. La información no es un servicio de interés público (los taxímetros sí) sino que es un derecho individual. Cada ciudadano es quien decide cuál es su interés y lo hace eligiendo cómo informarse sin que nadie pretenda ser “su garantía”. Y menos desde el estado y el poder político.
Cuidado con las tentaciones totalitarias. Que es una de las razones de por qué los medios públicos no deben existir. Otra razón válida aquí en Uruguay y unos cuántos más, es que no llegan a casi nadie, pero como están financiando por el Estado, no les importan los resultados. Por ello también deberían de eliminarse. Además, se está alimentando una posibilidad, muy lejana, pero en la cual Sotelo cree, de competir con éxito con los medios privados. Pero en una competencia muy desleal. ¿Y qué pasa si los medios privados no pueden sostenerse y no pueden competir con uno que está financiado por los impuestos y una buena tajada de la publicidad oficial? El ciudadano, como está ocurriendo en muchos lugares, quedaría en manos del conglomerado público que le sirve de “garantía”, sabe cuál es el “interés público” y se encarga de darle la “información veraz”.
Es lo que yo veo en la guía y creo que Sotelo, en su afán de dar garantías, no vio esas derivaciones. Pero están ahí.
Sotelo no tiene necesidad de andar probando tantas cosas. Eso trae confusiones. Creo que él debe echar a andar el carro. Y también creo que, aún con las salvedades, es un excelente profesional para llevar esas riendas.