“De calvos y pelados”, por Ricardo Garzón

“El ministro está despeinado a pesar de que no tiene un pelo”, satirizó José Olivera, presidente de la Fenapes, exhibiendo a su vez refulgente calvicie

Le sobran razones al ministro de Educación, cuando en reciente entrevista afirmó que “se sabe que la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria, FENAPES, no constituye parte de la solución sino del problema en la enseñanza”.
Efectivamente, a través de las décadas, desde su fundación, se constituyó con la tristemente célebre Gremial de Profesores en uno de los principales problemas que debió enfrentar el país, gremio levantisco que cerró filas con los sectores más intransigentes y recalcitrantes del PIT CNT.
Memoriosos y supérstites recuerdan los episodios violentos protagonizados en las jornadas aciagas de fines de los años 60, jornadas subversivas que tuvieron en vilo a toda la nación; que alentaron las protestas estudiantiles del porque sí, y que ampararon y promovieron las ocupaciones de los centros de enseñanza en todo el país.
“¡Obreros y estudiantes, unidos y adelante!” fue grito de guerra, consigna de las marchas estudiantiles y enfrentamientos callejeros con la policía.
Hoy, no les alcanzó con las insuficiencias y carencias educativas ocasionadas por la pandemia, enfermedad que redujo a su mínima expresión el año escolar 2021, y que confinó en sus hogares a centenares de miles de estudiantes.
Tras cartón, el sindicato docente decreta paro por 24 horas sin que se le mueva un músculo, ya que no un pelo. Perjudican a los estudiantes, y a caballo de una mal entendida autonomía, pretenden cargos de dirección política en la Educación, cuando en rigor lo que se busca es la prevalencia de los sindicatos, sospechosos, a la luz de una historia desgraciada, de jaquear a la autoridad constituida, léase gobierno de la república.
Cabe concluir que maestros y profesores han sido correctamente apartados de la conducción de la Enseñanza. Se ha impuesto en el gobierno de coalición el criterio de que los institutos de formación docente, escuelas y liceos de todo el país deben reformularse a la luz de las exigencias educativas de la hora. Se impone encarar a profundidad, y en los lugares más recónditos del territorio la transformación digital, clave para lograr la recuperación económica, y base del sistema educativo de cara a los próximos años.
El gobierno de coalición ha tenido en cuenta que la Educación es necesaria para el ejercicio de la ciudadanía, y de vital importancia para aquellos pueblos que, como el nuestro, han adoptado el sistema Democrático, Republicano y Representativo de gobierno.
Entre sus anunciados cometidos, y por la vía del referéndum, Uruguay tiene la posibilidad de ratificar, 150 años después, el concepto de Escuela Pública para transitar hacia el conocimiento de los adelantos contemporáneos, a su acceso, y a desprenderse de aquellas asignaturas cuya instrucción y dictado fue superado por los tiempos.
Los docentes militantes que revistan en los consejos desconcentrados de la Educación han sido históricamente responsables del desquicio.
Baste recordar que los años 60 constituyeron el punto de partida de la labor devastadora de la aludida gremial de profesores, corporación desgraciada que cobijó a socialistas, comunistas y tupamaros. Estos promovieron y fomentaron las ocupaciones de liceos, los contracursos, las revueltas y las marchas callejeras de sostenida protesta estudiantil, violencia física y resistencia sindical, con directores de liceos que fueron tomados de rehenes por estudiantes y civiles ajenos a la Educación para garantizar la impunidad de los revoltosos, temerosos de la represión policial. Al día de hoy, suman centenares de miles los estudiantes desertores de todos los grados, en situación consolidada y creciente de pobreza, -sobre todo escolares y liceales de hogares carenciados-, a la luz también del desempleo creciente, sueldos y jubilaciones miserables, violencia territorial, falta de oportunidades, y tentación de plata fácil obtenida del narcotráfico.
Es tal el desquicio, que una muy mal aplicada autonomía, desvirtuada en el universo estudiantil, docente y sindical constituye el fracaso, medido en décadas perdidas, a nivel de la Enseñanza Primaria, Secundaria y Universidad del Trabajo del Uruguay.
Sin embargo, resulta saludable advertir que la coalición haya puesto sus ojos sobre la Educación, aguardándose que la población, a través del referéndum, consolide y convalide la decisión del gobierno.
Un par de párrafos más para precisar que José Olivera, presidente de la Fenapes, respondió a la declaración del ministro Da Silveira, quien juzgó que ese sindicato “es parte del problema y no de la solución”.
“El ministro de Educación está despeinado a pesar de que no tiene pelo” ironizó Olivera, arbitrio que no evade el peso del complejo si tenemos en cuenta la lustrosa calvicie que adorna la cabeza del dirigente sindical.