El edil nacionalista Alexandro Infante cuestionó el pasado martes en el legislativo comunal actitudes adoptadas por integrantes del movimiento feminista, a quienes acusó de violencia y de tener vínculos con el Partido Comunista, a algunos de cuyos antiguos líderes acusó de machistas y “homofóbicos”. Por lo demás, consideró que tanto estos grupos violentistas como el actual gobierno parecen empeñados en imponer una dictadura silenciosa al tiempo que corroen los valores “judeocristianos” de la sociedad nacional.
“En primer término queremos condenar los hechos vandálicos ocurridos contra la Iglesia del Cordón, en Montevideo, en ocasión de la marcha feminista del 8 de marzo pasado”, indicó. “También queremos condenar un nuevo ataque de similares características ocurrido ayer (lunes 23 de abril) contra otra institución de la Iglesia Católica en Montevideo, en la zona de Arroyo Seco. Estos hechos van a ser denunciados penalmente por la Iglesia ‒o fueron denunciados‒ en el día de hoy. El primero ‒por lo menos‒, en su momento, fue condenado por la Institución Nacional de Derechos Humanos, aunque con una declaración bastante liviana sobre el tema”, añadió.
Después de hacer proyectar imágenes que demostraban las agresiones, Infante manifestó su deseo de no quedarse “con la simple condena a estos grupos radicales, pseudofeministas, sí terroristas, que para nada representan las legítimas reivindicaciones de la infinita mayoría de las mujeres homosexuales y transexuales que conviven, por suerte, en igualdad de derechos en nuestra sociedad. La primera pregunta que nos hacemos es si hay algo más detrás de estas minorías feministas y radicales, ya que su accionar es sistemático e idéntico en cuanta marcha se realice en cualquier parte del mundo”, refirió.

Historia macabra
El legislador dijo que “la primera conclusión salta a la vista ‒además nos confunde un poco‒: estos grupos pertenecen a la izquierda y son de origen comunista. Esto no es ningún descubrimiento, lo dijo la propia senadora Constanza Moreira, cuando expresó: ‘Si sos feminista y no sos de izquierda, no tenés estrategia y si sos de izquierda y no sos feminista, no tenés profundidad'”.
“A primera vista resulta inentendible que quienes reclaman por las reivindicaciones de la mujer, de los homosexuales y de los transexuales respondan a una doctrina comunista que, justamente, no les dio lugar alguno en la sociedad mientras gobernaron la mitad del mundo hasta hace veinticinco años. Que alguien de acá se anime a nombrarme a alguna mujer destacada en el bloque soviético, en el bloque chino o en la dictadura de Fidel Castro. Es más, a los homosexuales se los mandaba al campo de concentración y en el gran bloque chino comunista a los homosexuales, hasta el año 1997, se los castraba. Hasta el año 1997, no hace quinientos años; hasta el año 1997”, historió. “Y en la Cuba comunista, un declarado homofóbico como el “Che” Guevara los mandaba a campos de concentración. Por lo tanto, ver a estos grupos feministas pidiendo reivindicaciones bajo la bandera comunista es como ver a los judíos manifestarse en contra del Holocausto envueltos en una bandera nazi, más o menos”, agregó.

Ideología de género
El edil también enumeró el contenido de varias pintadas que se han visto recientemente y que parecen “no tener explicación”. Por ejemplo: “Mata a tu padre, a tu novio, a tu hermano”, “Lesbianas, muerte al macho”, “Yo aborté, me gustó”, “Ante la duda, tú la viuda”. “Esto responde a lo que llaman ideología de género y tenemos que analizar cuál es el origen y cuál es el fin de esta ideología extremista, radical y terrorista”, preludió. “Es importante para esto ir atrás en el tiempo y entender que el comunismo, en el año 1992, perdió la batalla contra el capitalismo y la Unión Soviética se disolvió, se desparramó el Muro de Berlín, el comunismo cayó. Para la derecha el comunismo había desaparecido, era historia, hasta se escribieron libros haciendo referencia a la muerte del comunismo; sin embargo, los ideólogos de izquierda entendieron que había que seguir la revolución, pero esta vez no con balas contra los ejércitos, sino una nueva revolución, que es una revolución cultural. Porque la izquierda es el paradigma del conflicto, no existe cambio social sin conflicto, porque la izquierda no tiene nada para decir si no hay conflicto”, señaló.
“Ya lo decía Karl Marx: ‘No queremos entender el mundo, sino cambiarlo. Y para cambiarlo necesitamos del conflicto’. Y aquella predicción de que en el capitalismo al obrero le iba a ir mal, lo que iba a ser motivo de la revolución comunista en Occidente, fracasó. Al obrero le fue bien en el sistema capitalista, el obrero ahora tiene cosas que perder, más que sus cadenas, porque tiene el auto, tiene la televisión, tiene su casa, tiene su familia y tiene futuro, por lo tanto la lucha de clases fracasó, el discurso de la lucha de clases fracasó porque el obrero no quiere saber más nada con eso. Por esa razón debieron conseguir un nuevo bastión de reivindicación y se cambia la lucha de clases por la lucha de género, por la ideología de género, que va a terminar en una lucha de sexos”, afirmó.
“Es la familia, justamente, la que educa al ciudadano, es la familia la red de contención y es eso lo que esta nueva revolución cultural nos está imponiendo: la destrucción de la familia y nuestras tradiciones. Porque la familia es un freno para la revolución comunista y en Uruguay, en nuestra sociedad occidental y más en nuestro Uruguay, se educa bajo valores judeocristianos, aunque no participemos de la religión. Yo personalmente no soy religioso, pero sí tengo y tenemos todos acá, seguramente, valores cristianos, porque es una tradición milenaria de nuestros pueblos y estos valores son notablemente contrarios a la ideología comunista. Los valores judeocristianos y tradicionales de nuestra educación son notablemente contrarios a la ideología comunista. Por lo tanto hay que destruirlos, hay que destruirlos”, aseveró.
A estas alturas un edil le espetó que “Marx era judío”. “Sí, en realidad decía que ‘la religión era el opio de los pueblos’”, replicó Infante.
Acto seguido dijo que ha quedado en evidencia “claramente que las protestas, los insultos, los escraches, los atentados de estos grupos, de estos pequeños grupos radicales de izquierda, se realizan en el mundo capitalista y neoliberal contra las instituciones más representativas de este sistema, sobre todo contra la Iglesia Católica, y no se manifiestan, por ejemplo, frente a una mezquita o frente a la Embajada de Irán, donde sí las mujeres y los homosexuales son tratados y reprimidos como seres inferiores. No, porque en el fondo no les interesa, no es el fin de su causa defender los derechos de las mujeres y de los homosexuales, sino que les interesa destruir la unidad familiar con el objetivo de crear lo que llaman el nuevo orden mundial. Seguramente, cumplidos sus objetivos, luego castigarán y ubicarán en su lugar a esta gente que están usando para esta revolución, porque no caben en la agenda comunista y en la ideología comunista los homosexuales y las reivindicaciones de las mujeres”, señaló.

Instalada
Después de citar casos de censura en la China comunista, Infante indicó que está “demostrado que la revolución cultural iniciada a través de estos grupos radicales terroristas está instalada en nuestro país y que tiene como objetivo la destrucción de los valores de nuestras tradiciones familiares. Pero más preocupante aún es que cuentan con la complicidad del Estado para imponer, no frente a la ley sino a través de la ley, este concepto de ideología de género. Y poco a poco se está instalando en nuestro país aquella que llaman la dictadura perfecta, que es aquella que no vemos, cuando el Estado comienza a juzgarnos por nuestras palabras o por nuestros pensamientos y corremos el riesgo de ser procesados penalmente por querer hacer uso de nuestras libertades por cometer el delito de opinión bajo el eslogan de crimen de odio, que no es nada más que cada manifestación, gestual, verbal o escrita contra la agenda de género, con la consecuencia de la pérdida de conciencia religiosa, libertad política y discriminatoria, leyes de género y cupos de género, cuando el Estado nos obliga y nos dice a quién tenemos que votar y qué podemos decir y qué no podemos decir, condicionando algo tan espontáneo como el idioma; mientras los políticos de derecha, obsesionados por no perder un voto, por los costos políticos, no ven que estas marchas multitudinarias solo representan a un pequeño grupo que está actuando por esta revolución y permanecen callados, aplaudiendo frases lindas como la reivindicación de derechos de la mujer, los homosexuales, los transexuales”, dijo.
“Pero este planteamiento y esta preocupación la tienen algunos políticos de la vieja izquierda, que se asombran con esto y saben qué es y no lo admiten, y no lo permiten, por ejemplo, la señora Lucía Topolansky, que declara: “Mi temor es que se inicie una guerra de géneros”. Y no lo dije yo, lo dijo la señora Lucía Topolansky. Con esta complicidad del Estado vienen por más. Está a estudio en este momento en el Parlamento un proyecto de ley para el mal llamado cambio de sexo de adolescentes, por el cual, si un adolescente quiere transformarse en un transexual, el Estado lo ayuda, lo subsidia y lo paga con nuestros impuestos, y no importa si la familia está de acuerdo o no; no importa si la familia está de acuerdo o no. Y ahí no van a parar, nos van a pedir que por ley se nos exija llamar a nuestros hijos personas y no niño o niña, o nena o varón”, añadió.
“Lamentablemente hemos dejado avanzar demasiado este virus de la ideología de género; la pérdida de valores, la fermentación social y la creciente ola de inseguridad que padecemos día a día los uruguayos están directamente relacionadas con este accionar en el conflicto social ideado por la izquierda internacional. Por último, existe un punto de equilibrio para la normal convivencia en sociedad y estamos peligrosa y silenciosamente dejándolo pasar. Igualdad, respeto, tolerancia: sí; imposiciones, privilegios, igualitarismos, totalitarismos, avalados por el Estado en beneficio de una ínfima minoría radical: no. A los partidos políticos, a las organizaciones sociales y, sobre todo, a las familias uruguayas: es tiempo de reaccionar”, concluyó.

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