“El descalabro de la Seguridad en Uruguay y un Mapa actual del Narcotráfico en Latinoamérica”, por Fernando Vaccotti*

En Uruguay, el narcotráfico se ha adueñado de la escena de la violencia y la criminalidad en la que vivimos desde hace ya mucho tiempo nos guste admitirlo o no al punto de convertir a la inseguridad en un factor casi estructural de la sociedad actual.
Particularmente desde fines del 2015 se podría hablar de un verdadero descalabro en materia de seguridad pública, ciudadana y en definitiva de Seguridad Humana. Las cifras de delitos especialmente en materia de Homicidios, Rapiñas y Hurtos son escandalosas ( si bien luego de declarada la pandemia en marzo del 2020 por razones que son obvias han descendido en estos dos últimos ítems) para un país que conoció vivir totalmente diferente no hace relativamente mucho tiempo.
El homicidio nuestro de cada día se ha casi que naturalizado al momento del repaso de las noticias, así como algún hecho truculento vinculado a la violencia en un abanico macabro de variables que integran nuestra realidad social.
Pero una cosa ha quedado clara y es que no solamente no se han podido frenar los Homicidios -que han aumentado en algunos períodos comparativos- y sobre todo se ha incrementado la violencia en la comisión de los mismos. Ha salido a la luz un país que tiene dentro a otro paralelo, que está gobernado por las reglas propias del universo del mal, armado, pertrechado, con reglas propias y sistemas de justicia propios marcados por los llamados “ajustes de cuentas”, barrios y zonas de las ciudades controladas por bandas crimínales y en donde la propia policía y algunos servicios públicos y privados han dejado o se restringen de acceder amedrentados por el poder que ejercen estos grupos. Se continúa desarticulando bandas, como el ejemplo de Colonia de manera exitosa, pero otras van a surgir en el corto tiempo.
Las cárceles se volvieron oficinas de la delincuencia que se refleja en las calles y los procedimientos de requisas muy publicitados en la nueva administración no han hecho más que revelar esa característica de un país paralelo que se rige con propias reglas muy alejadas de los valores tradicionales y la cultura que una vez tuvo nuestra sociedad.
Incautaciones de drogas de todo tipo, armas, dinero, equipamiento de telefonía y comunicaciones, vehículos robados y demás han pasado a integrar la realidad de la rutina informativa diaria que ya se ha incorporado a nuestra vida. Los tiroteas y persecuciones son cosa frecuente en el Uruguay de hoy así como un récord de autos y vehículos incendiados luego de haber sido utilizados para diferentes delitos son algo que no sorprende y las compañías aseguradoras manejan cifras verdaderamente sorprendentes en esta materia.
Las estadísticas de reclusos muertos dentro de establecimientos carcelarios sorprenden tanto como los ataques y asesinatos de integrantes de la policía y en algunos casos de las Fuerzas Armadas. Los robos de armamento reglamentario a los agentes de policía son moneda común. Se han atacado unidades policiales y militares hasta con el uso de explosivos al menos en un caso, y asesinado militares en otro con la finalidad primaria de robar armamento que se integra al circuito delincuencial.
Fiscales amenazados, agredidos en plena calle, operativos de extradición de narcos que parecen de película, fugas de narcos de cárceles custodiadas por la policía dibujan un cuadro de situación muy particular par un país que quiere vender tranquilidad y estabilidad.
Prácticamente quedan pocos rubros comerciales que tengan locales que no hayan sido objeto de asaltos a mano armada, con violencia, asesinando o hiriendo a personas normales que trabajan.
La sociedad está bajo bajo ataque y sometida a las consecuencias del descalabro de la seguridad y el imperio de los delincuentes. Hay un enfrentamiento abierto para determinar quién domina las calles.
La pandemia del coronavirus nos ha mantenido en un estado de auto restricción de movimientos y confinado dentro de las residencias al menos durante los primeros dos meses desde marzo potenciado todo además por el gran desempleo que se ha generado y el cambio en las modalidades del trabajo para aquellos que han logrado mantenerlo de alguna manera.
Pero sabemos que a medida que la pandemia pase, dentro de un tiempo cercano, lo único predecible en materia de seguridad es que la misma se deteriore cuando todo tienda a volver a la normalidad como ya está ocurriendo porque el uruguayo mantuvo una relativa disciplina al principio del desarrollo de esta pandemia que ya es evidente no la ha podido sostener en la vida diaria y aquella apelación a la libertad responsable fue más un muy buen intento de no coartar las libertades individuales y generar la idea de que se estaba ante una sociedad que se podía de alguna manera auto regular y enviar un mensaje político de que la situación se podía manejar sin grandes sacrificios colectivos que no implicaran más que cumplir con normas básicas de higiene personal y conducta colectiva. Nada más que eso. Y es claro que era lo correcto y lo más sensato que se podía hacer. El transitar hoy por cualquier zona de la Montevideo o visitar a los balnearios de la costa en el el Este y Oeste los fines de semana revelan hasta qué punto la gente ya se ha relajado en las medidas que al principio nos diferenciaron un poco de otros países y que hoy nos hacen ser uno más dentro de los que experimentan números de contagios a diario y van pasando de alguna manera esta situación.
Luego de un proceso que ha llevado más de tres décadas de actitudes permisivas por parte de las autoridades, los sucesivos gobiernos, y la evidente falta de visión profesional junto a una gran carencia de Inteligencia de Estado o direccionada erróneamente también la evidente participación en actos de delincuencia y corrupción, el Uruguay logró posicionarse de manera importante en la escena de la delincuencia internacional como un país de paso en la ruta de la droga a nivel mundial y de plaza financiera permisiva para las operaciones de estos grupos.
La responsabilidad es compartida, pero existe. Nuestro país ha sido utilizado como santuario de grupos guerrilleros y terroristas de antaño, lo que no es ningún secreto, como el caso de elementos de la ETA, de la OLP y hasta de los sobrevivientes de la Facción Roja del Ejército Alemán también conocida como Baaden Meinhoff que lograron huir de sus países y con la protección de viejos integrantes del MLN se instalaron en Uruguay. Los nexos más modernos con el PCC de San Pablo y Rio de Janeiro así como el Comando Vermelho por las conexiones que surgen de la zona de Pedro Juan Caballero en Paraguay, desde donde sale gran cantidad de la marihuana de exportación y consumo que pasa por nuestro país, son algunos ejemplos de la tras nacionalidad del la delincuencia que nos atraviesa. Las bandas de Rosario en Argentina, cómo el caso de Los Monos, han operado también utilizando las facilidades que da nuestro país.
Estos fenómenos de instalación paulatina y permanente de mafias y delincuentes en el país fueron mutando pausadamente ante la inactiva y permisiva vista oficial para convertirse en verdaderos grupos de poder narco criminal y más actualmente y atrajeron la atención con el correr del tiempo de otro tipo de delincuentes, los narcos y las mafias que vieron en nuestro territorio un lugar propicio en el que establecerse y en el que operar era realmente muy fácil. Los casos abundan.
El país ha sido un colador por aire, tierra, mar y vías fluviales a través de los cuales diversas organizaciones criminales han montado sus estructuras logísticas, diseñado rutas de traslado de mercancías ilegales y financieras y se han asentado en nuestra sociedad. El sistema financiero hizo lo suyo y el lavado de dinero también funcionó aquí.
Informaciones sobre sociedades fantasmas, las famosas “off shore” uruguayas que tuvieron su época de apogeo vendiéndose en el mercado hasta con aranceles aceptados públicamente, prestigiosos estudios contables y legales que se prestaron para estas operaciones y que actualmente han bajado el perfil, un puerto muchas veces incontrolable, aduanas flacas, espacio aéreo abierto, pistas de aterrizaje privadas y sin control, fronteras muy porosas, y demás han colaborado en esta realidad que tenemos y que digamos que es muy difícil de revertir en poco tiempo.
Dentro del panorama internacional y en especial a nivel latinoamericano, el Uruguay juega un rol particularmente clave.
Pero, cómo esas familias que no hablan muchas veces de sus problemas internos, por mucho tiempo no se ha querido comentar esta realidad, porque seguramente toca a integrantes conocidos y en algunos casos a sectores de la alta sociedad.
Hemos sido sorprendidos con noticias de grandes contrabandos de cocaína incautados en otros países que salieron desde nuestras fronteras y también se han incautado cantidades importantes antes de salir.
Últimamente se ha encarado una estrategia de combate al microtráfico o narcomenudeo que está dando sus resultados en el cierre de “ bocas” de expendio y alguna detención. Pero un efecto directo de esto es la reacción armada de la delincuencia en las calles.
Otro aspecto a tener en cuenta es que cada vez se evidencia más la participación de menores en todo este circuito de bandas criminales criollas. Las edades de los operadores y sicarios comprenden una franja muy particular que va de los 12 a los 17 años aproximadamente.
Todas consideraciones que pensamos deben preocupar y ocupar a los responsables para plantear estrategias sociales de prevención mediante educación por ejemplo y de anticipación en materia de Inteligencia.

*Capitán de Navío (R) Armada Nacional Uruguay; ex Consejero de Seguridad de ONU (UNSECOORD – UNDSS – WFP) para región Mercosur (Argentina, Paraguay, Uruguay y Triple Frontera), Colombia, Haití, República Dominicana, Guyana, Suriname, Irak, el Líbano, Jordania, Timor Oriental y Venezuela.

Profesor de la Escuela de Guerra Naval de Uruguay; Doctor en Ciencias Políticas; Licenciado en Sistemas Navales; Diplomado de Estado Mayor; Diploma Técnico en Negociación de CMI; Diplomado en Operaciones de Inteligencia del Gobierno de EEUU.

Vicepresidente de ASIS International Capítulo 284, Uruguay.

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