El 19 de febrero de 1868 las pasiones desenfrenadas ganaron la partida a las Instituciones republicanas. Ese fue el día de los cuchillos largos como le llamó con acierto Real de Azúa, y mataron al ex Presidente Bernardo Prudencio Berro y al General Venancio Flores ex dictador y aspirante a ser elegido democráticamente nuevo Presidente. Fresco aún el episodio de Defensa de Paysandú por el Heroico Gral. Leandro Gómez, el vencedor Venancio Flores erigido en dictador quiso democratizar su poder. Llegado el 15 de febrero del 68, Flores entrega la Presidencia a Pedro Varela el Presidente de la Asamblea General, y el primero de marzo siguiente debía elegirse Presidente de la República por 4 años.
Los principales puntos del gobierno de Flores, fueron de retribuir los servicios a las potencias extranjeras que lo ayudaron en su invasión y toma de Paysandú, como la de brindar hospitalidad a la flota española que venía de atacar a Chile y Perú, provocando las reacciones de esos gobiernos hermanos de Sudamérica; el servilismo con el gobierno Imperial del Brasil que fue determinante en el triunfo contra el Gobierno de Bernardo Berro y la destrucción de Paysandú, renunciando nuestro País al cobro de rentas aduaneras para dar esa muestra de “amistad” según los relatos de Maillefer en “Correspondencia Diplomática”. También había revocado la derogación de los ignominiosos Tratados con el Imperio del Brasil de 1851 de Andrés Lamas, que habían sido quemados por Atanasio Cruz Aguirre, cuando estuvo ocupando la Presidencia por Berro; la persecución política a quienes no eran de filiación Colorada, y especialmente a los funcionarios Blancos. Detengamos la enumeración para destacar como lo hace Eduardo Acevedo el criterio del exclusivismo Colorado, que era “de alta moralidad y de grandes conveniencias que los hombres de un Partido gobiernen y administren con su Partido…”; ponían en práctica así la irónicamente llamada “Reforma Pacífica” que según el diario La Tribuna del 25 de junio de 1865 para ello “la horca y el puñal deben ser las armas elegidas”. Los hijos de Venancio Flores, Fortunato y Eduardo, fueron verdugos en la administración pública contra los opositores. Logró una reconciliación con el catolicismo, el cual había perdido su influencia con el Gobierno de Berro. Campearon negociados y fraudes denunciados en la época, lo cual era casi natural en un ambiente de autoritarismo y persecuciones a opositores. Hubo cierta prosperidad económica a raíz de empréstitos extranjeros, la instalación de la incipiente industria cárnica, con el frigorífico Liebig en Fray Bentos y su consecuencia lógica sobre la producción ganadera. La política llevada por Flores no conformaba a todos los Colorados, entre ellos al conocido General Gregorio Suárez, el Goyo Jeta, el criminal de los mártires de Paysandú, que también tenía aspiraciones presidenciales.

Los sucesos del 15 de febrero
Venancio Flores quiso dar los pasos constitucionales y por ello renunció el 15 de febrero; y hasta el primero de marzo siguiente, asumió el Presidente del Senado Pedro Varela, un comerciante de 31 años y escasa capacidad política. Los mencionados Eduardo y Fortunato, hijos del General Venancio Flores se levantaron y amotinaron contra su padre porque no querían entregar el poder, pero el motín fue desarticulado ese mismo día. En esos días la tensión política fue creciendo y cada vez más se hacía una realidad la presión de los Blancos. Era el ex Presidente Bernardo Prudencio Berro la figura que encabezaría la revolución para evitar el continuismo amañado por Flores, o la variante del sanguinario Goyo Suárez en la votación fraudulenta preparada en la Asamblea General durante los tres años de la dictadura de Flores.

El día de los cuchillos largos
El 19 de febrero de 1868 se produce la revuelta de los Blancos preparada por el líder Bernardo Berro. En los primeros momentos de la mañana toman por asalto El Fuerte de Gobierno. En esos años desde el derrocamiento de Berro de la Presidencia y la instalación de Venancio Flores como dictador, Uruguay se incorpora a la Guerra de la Triple Alianza con el Paraguay, y los revolucionarios ingresando al Fuerte daban gritos de “VIVA LA INDEPENDENCIA ORIENTAL Y EL PARAGUAY, ABAJO EL BRASIL”. Tras el éxito inicial surge la reacción militar con el Batallón de Cazadores que repele a los rebeldes que inician una desordenada retirada por calles de la ciudad, y por la Plaza aparecen “hombres emponchados y armados de trabucos y puñales” (Real de Azúa artículo en Marcha “El Día de los Cuchillos Largos”), asesinan a Venancio Flores que había salido de su casa, venía en el coche de caballos y no se supo quienes fueron sus verdugos. La noticia se difundió de inmediato, y los partidarios de Venancio adjudicaban el crimen a Berro a quien buscaron para vengarse. Corridas, calles que se vaciaban por el temor, presagios de sangre, todo en medio de aquella confusión política que se desarrolló en unas pocas cuadras de Montevideo. Berro derrotado en su intento revolucionario y desconectado de sus partidarios, caminaba solo por una calle, donde fue apresado llevándolo al Cabildo. Matan a Berro indefenso en un calabozo. Lo llevó un tal Lazota, lo torturaron y luego de un par de horas lo apuñalaron con salvajismo, y apunta Maillefer, el Cónsul General de Francia en su informe al Ministro francés, que “es masacrado por la propia mano de Segundo Flores, un muchacho de 18 años”, el cual era hijo de Venancio Flores. Después cargaron el cuerpo de Berro en un carro de basura exhibiéndolo por Montevideo. Pero además del crimen contra Berro y el ultraje a su cadáver, la matanza de los Blancos siguió con el degüello a Tomás Pérez y a Ocampo, y el diario El Siglo informa que hubo 500 fusilados.

¿Fueron los Blancos los asesinos de don Venancio? Nunca se identificó a los “emponchados” que cercaron el paso al General Flores, y la versión popular hasta con estribillos canturreaban que eran los conservadores, y así lo consignaba también la prensa de Buenos Aires. Ni Flores ni Berro se hubieran ultimado; entre ellos se respetaban la vida, e inclusive Venancio le envió una carta a Berro, perseguido y ya en las horas cruciales ofreciéndole garantías, pero la muerte le llegó antes al caudillo Colorado. Veamos que Venancio Flores quería ser Presidente constitucional de la República y aventar su rótulo de dictador. Pero los conservadores Colorados no estaban de acuerdo con prolongar un mandato de Flores, y entre ellos rondaba la figura del temible General Gregorio Suárez, aspirante a la Presidencia. El Goyo Suárez también reprobó los arrestos y la matanza de los opositores, muy mayoritariamente Blancos, por no haber tenido responsabilidad en el crimen de Flores. La carnicería aumenta incluso cuando el Presidente Interino Pedro Varela envía comunicaciones a los Jefes de Policía, que eran todos Colorados, diciendo: “mataron a nuestro querido General Venancio Flores; reúna a la gente y véngase”. Una “casual” confusión en la palabra “véngase” que se leyó “vénguese”, y se tomó como por orden presidencial quedando oficializada la matanza de Blancos en los Departamentos. Por mucho tiempo más, los cuchillos serían largos.