Según una nota publicada en el diario EL TELÉGRAFO, la Caja de Jubilaciones de Profesionales Universitarios ya no cubre las jubilaciones con el aporte directo de sus afiliados y el indirecto de los timbres profesionales, sino que desde hace cuatro años ha tenido que recurrir a las ganancias que le dan las inversiones realizadas en épocas de superávit. Por lo tanto, el futuro de la institución estaría complicado y deberían considerarse cambios en la ley de creación.
Así lo afirmó al citado medio el presidente de la Caja, el médico sanducero Gonzalo Deleón, quien señaló que impactan “los cambios demográficos, los cambios en la composición de sexo, el impacto de los cambios en el mercado laboral, el aumento de la cantidad de las jubilaciones profesionales en casi un 30% en los últimos cinco años cuyos montos están vinculadas al índice medio de salarios, y hubo un aumento importante de los salarios en los últimos 10 años y ahora se deben pagar más cantidad de jubilaciones y por más tiempo por la expectativa de vida. Todo eso genera una presión importante en el sistema previsional para mantener las jubilaciones actualizadas”.
“Estamos viendo la necesidad de reformar el marco legal de la Caja”, anunció Deleón, recordando que “cuando asumió este directorio, creó una comisión del marco legal para estudiar las reformas que necesita la ley para aumentar la sustentabilidad de la Caja. Con el grupo que representamos, habíamos establecido como prioridad esta reforma. El directorio anterior generó un proyecto, pero no lo mandó al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Nosotros empezamos a trabajar con los estudios actuariales que ya estaban y de cero con la redacción de lo que se necesitaba hacer”.
Sobre cuáles son los puntos fundamentales, Deleón dijo que “hay algunas cosas que son muy patentes. La expectativa de vida es mayor en el mundo y Uruguay no es ajeno a esa realidad; eso afecta a todos los sistemas de seguridad social, ya que tienen que pagar prestaciones por más tiempo. No es lo mismo la matriz que se había generado en 1954, con una expectativa de 67 años, con la actual, que es de 78 años. Eso genera que los sistemas estén obligados a pagar pasividades por un plazo mayor al previsto y los sistemas de seguridad social deben adaptarse a estas realidades y cambiar. Eso sucede en muchos países, algunos aumentan el aporte personal y patronal, otros establecen una edad de retiro y otros reducen beneficios”.
La Caja tenía, al 31 de diciembre, 130.227 afiliados activos y el promedio exacto de jubilaciones y pensiones que paga la caja era de $ 50.730, mientras que el aporte promedio alcanzaba los $8.850. A esa fecha, tenía 10.983 jubilados, con una edad promedio de 73 años.

Edad de retiro
Deleón puso como ejemplo de las situaciones en otros países. “En América Latina, hay dos países con edad de retiro menor a la nuestra, que son Brasil y Perú, nosotros con 60 años o por encima y en Europa la edad media es 64 o 65 años; en España, Italia, Alemania, Suecia, Noruega y Suiza, por ejemplo, están en 67 años y con 68 en Reino Unido, Hungría y Holanda”.
Afirmó que “este cambio en la matriz demográfica –por la expectativa de vida– ha impactado en todos los sistemas de seguridad social, y hay que repensar la reforma del marco legal. Una de las reformas puede ser la edad de retiro”.
Además, Deleón dijo que “la Caja no recibe aportes del Estado, se financia con un 67% de aportes genuinos de sus afiliados y el 33% son aportes del artículo 71, que es el que se paga por los timbres profesionales, por ejemplo, cuando uno levanta una receta. Pero a partir de 2011, mirando el balance operativo, este empieza a caer y en 2014 el balance es negativo. De ahí en adelante, se profundiza rápidamente y desde ese año los aportes no cubren los egresos de las pasividades, por lo que fue necesario utilizar los fondos que se generaron en épocas de superávit”.
El profesional agregó que ese fondo “es una masa importante de dinero, que está en emprendimientos forestales e inmobiliarios, como la Torre de los Profesionales, que totalizan unos 100 millones de dólares y hay otros 300 millones de dólares en activos financieros, que generan en promedio unos 1.200 millones de pesos anuales de ganancia –a veces dio 900 millones y otras, hasta 1.400 millones– que ha permitido seguir pagando las prestaciones sin problemas y sin descapitalizarse por ahora”.
Para el directivo, “es relativo, porque yendo a los balances operativos, han caído mucho. En 2014 hubo 32 millones de pesos negativos, en 2015 fueron 276 millones negativos y en 2016, 857 millones negativos. Los recortes de beneficios que se hicieron detuvieron apenas esa caída y en 2017 fueron 557 millones negativos. La proyección para el cierre de este año es de 936 millones negativos. Esto quiere decir que por ahora los beneficios financieros han podido cubrir los déficit de los aportes directos e indirectos”.

Variables
A juicio del presidente de la Caja, “hay diferentes variables a considerar. Hay más expectativa de vida, ha cambiado mucho la composición por sexo de los profesionales universitarios y eso es importante, porque las mujeres tienen mayor expectativa de vida y hay más mujeres que varones entre los profesionales. En 1986, el 34% de los afiliados eran mujeres; hoy son el 54% y el promedio global de edad es 78 años. Para 2020, la estadística indica que el hombre llegará a los 74 años y la mujer, a los 81 años”.
“También hay más pasividades. En los últimos cinco años, aumentó 30% la cantidad de jubilados y los profesionales que ingresan al sistema no son la misma cantidad de los que se jubilan. Además se ha generado un cambio en el mercado de trabajo. En 1954, por ejemplo, en Medicina, casi todo era ejercicio libre y hoy casi la totalidad de los médicos están en relación de dependencia, por lo que están menos obligados a aportar a la Caja”, detalló Deleón.
Recordó que “en 1986, del total de profesionales universitarios, había un 76% de declaraciones juradas de ejercicio profesional. Era un buen porcentaje que aportaba a la Caja. Hoy en día hay un 45%. Esto se generó por un cambio en el mercado de trabajo, por la formalización de las relaciones laborales y han ingresado muchas profesiones, que cuando salen están en relación de dependencia, por lo que se inscriben en la Caja 90 días después de haber obtenido el título, como marca la ley, pero declaran el no ejercicio liberal y aportan al Banco de Previsión Social”.
Lo que preocupa a los directivos es que “los informes dicen que si no se toman medidas, la Caja se va a descapitalizar hasta consumir todas sus reservas en el entorno de 2030”.

Fuente y foto: EL TELÉGRAFO

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