El huracán “Chris” pasó por Punta del Este. Fue hace algunos días. Su vozarrón precedió a su ingreso al lugar convenido para la entrevista. Apenas se escucha a uno le vienen ganas de hacer algo. Cuando ingresa a la habitación 1601 del Enyoy Conrad parece un aluvión emocional.

Uniformado con la camiseta celeste con su apellido estampado en el dorso, el multimillonario y filántropo Christopher Gardner pasó por el balneario para brindar un conferencia a los integrantes del grupo AIVA, integrante del grupo Old Mutual. Cuando uno conoce personalmente a Chris da la sensación que el personaje que interpretó Will Smith en el cine quedó chico.

Cuando llegamos, había una movilización sindical en el lobby del hotel. Pensamos que era una fiesta que ellos habían hecho para recibirnos. ‘¡Que suerte! Vinieron. Los estábamos esperando’, me pareció entender. Me dije que bueno, me recibieron con una fiesta. Qué alegría esta gente que nos recibe con una fiesta”, dijo Gardner al evocar las protestas sindicales que llevaron adelante los empleados del complejo coincidiendo con su arribo al lugar.

<sub> Pero es el miedo

-Usted es la persona ideal para preguntarle si hay vida después del fracaso.

-Siempre hay vida. Siempre. Porque vamos a fracasar en algo. Cada uno de nosotros fracasó en algo. Es la vida. Lo que no está bien es que no renunciemos al fracaso. Renunciar a esas cosas puede convertirse en un hábito muy malo. Decido renunciar a todos los desafíos y me retiro. Puedo fracasar en algo porque así es la vida. Pero, vivir es cuando uno se levanta de sus fracasos.

-¿Qué es peor? ¿El fracaso mismo o el miedo a fracasar?

-El miedo. Sin duda. Te paraliza. El miedo te paraliza. Uno no hace nada. Y nadie puede evitar el fracaso entonces. Hay que saber vivir con el fracaso toda la vida. Es un tipo de presión distinto. Uno se pone rejas en la mente, el alma, en el espíritu.

-¿El miedo al fracaso es un mal generalizado en la sociedad?

-Es algo universal. Es lo mismo en cualquier parte del mundo. Son experiencias universales. No es algo característico de esta parte del mundo o de otra. Es algo particular de cada persona. No somos diferentes como personas. No importa donde estemos en este planeta. Lo más importante es que todos nosotros somos lo mismo. Nuestra salud, nuestros hijos, nuestras carreras, nuestra felicidad, somos casi iguales.

-Hablando de miedos. También tenemos miedo de ser felices.

-Es una o la otra. Y el miedo al fracaso también acompaña. Sostengo que en el fondo, todo esto se trata del miedo al éxito. ¿Qué tal si tengo éxito y no lo puedo manejar? ¡Qué horrible! No fracasé. ¡Tengo éxito! Fracasé en el éxito. ¿Y ahora que hago? Amigo: eso es parte de la vida. Es un momento de mucho entusiasmo, te confieso que estoy tan feliz de haber tenido la oportunidad de venir aquí para participar de la conferencia de AIVA. ¿Por qué? Pude hablar con gente que trabaja en nuestro negocio el que en los últimos años ha sido duro. Muy, muy duro poder estar en este negocio. Y en los negocios financieros el riesgo del mundo en los últimos años nos ha mirado como si todo fuera culpa tuya. “¡Tú fuiste el culpable!”. Te señalan a ti y a tus colegas.

-Está el chiste que la crisis financiera de los Estados Unidos la tuvo el último que abrió la lata de sardina podrida.

-Claro. Eso es lo que te dicen. Ese fue un mal ejemplo. Entre otras cosas porque a mí me encantan las sardinas.

-Cuando uno ve que a todo el mundo le va mal y a mí me va mal, yo no soy el problema. Lo malo es cuando a mí me va mal y a todo el mundo no, el problema soy yo.

-Le puedo responder a esa pregunta de esta manera: en qué momento estoy y en qué momento estuve. En el momento más bajo, cuando tuve que vivir en el cuarto de baño con mi bebé yo no podía pensar en otra gente porque yo experimentaba mi problema. Yo tenía que aceptar que tenía algo que ver con esa situación en la que me encontraba. Yo tenía la responsabilidad, yo tenía algo que ver, alguna decisión que había tomado me afectó y me llevó a esa situación. Quizás, algo que yo había hecho. Mi vida cambió cuando acepté que yo tenía que ver con lo que me estaba pasando. Cuando acepté que había conducido a mi vida hasta ese punto.

-En el fondo siempre es uno mismo

-Mi mamá siempre me decía: “Sólo puedes depender de ti mismo, la caballería no va a venir a rescatarte”. “No tenés respaldo. No viene el cowboy”. Algo interesante, mucha gente de aquí vino a hablarme de sus cosas, de sus madres, de sus padres solos. Ahí queda claro que el cowboy nunca viene a salvarnos. Es uno que tiene que salir adelante. Con toda su fuerza. Cuando uno es un padre solo seguro que quizás tenga días difíciles, lo seguro es que nunca podrá tener un solo día libre. Jamás. ¿Por qué? Porque no hay nadie que lo respalde. 

-Cuando tocó fondo y vivía con su hijo en el baño de la estación, ¿cómo miraba al resto de las personas? El mundo seguía con sus cosas y nadie se fijaba en lo que le pasaba a usted.

-Nadie prestaba atención a lo que nos pasaba, nadie. Nadie se fija en personas sin techo o sin hogar. Me convertí en un ser invisible. Nadie te ve. En esa etapa de mi vida la gente con la cual yo trabajaba jamás lo supo. Y no necesitaba saberlo. Ellos lo único que sabían que esta persona venía a trabajar todos los días. Cumple y trabaja. No falta jamás. Es lo que supieron de mí.

-Es un toque de atención para las empresas. Deberían involucrarse más en la vida de sus trabajadores.

-Es algo muy importante porque si uno no conoce a la gente con la que trabaja todos los días y no hay conexión con los clientes, es una relación que será muy frágil. Afectará a todos. Es muy importante que las empresas sepan que sus activos tienen piernas que entran por la puerta todos los días.

-¿Y en su caso?

-Yo conozco a todas las personas que trabajan conmigo. De forma habitual hablo con ellos de sus problemas, de sus hijos, de sus desafíos. Todas las semanas traen a sus chicos al trabajo. Quizás esos niños que vienen a jugar a la oficina un día serán empleados de la compañía. Así como mis empleados traen sus hijos, yo traigo a mi perro que viene todos los viernes a trabajar.

-Estados Unidos pasó por varias crisis bursátiles. La última fue la peor. ¿Qué está pasando? ¿Qué le dice la gente sobre lo que está pasando en la comunidad?

-La gente tiene mucho miedo. Mucho miedo. El mercado viene subiendo pero hay muchísimas empresas que no están cotizando en la bolsa. Están todavía recuperándose de la gran crisis financiera. Por eso tienen miedo. Los jóvenes han visto a sus padres diezmados. Muchísima gente tenía pensado trabajar en la misma compañía durante toda su vida y jubilarse con una pensión. Se terminó todo eso. Esos días ya no existen.

-¿Desapareció el sueño americano?

-No. El sueño americano cambió.

-¿Cuál es el nuevo paradigma de los estadounidenses?

-No tiene que ver con las cosas. No tiene que ver con lo material. El sueño americano tiene que ver con lo que uno hace. Tiene que ver con lo que tú eres. Lo que posees no define quien eres.

-Creo que fue Albert Camus quien dijo que para conocer a una sociedad no hay que ver su aspecto turístico. Hay que conocer como vive, como ama, como trabaja y hasta como se muere en esa comunidad.

-Absolutamente. Es la gente. Uno cuando llega a un lugar recibe la esencia de la gente. Es distinto. Es algo que se siente muy distinto sea en Uruguay, en Colombia, en Bolivia o en cualquier lado que haya visitado en América del Sur. Aquí me gusta más. Es un lugar más distendido. Uno no ve que la gente está ansiosa todo el tiempo.

-¿Cómo es un día en su vida?

-Muy loco. Loco. Muy loco. Hay dos tipos de días. Unos cuando estoy en casa en Chicago. Cuando no viajo. Voy mucho al gimnasio porque hay que ir al gimnasio. Un poco de ejercicio cuesta, duele pero hay que hacerlo. Y el resto del día paso hablando con mucha gente. De forma personal o por teléfono. Hay que supervisar el trabajo para que los proyectos avancen. Luego, de la nada, surgen oportunidades que vienen y se sientan en la falda. De la nada alguien viene y te dice: “¿Qué tal si compras una asociación nacional de básquetbol?. Te va a costar mil millones de dólares. ¿Te interesa?”. Claro que sí, me interesa, ahora voy a buscar esos mil millones de dólares. Es lo único que me falta hacer.

 

 

En-busca-de-la-felicidad

VIVENCIA. Antes de lograr su primer millón, Gardner fue un sacrificado “padre soltero” que no tenía dónde vivir.


 

“La esencia de un lugar es su gente”

La esencia del lugar es su gente. Y cuando uno pasa tiempo con la gente entiende al lugar. Encontré que en este lugar la gente está feliz. Tiene calidad. Y son muy llenos de energía”; afirmó.

Chris Gardner no solo vistió la camiseta celeste con su apellido en la parte superior del dorso. También traía dos relojes, uno en cada muñeca.

Uso dos relojes desde hace casi treinta años. Los empecé a usar en octubre de 1987 cuando el crack bursátil del mercado bursátil. Tenía una reunión con un inversor muy importante y llegué veinte minutos tarde. El me dijo: ‘si tú no eres puntual no puedo esperar que hagas cosas buenas con mi dinero’. La explicación me quedó muy clara: dos relojes durante treinta años”, añadió. “Solo hay cinco minutos de diferencia entre uno y otro”, agregó.

Para la entrevista, el periodista empleó un grabador Sony a casete, con pocos años de uso, de los que hace tiempo dejó paso a los nuevos productos digitales. “¿Dónde lo consiguió?”, preguntó Gardner. Las gruesas teclas del grabador son ideales para un periodista con grandes dedos para el que los nuevos productos digitales son de difícil uso. “Me pasa lo mismo”, aseguró el millonario.

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