lechonesLas actuaciones judiciales, en primera y segunda instancia, confirmaron lo asegurado por los policías actuantes en el caso: el conocido delincuente Jorge Javier Aparicio Silva, alias “Pelé”, fue el autor de una rapiña y del hurto de nueve lechones.

Un tribunal de apelaciones confirmó en los últimos días la sentencia que el 6 de setiembre del año pasado dictó la jueza en lo penal de 4º turno de Maldonado, Adriana Morosini.

Ese día la magistrada sentenció a Aparicio a seis años y dos meses de penitenciaría como autor responsable de un delito de hurto en régimen de reiteración real, con otro de rapiña especialmente agravado.

La primera denuncia en su contra fue formulada por el propietario de nueve lechones que fueron sustraídos entre los días 23 y 28 de agosto de 2010. Cada lechón fue avaluado en 500 pesos. La Policía solo pudo recuperar dos de los animales criados para la venta a comercios. El autor del robo de los animales fue identificado como Jorge Javier Aparicio Silva, conocido por su apodo de “Pelé”. El acusado acudía de forma periódica al campo del denunciante para retirar piñas y leña. Empero, “Pelé” solo reconoció el robo de uno solo de los nueve lechones, que más tarde vendió “a un tal Amaral”.

Rapiña

Pocos días después, a las 00:00 del 14 de setiembre de 2010, una mujer de 57 años denunció haber sido rapiñada. La mujer esperaba a su hija que llegaba en ómnibus a la parada de la esquina de las calles India Muerta y Cerro Colorado de la ciudad de Maldonado.

Diez minutos después la mujer fue abordada por un sujeto, que con un hierro en su mano golpeándolo sobre la otra mano, le expresó: “dame el celular y la plata o te mato”.

La víctima le contestó que no tenía tales efectos, solo la campera que llevaba puesta. El rapiñero tomó la prenda y de un tirón pretendió sacársela. La mujer, al notar que podía perder pie y caerse, se sacó la prenda y la entregó al solitario asaltante.

La campera tenía una costura casera lateral, informada por la dueña. Más tarde, fue recuperada en el domicilio del encausado. El Tribunal sostiene que la prueba recogida en ambos delitos fue concluyente y plena: el acusado admitió parcialmente el hurto de los lechones y su participación en la rapiña, “porque si bien la víctima no estaba segura, y lo reconoce por las facciones del rostro, resulta que el mismo día en que se consumó la rapiña en la casa del encausado apareció la campera que le rapiñaron”.

La mujer recordaba la forma de caminar del delincuente; declaró que “era morocho, tirando a negro, de estatura baja, … medio cambado parecía por la manera de caminar”. Este dato fue corroborado por el informe forense. La versión que dio el acusado de cómo obtuvo la prenda resultó inverosímil y nunca se comprobó, pero además el procesado dio a la policía dio la misma versión que la damnificada, por lo que la sentencia quedó firme.

 

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