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Por el Cr. Ricardo Puglia

No pude dejar de sonreír ante las declaraciones del subsecretario de economía “si se toma como base 100 el 2005, la evolución en términos reales de las tarifas públicas exhibe que todas han bajado en términos reales”. No es necesario hacer cálculos, simplemente pensar que los uruguayos vivimos en el planeta de simios parece una realidad. Digámosle al PIT-CNT y a los trabajadores no sindicalizados que compren sus alimentos, paguen el alquiler, compren vestimenta, y paguen los servicios públicos con sus salarios reales de 2005. Se ha inventado una nueva moneda, el peso uruguayo 2005.

Todo indica que el equipo económico vive en otro planeta, -no los uruguayos- que tienen que salir a ganar sus ingresos día a día junto a su socio el IRPF. Estamos enfrentando una profunda crisis económica que el sol del verano entibia. Alta desocupación, alta inflación provocada por el sector público, siderales gastos públicos, baja de las exportaciones, baja del crédito bancario, baja de inversiones público-privadas, aumento de concursos, quiebras y cuentas bancarias suspendidas, alzas de las tasas de interés, déficits de todo tipo, y muchos más.

Todo ello obedece a la falta de planificación económica, a la falta de previsibilidad, a la miopía y el autismo de nuestras autoridades que muy bien les haría darse un baño de realismo, despertar de los sueños autocumplidos y salir de sus cómodas oficinas para conocer la realidad de cada rincón de la Patria.

Ahora Venezuela se declara en emergencia económica y deja de pagar cerca de us$ 200 millones a exportadores de lácteos y de otros productos que fueron incentivados por nuestro gobierno a vender dadas las maravillosas relaciones carnales entre ambos. Tristemente, la Venezuela chavista se está convirtiendo en una nueva Cuba y no faltará algún iluminado que proponga condonar estas deudas como las ya condonadas a los hermanos Castro por el FA que terminó pagando Juan Pueblo. Han puesto en riesgo de quiebra y desaparición productiva a varias empresas nacionales.

Los resultados de la investigadora de Ancap que se hicieron públicos a través de la prensa nos muestran no ya una pésima gestión de un monopolio público que determinó su quiebre técnico sino también la inmoralidad de los actores involucrados. No obstante, los responsables de esta tragedia nacional siguen atornillados a sus cargos, sean ejecutivos o parlamentarios, demostrando no tener la mínima dignidad frente a todos los uruguayos. ¿Mea culpa y renuncia?

El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) intenta controlar al sector privado instalando todo tipo de barreras inimaginables a la producción y a la inversión, pero no es capaz de controlar y exigir una gestión digna a los directores de las empresas públicas que en estos años de progresismo han tenido un denominador común: pérdidas y excesivo endeudamiento.

No sólo ANCAP y sus subsidiarias han perdido mucho dinero de los impuestos que todos pagamos, lo han hecho también OSE, UTE, ANTEL, AFE, PLUNA, ALUR, CND, la Intendencia de Montevideo y de Maldonado –primera y segunda intendencia en recaudación del Uruguay-.

El desastre de la gestión progresista hace pensar en que ha llegado la hora de remover al equipo económico y buscar técnicos y/o políticos comprometidos en administrar nuestros recursos como buenos padres de familia, agiornandose a la realidad de un mundo globalizado que enfrenta día a día nuevos desafíos para resolver.

No debemos permitir que siga la fiesta de malversación de nuestros recursos.

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