Una investigación realizada en España demostró que el tipo de coronavirus que afectó a la ciudad de Wuhan en China, no es el mismo que llegó a Italia tiempo después, ni el que empezó a propagarse en Argentina y Uruguay hace unas tres semanas: está continuamente mutando.
El miércoles pasado, la Organización Mundial de la Salud anunció que ya son 200.000 las personas contagiadas. Pero si bien desde los países están tomando precauciones, todavía no existen datos exactos sobre qué ocurrirá con la epidemia, si tendrá un pico o si simplemente disminuirá en Europa con el arribo de las cálidas temperaturas de la primavera y el verano europeos.
Lo que sí se conoció en estos días es que, según la Universitat de València y la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana, el virus que comenzó en la ciudad de Wuhan en diciembre, no es el exactamente el mismo que hoy afecta a Italia, España, Estados Unidos y gran parte de América Latina. Lo que sucede es que el genoma, es decir un conjunto de genes dispuestos en una misma célula, mutó desde que salió de China.

Continuo
“El genoma del virus está en continua mutación, y eso es justamente lo que nos permite seguir su trayectoria en los diferentes países y rutas de transmisión”, explicó al diario español El Confidencial, Fernando González, uno de los científicos que formó parte de la investigación detallada anteriormente. Luego aseguró que esta característica es normal en casi todos los virus. Así es que “el virus en Brasil tiene 16 mutaciones respecto al primero”, indicó.
Si bien la mutación no es algo sorprendente, sí lo es la velocidad con que lo hace el COVID-19. Es por eso que el principal temor de los expertos es sobre cómo se va a desarrollar a futuro, si será erradicado con una vacuna o si seguirá mutando y atacando a la población en el futuro a pesar de las condiciones climáticas que se presenten.
También se supo que incluso en China, el virus mutó al menos una vez. En un principio el virus solo provocaba una simple tos. El pasado 3 de marzo, la revista National Science Review, una de las más prestigiosas en temas de investigación, indicó que se habían encontrado distintas “cepas” del virus. Las tipo “L” y las tipo “S”.
La primera era la más agresiva de todas, lo que por supuesto causó un impacto mayor y mayor esfuerzo por detenerla. La cepa “S” se presentaba en el cuerpo humano a través de síntomas más leves, pero igualmente contagioso. Aunque por haber sido menos mortal, fue menos estudiado. En consecuencia, el pasado martes 17/03, desde la revista Science anunciaron que casi el 86% de los casos que ocurrieron en Wuhan no fueron detectados y salieron de allí sin control alguno.
Es por eso que ahora muchos suponen que los casos que salieron en su momento, ahora mutaron en un virus mucho más agresivo y son lo que están causando estragos en varios países. Aunque claro, esto se debe directamente a una selección y proceso natural.
El Coronavirus es una amplia familia de virus que están presentes desde la epidemia del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS) de 2003 en China, ola que comenzó en 2012 en Arabia Saudita con el Síndrome Respiratorio del Medio Oriente (MERS).