La llegada del coronavirus a Uruguay hizo que muchas empresas tuvieran que redireccionar sus estrategias, repensar sus formas de ventas y adaptarse a las nuevas formas de consumo, para no verse obligadas a cerrar sus puertas. El encierro y el tiempo en casa hicieron surgir muchas ideas, entre ellas, las de crear un negocio, aún con el riesgo de emprender en plena crisis para el sector empresarial.

La Proveeduría: “volver al almacén”

Los primeros días de pandemia y cuarentena en Uruguay trajeron consigo una presencia masiva en los grandes supermercados, donde el carrito lleno de productos fue la imagen protagonista. Desde Manantiales, una pareja de jóvenes planteó volver a la idea de viejo almacén, y transportarse en el tiempo a aquel comerciante tras el mostrador que envolvía un pedazo de queso en papel. Así, en plena cuarentena nació La Proveeduría, con dos grandes ejes: almacén y oficios.
“Nos sorprendió mucho en marzo ver la locura de la gente de ir a abastecerse y llenar carros con esa desesperación de ‘me voy a quedar sin nada’” dijo Catalina Miggone, una de las fundadoras de La Proveeduría. “Este proyecto nació con esa idea de lo lindo que sería volver a comprar lo justo y necesario, y pensando además en cómo esta situación iba a perjudicar a los productores más chicos” agregó.
La Proveeduría es un emprendimiento local, que le da valor a productos locales. En “La Prove” como la llama Miggone, venden salsas de tomate caseras, cereales, embutidos, miel orgánica, huevos de campo y pan, entre otros productos, todos hechos en el departamento. “La idea es darle lugar a todos los productores, artesanos y personas que producen cosas ricas en el departamento, y también conocer de dónde viene el alimento que comemos. Entendemos que si empezamos a generar esa economía solidaria y saludable, más en este momento, ayudamos mucho a los productores” explicó la joven emprendedora.
En “La canasta local” La Proveeduría reúne semanalmente varios productos como yogurt casero, pan de masa madre, pastas caseras o aceite de oliva. La canasta, pensada para el consumo de dos personas, se entrega directamente en la casa de los consumidores. “Pensamos que quizás este era el momento de empezar a consumir cosas más honestas” comentó, “cosas hechas por manos de personas que son nuestros vecinos. Además, consumir más local hace mejor para la salud, porque nosotros estamos acá, viviendo con este clima y ambiente, y los productos que se hacen acá están aclimatados a nosotros también”.
Miggone explicó que además de vender provisiones, el emprendimiento tenía desde el principio, el objetivo de enseñar oficios. “La idea era tener un lugar donde se brindaran talleres de oficios, de lo hecho a mano y lo artesanal” dijo y agregó que por las recomendaciones sanitarias decidieron comenzar a brindar estos talleres por Instagram TV. Algunos de los talleres de oficios son por ejemplo: aprender a hacer queso, tallar cerámica o remodelar muebles.
Además, en La Proveeduría se promueve una práctica de mercado antigua: el trueque. La emprendedora explicó que se creó un Club del Trueque, donde todos los martes se ofertan diferentes cosas, “la gente nos escribe, vemos qué tienen para dar y qué quieren recibir. Si vemos que es viable les pedimos una foto y lo publicamos” comentó y agregó que cada martes se dan nueve trueques, en los que La Proveeduría solo funciona como intermediario.
Otra de las propuestas de este emprendimiento es el Libro Club, una biblioteca comunitaria en la que cada participante presta tres libros y así obtiene la posibilidad de acceder al préstamo de un libro por 15 o 30 días. “Con esto apuntamos al no consumo masivo, prestando nuestras cosas” concluyó la joven.

Están en instagram: @laproveeduriauy

Ciclo VAI: “prestar y compartir”

La acción de prestar diferentes objetos es lo que nuclea el objetivo de VAI: Vamos a intercambiar. Un proyecto que nació en Maldonado como una iniciativa entre amigos y que ahora apunta a ser un emprendimiento. “Todo surge en cuarentena, un día que mi marido tenía que ir a la casa de unos amigos en común” relató Allie, fundadora de VAI, “se me ocurrió decirle a nuestros amigos, ya que nuestros hijos son amigos, que si querían nosotros le mandábamos un juguete con una carta y que ellos nos mandaran uno a nosotros. Para que los amigos que se extrañan tengan una forma más material de verse”.
Hace ya un mes que Allie Kotliar y su esposo comenzaron lo que ellos definen como “el juego”, en el que se da el Ciclo VAI: elegir, prestar, recibir y devolver. El juego comienza con la elección que hace el niño del juguete que quiere enviar, luego el equipo de VAI pasa por su casa, le entrega un juguete de alguien más y se lleva el suyo. Todo comienza los sábados, cuando el juguete se retira de la casa de su dueño, el lunes se entrega a quien se presta y al fin de la semana el juguete ya está de vuelta en casa, generalmente con una carta de quien lo recibió.
“Cuando le vi la cara a mi hijo, contentísimo de elegir algo para prestar me di cuenta de que no usábamos mucho el concepto de prestar. Después de hablar con mi marido entendimos que este es el mundo que queremos, un mundo que comparta más. Quisimos ver qué pasaba si lo poníamos en práctica con un juego, aprender a dar, dar por el dar y sentir lo emocionante de recibir” explicó la emprendedora y agregó que su hijo “fue la inspiración del juego”.
En el intercambio de juguetes se busca además la revalorización de esos juguetes que los niños no usan tanto, o que a veces están en segundo plano. También se propone un juego con responsabilidad, cuidando lo del otro y confiando al compartir lo nuestro. Al principio VAI comenzó entre conocidos, pero el proyecto se ha ido agrandando con más participación y por eso ahora busca transformarse en un emprendimiento.
Todos los juguetes que se comparten deben tener un valor para quien lo presta, y ese valor se debe explicar en la carta que va con él. Quien presta no sabe a quién se lo envió hasta que el juguete es devuelto.
Una vez que el juguete es levantado de una casa es desinfectado antes de llegar al otro hogar, y las entregas se realizan con elementos de seguridad sanitaria como guantes y tapabocas, así como la distancia suficiente para evitar el contagio por coronavirus. Algunas de las reglas del intercambio son: no se comparten armas y no hay juguetes de niña o niño.
“Es muy lindo porque los chicos salen a recibir los paquetes, tengan tres años o tengan 12. Es lindo romper el aislamiento de esta manera. Y nos impresiona cómo se va incorporando el vocabulario, la gente dice ‘voy a abrir mi VAI’, eso es muy lindo” comentó Kotliar.
La emprendedora dijo que el crecimiento del público ha sido exponencial, y que la gente que se suma tiene hijos de diferentes edades. Actualmente VAI tiene entregas desde Lausana hasta Manantiales.

En instagram: @vaipunta

Ludópolis recreación: “encontrarnos de algún modo”

 

Una de las empresas que reinventó sus propuestas en Maldonado, fue Ludópolis Recreación, un grupo de jóvenes animadores de fiestas de la ciudad de San Carlos, que vieron cómo la cuarentena golpeó en seco su actividad: reunirse a jugar. “La pandemia es una problemática que a nosotros, que trabajamos con encuentros sociales nos quitó toda posibilidad de trabajo presencial” comentó Matilde Díaz, integrante del emprendimiento, y explicó que en los dos meses que lleva de decretada la emergencia sanitaria, desde Ludópolis han encontrado diferentes formas de acercarse a la gente con propuestas lúdicas compartidas en las redes sociales. “Pero sin duda lo virtual no es lo que propone la recreación, ni tampoco es lo que nosotros como grupo de recreación queremos. A nosotros nos gusta la recreación porque amamos el encuentro con el otro, las miradas, el intercambio, la respuesta, la interacción, los abrazos y las risas, ese efecto que surge del encuentro” concluyó.

Festejar con seguridad
A partir de la propuesta de una madre que quería festejar el cumpleaños de su hijo, y en busca de nuevas formas de juntarse a jugar, el equipo de Ludópolis creó el Autocumple: una fiesta de cumpleaños en las que los invitados están dentro de sus vehículos para respetar el distanciamiento físico recomendado por las autoridades sanitarias. “Ella quería festejar el cumple de su hijo y se había partido la cabeza pensando en una posibilidad, entonces me plantea: ‘pensé en la posibilidad de hacer el cumpleaños desde el auto, que los niños vengan con los padres, la animación suceda y ellos participen en la medida que puedan desde el auto. Si te parece una locura decímelo’. Y le dije ‘si, me parece una locura, es como mostrarles el bombón y no dárselo’” contó Díaz.
Pero la idea de la mamá siguió firme, y las ganas del equipo de Ludópolis de planificar una propuesta, convocar a los niños a jugar y encontrarse, pudieron más. Díaz explicó que lo primero que hicieron fue crear actividades pensando en el espacio que tenían, pensaron juegos que se pudieran ver de lejos, en propuestas del tipo espectáculo – espectador, en juegos de atención y masividad como los que se hacen usualmente en campamentos. “Uno de los puntos que tuvimos que tener en cuenta, y que nos pareció fundamental, fue el integrar a los padres. Teníamos que mantener a los padres copados y divirtiéndose, porque también eran parte de la fiesta” dijo la integrante de Ludópolis y agregó: “desde ahí, con todos esos factores y un poco de incertidumbre empezamos a cranear la propuesta”.

Desde el auto
El bocinómetro, en las que las respuestas salían directamente de la bocina de cada auto fue una de las propuestas. Cuando llegó el día del primer Autocumple, un equipo de animadoras llegó al lugar con megáfonos, parlantes y cotillón, además de los cuidados necesarios para estos tiempos, como el uso de tapabocas. Díaz comentó que fue una muy linda experiencia y que tanto los padres como los niños que participaron del cumpleaños se integraron muy bien a la propuesta. Además, informó que ya mandaron a confeccionar tapabocas con el logo de Ludópolis para próximos encuentros. “Si bien en tiempos de normalidad preferimos los encuentros, de todas formas preferimos encontrarnos de algún modo, así que esta es una posibilidad” concluyó.

DONACIONES Desde Ludópolis se está impulsando una campaña solidaria para donar ropa de abrigo, de cama y alimentos no perecederos, a quienes lo necesitan. Las donaciones pueden entregarse en la papelería Graffiti (18 de Julio y Curbelo) o en Petrobrás (lunes a viernes de 9 a 16 horas), ambos lugares en San Carlos. Además, se puede solicitar el retiro de las donaciones a domicilio al teléfono: 099 494 045.
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