mieresPor Pablo Mieres

La mayoría de la población está en contra de que el próximo gobierno tenga mayoría parlamentaria de su propio partido. Esta constatación nos alegra mucho, hace un año y medio la opinión ciudadana era otra.

Nosotros desde que comenzamos nuestra campaña electoral pusimos el acento en la necesidad de que los ciudadanos le quiten la mayoría absoluta al partido de gobierno debido al uso y abuso que se ha hecho de esta mayoría.

Desde que planteamos el tema y explicamos nuestros argumentos, el funcionamiento de la mayoría absoluta regimentada del Frente Amplio no ha hecho otra cosa que darnos la razón. En efecto, se votaron más leyes inconstitucionales, se impidió la investigación sobre temas evidentes y se ha mantenido una postura de defender lo indefendible en las comparecencias de los ministros ante el Parlamento.

En efecto, en marzo de este año la mayoría frenteamplista regimentada votó con “mano de yeso” una ley que era a todas luces inconstitucional (la ley que establece la responsabilidad penal del empleador por accidentes laborales de sus empleados). Fue el colmo del doble discurso; todos los legisladores del Frente Líber Seregni señalaron que se trataba de una ley inconstitucional, pero a la hora de votar acataron el mandato de la disciplina partidaria y votaron unánimemente en contra de sus convicciones institucionales. Vergonzoso, la disciplina partidaria por encima del respeto a la Constitución.

Hace pocas semanas la justicia procesó al Director de ASSE, Alfredo Silva, por conjunción del interés público con el interés privado y a uno de sus subordinados lo procesó con prisión. Estos procesamientos ocurrieron luego de que tres años atrás se presentaran pruebas en el Parlamento y se solicitara la creación de una Comisión Investigadora. Todos y cada uno de los legisladores del gobierno se abroquelaron bloqueando la investigación y haciendo oídos sordos a la evidencia que tenían delante. La Junta Anticorrupción emitió un informe señalando que había que investigar lo que estaba ocurriendo, sin embargo el partido de gobierno “barrió para debajo de la alfombra” y miró para otro lado.

Lo mismo había ocurrido un tiempo atrás con PLUNA, también se había solicitado la formación de una Comisión Investigadora y se negó en forma cerrada por parte de todos los legisladores frenteamplistas.

Constatada la gravísima situación de descontrol existente en ASSE, a la que se agregan nuevas denuncias, la Ministra de Salud Pública compareció ante el Parlamento y toda la bancada oficialista declaró satisfactorias sus explicaciones y la exoneró de toda responsabilidad.

En definitiva, un Parlamento inoperante que se ha convertido en una simple “polea de trasmisión” del gobierno y del partido de gobierno. Un Parlamento que ha dejado de cumplir con el mandato constitucional de controlar al Poder Ejecutivo.

Pero debemos ir más allá. El Frente Amplio llegó al gobierno con la promesa de cambiar las viejas formas de hacer política, dejar atrás los acomodos, el clientelismo, la cuotificación, los episodios de corrupción y los manejos irregulares de la gestión pública. Una buena parte del éxito electoral del Frente Amplio se debió a su compromiso ético.

Sin embargo, el mareo del poder ha hecho su trabajo. La gestión de gobierno del Frente Amplio incurrió en todos y cada uno de los vicios de la política que antes denunciaba. Hoy se observa una fuerte propensión a mantener el gobierno como un fin en sí mismo.

El poder genera adicción. La lógica del partido se vuelve superior a los objetivos generales del país. Se incrementa la imagen del Frente que gobierna para sus amigos y para su beneficio propio y se reduce la vieja propuesta del gobierno para los uruguayos y al servicio del país.

Por eso es tan esencial que no haya nuevamente mayoría absoluta. ¿Se imaginan cómo recibirían aquellos que se han engolosinado con el poder un nuevo mandato mayoritario?

Tampoco debe extenderse un mandato de mayoría a blancos y colorados. No hay que tener la memoria corta. Por las dudas, para que los uruguayos no se olviden, los episodios recientes ocurridos con el Vicepresidente de la Junta Departamental de Durazno o las acusaciones sobre el Intendente de Cerro Largo nos recuerdan que la alternativa no es volver atrás.

También se ha caído la idea de que la garantía de la sensatez está dentro del Frente Amplio, nada han impedido los que reclamaban el apoyo para dar tranquilidad política, pero además, han formado parte del desborde de poder.

Es imprescindible que se mande una señal de freno. Vamos a parar la mano, hay que poner límites. Nosotros pedimos el apoyo para poner límites a los abusos, para reivindicar el control parlamentario, para dar gobernabilidad pero no a cualquier precio. Es imprescindible que se controle al futuro gobierno desde fuera de las estructuras partidarias que lo lleven al poder.

Necesitamos un presidente que tenga que buscar acuerdos más amplios, que deba comprometerse con un conjunto de valores sobre las formas de hacer política. Es necesario “ponerle el cascabel al gato”. De otro modo, con una nueva ratificación de mayoría absoluta los casos como PLUNA o ASSE se multiplicarán inevitablemente.

Hay que parar la mano. Hay que poner límites y esa oportunidad se define el 26 de octubre cuando los uruguayos elijamos un nuevo Parlamento. Plural, firme y que recupere su capacidad de control sobre el Poder Ejecutivo.

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