“¿Enseñanza de qué…?”, por Ricardo Garzón

Aquí lo que se viene gestando, intentando, y aplicando hasta donde se pueda, generación docente tras generación, es entregar sin prisa y sin pausa la Educación al populismo y a la ignorancia, enemigos ambos de nuestro sistema.
Los docentes militantes que revistan en la Educación, y aquellos agrupados en las gremiales docentes, tienen enorme responsabilidad en el deterioro generalizado e ininterrumpido que viene exhibiendo la Enseñanza a través de las décadas. Han sido, y son, principales responsables de los paros y huelgas que vienen perfeccionando ese collar de ineptitud que destacan, sobre todo, maestros y profesores sindicalizados de la enseñanza escolar y media. Desde tiempo inmemorial, la prostituida Gremial de Profesores derivada en FENAPES, (Federación Nacional de Profesores), que exhibe sin recato acompañamiento legislativo, viene destruyendo sistemáticamente la estructura vareliana y republicana de la Enseñanza.
“No recuerdo un año en que los sindicatos docentes hayan dejado de hacer un paro de actividades el primer día de clase” ha acusado y en reiteración el ministro de Trabajo, ante el silencio cómplice mantenido por el PIT CNT.
Pero vamos; a no confundirse. Aquí lo que se viene gestando, intentando, y aplicando hasta donde se pueda, generación docente tras generación, es entregar sin prisa y sin pausa la Educación al populismo y a la ignorancia, enemigos ambos de nuestro sistema.
A la consigna, “cuanto peor mejor”, el andar nacional fue acompañado a través de las décadas por la ignorancia popular permanentemente inducida, que tuvo inicio documentado en los docentes levantiscos de los años 60.

Como si fuese ayer, los años 60 constituyeron el inicio de la labor devastadora que pautó el nacimiento con defecto congénito de la Gremial de Profesores, alumbramiento para el olvido que cobijó a socialistas, comunistas y tupamaros. Ellos son quienes fomentaron y promovieron las huelgas, ocupaciones, piquetes y contracursos, relajo generalizado con vocación de letanía: “obreros y estudiantes, unidos y adelante!”

Es tal el consuetudinario desquicio, que una multitud de niños desertores de la Educación ni estudian ni trabajan. La población se embrutece en proliferación de asentamientos, y la Fenapes mantiene a rajatabla los relegados, insuficientes y por demás obsoletos programas educativos en todos los niveles de la Educación.
Por cierto, que la culpa no la tiene la pandemia. La autonomía de la Enseñanza, endiosada y desvirtuada en el universo estudiantil, político, docente y sindical, ha constituido y constituye un fracaso secular medido en décadas perdidas a nivel de la Enseñanza Primaria, Secundaria y Universidad del Trabajo del Uruguay.
Hace rato que los docentes debieron haber sido apartados de la conducción de la Enseñanza, y que el cuerpo estudiantil de todos los niveles debiera de ser instruido con las exigencias educativas de la hora; acceder al conocimiento de los adelantos contemporáneos, y desprenderse de una vez por todas de aquellas asignaturas cuya instrucción y dictado fue superado por los tiempos.
Reformular los planes de estudio constituye insoslayable obligación.
Por lo expuesto, debe considerarse saludable que la coalición haya puesto sus ojos sobre la Educación en todos sus niveles, ensayando una reforma materializada en ley que elimina, entre otros, los colegiados inconducentes, probadamente inútiles.
Por voluntad de una porción del electorado, aguardará o no la ratificación ciudadana mediante el instrumento de democracia directa, referéndum. Claro está, quizás no sea la única consulta popular, como ocurrió con la ley de caducidad. El abuso de los medios impugnatorios trae solo incertidumbre y el debilitamiento de las instituciones. Esperemos, sea cual fuere el resultado, no se levanten vientos de soberbia ideológica que fracturen cada vez más a una sociedad partida al medio, y a un elenco político-legislativo de pico y pala que no recogió el guante de paz ofrecido generosamente y con austeridad republicana por el presidente de la República.

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