crisis

 

Florencia Sáder

Desde Grecia

Cuando elegí venir a pasar unos días a Mykonos con una amiga que es prácticamente local en esta isla, poco me imaginaba que iba a estar en Grecia en un momento histórico. No sólo tuve la oportunidad de darme baños de mar en las aguas azul profundo del Egeo, disfrutar de la sabrosa gastronomía local y recorrer las laberínticas calles azules y blancas de la zona del puerto de Mykonos, fui testigo de una semana clave para este hermoso país. Como todo centro turístico, la vida transcurre en un limbo hedonista, un poco fuera del mundo. No vi nada parecido a las manifestaciones de Atenas que se ven por televisión, apenas un mal disimulado malhumor entre los locales y una palpable incertidumbre reflejada en las millones de televisiones y radios encendidas con noticias en inteligible griego las veinticuatro horas del día. Grecia enfrenta el dilema: se aprieta el cinturón, suelta el lastre de demasiados empleados públicos, abandona la demagogia, adopta una política fiscal más estricta, paga sus deudas, empieza a hacer las cosas con más prolijidad, o se cae de Europa. Cabalgando entre oriente y occidente, este país mantiene su belleza salvaje porque prácticamente se salteó el renacimiento, según palabras de mi anfitrión griego. Es especialmente preocupante su situación geográfica, con vecinos como Albania, Macedonia, Turquía y Bulgaria, lo une a Europa un precario cordón que puede ser cercenado el primer domingo de julio: el euro. Grecia atrae a unos dieciocho millones de turistas por año, según datos del Mundial, siendo esta su principal industria. La tensa espera de la decisión del pueblo griego en el plebiscito del domingo 5 de julio, va corroyendo los nervios, en una semana no apta para cardíacos. El domingo se volcarán a las urnas desde todos los rincones del país para votar por el “Ne”(si) o por el “Oji” (no). Este último es lo que promueve el gobierno de Alexis Tsipras, el Primer Ministro griego de 38 años, electo hace apenas seis meses, luego de un vertiginoso ascenso de su partido el Syrizas, una coalición de izquierda. Según palabras de Tsipras, un respaldo del pueblo al “no” les daría más fuerza para negociar unas mejores condiciones para renegociar la deuda que el país tiene con sus acreedores. Apelando al orgullo y el nacionalismo griego el “oji” lleva el pomposo lema de “Por la dignidad y la democracia”. El “si” promovido por una minoría de la oposición, intelectuales e independientes, asegura la permanencia de Grecia en la euro-zona y la aceptación de las condiciones propuestas por los acreedores. Los entendidos dicen que este es un punto de inflexión para el pueblo griego, que estrena gobierno de izquierda. Si sale el “no”, esto los deja en una incertidumbre aún mayor de la se encuentran, ya que están viviendo una suerte de corralito rioplatense, con los bancos cerrados, pudiendo retirar apenas unos sesenta euros por persona por día de los cajeros automáticos. Todos se preguntan qué será de los depósitos en los bancos, mientras la desconfianza crece y crece, a pesar de los intentos oficialistas de tranquilizar a la población. En la apacible Mykonos, los signos de la crisis son casi imperceptibles. Esta isla de casi 90 kilómetros cuadrados perteneciente al archipiélago de las Cíclades, se encuentra a una escasa media hora en avión de Atenas. Es una de las más visitadas por turistas de todo el mundo. Con una población estable de unos diez mil habitantes, llega a recibir en los meses de verano entre 600.000 y 1000.000 visitantes. Famosa por su vida nocturna, es destino obligado de los ricos y famosos del mundo entero. Mientras empieza a llegar el grueso de los turistas con ganas de sol, mar y diversión, se oye el murmullo de la discusión de los locales en el musical idioma griego, que no se despegan de los aparatos de televisión, pendientes del próximo anuncio. Queda esperar los resultados de los comicios del domingo, encomendarse a los dioses para que esta tragedia griega tenga una resolución favorable, y este maravilloso país, cuna de Sócrates y Pericles, decida su destino a consciencia.

 

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