“Festival Internacional de Cine de Punta del Este: un obstáculo que puede convertirse en oportunidad”, por Alejandrina Morelli

La lamentable e inesperada pérdida de Jorge Jellinek, que falleció hace un par de meses de un ataque al corazón, deja vacante la delicada tarea de programar el Festival Internacional de Cine de Punta del Este.
En un caso así, ante un obstáculo insoslayable, se puede tratar de lograr encontrar lo más parecido a lo que estaba antes, o aprovechar esta desgracia como una oportunidad para crecer y enfocar el Festival a un destino que nos enorgullezca y que tenga la virtud de lograr cada año más apoyos, cada año nuevos objetivos, cada año más prestigio.
Nuevamente vuelve a plantearse la gran pregunta, ¿Por qué Maldonado tiene que invertir altas sumas para hacer un Festival Internacional? En las grandes ciudades el objetivo suele apuntar a la educación y a la formación del público, al conocimiento de filmes que no figuran en las carteleras comerciales. Si este fuera el único objetivo el Festival tendría que hacerse en baja temporada, cuando los estudiantes están en plena actividad y cuando la población local no está abarrotada de trabajo como para disfrutar del cine.
Mauricio Litman sabía muy bien qué quería cuando se decidió a hacer el primer Festival Internacional, en 1951. Tenía una urbanización para vender a varias cuadras de la playa, en una época en que eso podía ser un grave inconveniente para vender los lotes o sus simpáticos bungalows. No podía acercar el mar pero se dio cuenta que podía hacer del Cantegril Country Club un lugar de encuentro y el centro de la actividad social del balneario, con fiestas y espectáculos. ¿Qué mejor condimento al glamour y encanto de estos encuentros que los artistas más renombrados de la época nadando en su piscina o bailando en sus salones?
Litman, un intuitivo visionario, no tuvo que hacer la cuenta. Que en tal o cual bungalow hubiera pasado una semana Ives Montand o Jeanne Moreau, que en tal alcoba durmiera plácidamente la bella francesita Marina Vlady, que la Negra Bozán saliera en los diarios tomando un trago en los jardines del Country – por nombrar solo algunas de las figuras que estuvieron- le daba un plus a la venta del fraccionamiento que no hubiera podido lograr de otra manera. No fue un frío calculo comercial fue una intuición hecha realidad. Los ojos del mundo se posaron sobre el barrio Cantegril y los periodistas se peleaban por conseguir fotos y notas con los artistas. Y todo Punta del Este se iluminó con esa fama porque los artistas fueron invitados a fiestas, playas y paseos. Los recibió Eduardo Víctor Haedo en La Azotea, visitaron la Isla Gorriti…
Litman – a quién conocí de niña cuando jugaba con sus hijos en el CCC- era un hombre de su tiempo y siempre aceptó los desafíos, aún el último que le propuso nuestro balneario y su gente: traernos el primer Hotel cinco estrellas, un sueño que no pudo llegar a ver cumplido.
Muchos años más tarde Carlos Morelli, crítico de cine del Diario Clarín y conductor, con Rómulo Berruti, de un exitoso programa de televisión sobre cine, trajo una propuesta a Punta del Este. Recuerdo cuando se lo planteó a Ricardo Dutra, en el bar de la esquina de Gorlero y la treinta, Il Grecco en una época y ahora Blas. Seguramente no sabían que yo estaba en la mesa de al lado. O si lo sabía no era importante porque yo apenas era una joven periodista argentina.
Cabe aclarar que llevamos el mismo apellido pero no somos parientes. En Buenos Aires compartimos la profesión lo que dio lugar a muchos malos entendidos. De hecho lo conocí cuando llegué a un aeropuerto y a tomar un avión invitada a un festival de cine y él tenía el asiento de al lado. ¡Los organizadores pensaban que éramos marido y mujer!
Carlos Morelli también tenía muy claros sus objetivos. Le propuso al Instituto de Cine de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales de España promocionar películas españolas en Argentina y distribuirlas él mismo. ¿Qué mejor plataforma de lanzamiento hacia la república hermana que Punta del Este?
A tal punto estaba focalizado en “vender” cine español a Argentina que al primer festival invitó a varios periodistas de los grandes medios de Buenos Aires y a ninguno de Montevideo, un error que subsanamos con Forlán Lamarque y el apoyo del dueño del cine Libertador, que negoció con la intendencia una baja en los impuesto a cambio del alojamiento a los periodistas.
El período de Morelli también fue de gran brillo y despliegue. Aunque no terminaron bien las cosas nos legó: experiencia, un equipo formado y un nombre “Un cine de Punta” que no volvió a usarse.
Con el gobierno del Frente Amplio se hicieron varias experiencias, (en algunas formé parte y queda mal que yo hable de los éxitos) hasta que se acordó con Cinemateca, una entidad a la que ningún uruguayo que ame el cine puede no guardarle respeto y agradecimiento.
Cinemateca encapsuló al festival. Se acabaron las fiestas, las notas especiales en playas y paseos, el brillo en fiestas y recepciones. La entidad tenía sus objetivos: fortalecer sus vínculos internacionales, agasajar a directores, productores y distribuidores con los que trabajaban hace años, y obviamente, poder cobrar cierto dinero para poder sostener un proyecto que amenazaba con derrumbarse y que finalmente ha podido encausarse. Maldonado fue, otra vez, una fuente de sostenimiento de proyectos de Montevideo.
Es tiempo que el Festival se inserte en Punta del Este, que aproveche la condición natural de este balneario de ser vidriera de modas, arte y buen gusto, que se nutra del “glamour”, la elegancia, e incluso de la frivolidad y la farándula. Ese es nuestro diferencial y parte de lo que nos caracteriza. La prensa se pelea por tener primicias sobre artistas, fiestas, y lanzamientos de productos y esto podría ser aprovechado por el Festival.
Estamos en muy buena relación con Gramado y con el cine de Brasil, lo cual es fundamental porque tenemos medio millón de turistas brasileros, las novelas de este país son muy consumidas y nos interesa acrecentar la corriente turística que potencialmente puede incrementarse.
Pero parece que diéramos la espalda a Argentina. Tenemos por año 2.500 000 turistas de ese país, el teatro, el cine y la televisión, y en general las artes, se nutren de obras y artistas de la vecina orilla y cada verano llegan periodistas de casi todos los medios argentinos a cubrir temporada que viene por su cuenta y cargo.
De Litman tomaría el objetivo de promover el destino turístico, de Morelli la clara visión de que Punta del Este es una vidriera a la Argentina y la aprovecharía para promover en lugar del cine español el cine uruguayo y, finalmente, de Cinemateca los siempre buenos aportes para acrecentar nuestra cultura cinematográfica y artística en general dando acceso al público a los valores espirituales y creativos del cine autoral
Sin duda es un fuerte desafío, pero esta administración ha demostrado capacidad para sostener y mejorar el festival lo importante ahora sería corregir el rumbo.
Hay cambios enormes que están ocurriendo en el mundo de los festivales. Venecia acaba de ungir a “Jocker”, el villano de Batman, dirigida por Todd Phillips con un presupuesto de 55 millones de dólares y hasta los festivales que se precian de “independientes” (como Locarno o BAFICI) van cambiando su criterio y dejan atrás ciertos prejuicios para arriesgar en otros campos.
El festival puede ser un gran bastión para posicionar nuestro cine a nivel internacional, para dar visibilidad a Punta del Este con lo mejor de su esplendor, y para crear una corriente propia de turistas que vengan especialmente a disfrutar de la gran movida que genera un buen festival.
Ojalá así sea.

*Alejandrina Morelli es periodista, licenciada en Historia Contemporánea en la Universidad Central de Barcelona en dónde preparó su tesis sobre cine con el Profesor Miguel Porter. Tiene también el título de Postgrado en Gestión Cultural de FLACSO. Dirigió el Festival de Cine Internacional de Punta del Este en su 10° y 11° junto a Roxana Ukmar y antes dio origen y dirigió varios festivales de cine en Punta del Este: Festival de Preestrenos de Cine Argentino, MERCOCINE y Festival de Cine Judío. En Buenos Aires coordinó el Espacio Uruguay en La Mujer y el Cine y el Festival de Derechos Humanos.