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Por el Cr. Ricardo Puglia

La ministra de Industria, Carolina Cosse, señaló: “solo por temas estructurales se podrían haber abatido los precios de UTE, pero lo que sucede es que los temas estructurales no son los únicos que hay que tener en cuenta a la hora de fijar las tarifas. Es necesario lograr un equilibrio e incorporar temas como el tipo de cambio, la inflación, los consejos de salarios y el índice de aumento del petróleo previsto de forma colateral y esto es lo que junto con el compromiso de la empresa con Rentas Generales ha llevado a aumentar 9,85% parejo para todos”.

A declaración de parte relevo de prueba. La ministra en un acto de honestidad intelectual reconoce la exigencia del MEF (Astori) de elevar las tarifas por encima de los costos naturales para contribuir desde UTE a paliar el sideral déficit fiscal provocado por todos los años de la Administración Mujica y por los nuevos déficits de la actual administración que nos tendrán en vilo durante los próximos cuatro años según la ley de presupuesto quinquenal aprobada a fines de 2015.

El criterio del MEF es extensivo a todas las tarifas públicas aplicadas por las empresas del Estado donde los contribuyentes, además del IVA, del IRAE, del Impuesto a la Renta a los Jubilados y el IMESI debemos volver a pagar los mismos-incluido el Impuesto al Patrimonio- sobre nuestros consumos de energía, combustible, agua potable y saneamiento, llamadas telefónicas fijas, móviles e internet entre otras.

Todas estas empresas son monopólicas a excepción de una parte de la generación de energía eléctrica y algunos servicios de telefonía móvil y de transmisión de datos. La llamada Reforma del Estado que se comprometieron en todas las administraciones frentistas no aparece y cada vez son mayores los gastos de un Estado gordo, devorador de los recursos de la gente, para llevar adelante un Estado Socialista que todo lo puede sin ningún límite en el uso y abuso de nuestros recursos.

Existen muchas teorías y puntos de vista diferentes sobre cuál debe ser el rol de las empresas públicas. No obstante, no hay nadie en la Administración Vázquez capaz de encarar un trabajo serio y paulatino de reducción de los gastos del Estado, redefiniendo nuevos roles, acortando los onerosos servicios de la burocracia estatal para brindar a la población servicios eficaces de bajos costos.

Las exigencias de la población son decenas de miles y no todas o la mayoría pueden ser atendidas. Vemos como los gastos publicitarios, los viajes al exterior, el sobredimensionamiento de la plantilla estatal, la falta de control de los gastos y la pésima gestión de los responsables de estas empresas no contribuye a reducir los costos de la canasta familiar ni al desarrollo natural de nuevas empresas, sean nacionales o extranjeras.

Un viejo refrán dice: “el ahorro es la base de la fortuna” y los republicanos franceses establecieron el concepto de “administrar como un buen padre de familia”.

Nos esperan cuatro años más de gobierno socialista que basa su postura en la economía estatal, – no hay competencia -creando una gran bolsa de trabajo privilegiada para asegurar votos- y con tarifas que no responden a los costos estructurales sino con tarifas que responden a sus necesidades de caja por el mal uso pasado de los recursos o por programas actuales de muy poco beneficio para la población con astronómicos sueldos de directores y colaboradores.

En mi opinión, los monopolios del Estado deben asegurar a través de sus tarifas los gastos corrientes para su funcionamiento, la cuota parte anual de inversiones para el mejoramiento de sus servicios y un porcentaje de imprevistos.

Se deben dejar de gravar las tarifas con el Impuesto al Valor Agregado, y ser exonerados del Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas, el IMESI y el Impuesto al Patrimonio, todos ellos ajenos a los fines para que fueron creados en favor de la sociedad.

Es necesario un plebiscito, actuando la ciudadanía en la forma de una democracia directa que permita que estos impuestos a la población aplicados por las empresas públicas dejen de hacerlo.

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