Homenajearon a Tola Invernizzi a los 100 años de su nacimiento

 

Al cumplirse 100 años del natalicio de José Luis Invernizzi Taddei, conocido popularmente como “el Tola”, el edil del MPP Joaquín Garlo lo recordó como “un hombre ejemplar” y lo homenajeó en el seno del legislativo departamental. Invernizzi, según se sabe, fue un connotado artista plástico y un destacado militante del viejo Partido Comunista que vivió largos años en Piriápolis.
“Nació con la primavera de 1918, y con él nació el apodo que lo acompañaría toda la vida: tal era la alegría por el nacimiento del hijo varón que los gritos de “¡Nació un pistola! ¡Nació un pistola!” inundaron la casa. Nacía, hace 100 años en Montevideo, el Tola”, contó el edil.
“Según él mismo, su infancia era un pequeño libro escondido en la biblioteca, entre volúmenes de mayor tamaño. Pequeño libro esa infancia donde ya se dejaban ver elementos fundamentales de su personalidad, su carácter decidido y tenaz, su habilidad para las matemáticas, y su amor por el arte. Creía recordar que su vocación por la pintura surgió de retratos de unos monjes franciscanos vistos en su infancia, y fue alrededor de los 10 años que sobre los azulejos de la cocina de su casa pintó un Cristo, grande y expresivo, con los carbones de la cocina económica. Observaba con atención a quienes entraban y salían del círculo ‘Amigos del Arte’ a pocas cuadras de su casa, y comenzó a escaparse del liceo para ir al Museo de Bellas Artes del Parque Rodó a empaparse de las obras de Blanes, Herrera, Cúneo, Blanes Viale, quedando deslumbrado por el trabajo de Carlos Federico Sáez”, evocó.
Garlo recordó la juventud revoltosa y bohemia del personaje y su temprana afiliación al comunismo. “Cuando el Golpe de Estado dado por Gabriel Terra en 1931, Julio César Grauert llamó a formar milicias armadas para resistirlo y fundó el grupo ‘Avanzar’, al cual Tola se adhirió casi inmediatamente”, señaló. También recordó su participación en “la Asociación Estudiantil Roja, el ala revolucionaria de la Federación de Estudiantes, adhesión sobre la que a los años Tola comentaría que ignoraba si se debió a motivos ideológicos ‘o a unas muchachas espectaculares que militaban allí’”.

Amistades
Entre muchas otras cosas, el edil recordó que “ya en la década del ’40” Tola frecuentaba el Café Metro, en la Plaza Libertad, donde “compartía las mesas con Paco Espínola, Onetti, Martínez Moreno, Liber Falco, los hermanos Flores Mora, Carlos Maggi, Cabrerita, entre tantos otros referentes de las letras y el arte”.
“En 1947 el Tola trabajó en Argentina en la película ‘El que recibe las bofetadas’, de Narciso Ibáñez Menta, siendo por su impresionante físico el levantador de pesas de un circo. Fallecido el padre del Tola, su madre se traslada a Piriápolis trabajando el Hotel Italia. Aseguran quienes lo vieron que por ese entonces Tola era un atractivo más del Hotel y hasta del balneario, ‘de una belleza impresionante’, ‘un David’ seductor. No pasaba desapercibido, su naturaleza sociable y bondadosa hacia que fuese querido por todos. Apasionado por el mar, se tiraba al agua sea invierno o verano, ya sea vestido o desnudo. Recibía el apodo de Tarzán. Dicen que encallado un barco en la bahía, cazó un balde de pintura y nadó hasta él, siendo tema discutido lo que en su casco pintó: Viva Vietnam, Viva Cuba o la bandera del Partido, eso no importa”, comentó.

Por la comunidad
Con los años, recordó el edil, Tola se casó con Emilia Alperovich, arquitecta e hija de inmigrantes rusos. Fue en 1950. “Invernizzi encontró en el amor a esa mujer, con la que compartía su inclinación social y comunitaria, un anclaje a la tierra. Junto a Milka trabajaron por Piriápolis en la sala de primeros auxilios, la escuela, el liceo, y en toda clase de actividades honorarias. Su habilidad para las matemáticas y la necesidad de economizar un ingeniero en las obras lo llevó a hacer calculista de hormigón y luego de inaugurado el Liceo Popular de Piriápolis, que lleva actualmente su nombre, a ser durante dos años su profesor de matemáticas”, dijo Garlo.
“El Tola era ya un mito de Piriápolis. Contaba Mario Levrero que cuando dijo que pasaría una temporada en el balneario, sus amigos le fueron muy claro: ‘Si te sentís enfermo no llames al médico, llamá al Tola Invernizzi. Si tu casa se prende fuego, no llames a los bomberos; llamá al Tola Invernizzi’, y Levrero lo comprobó, ‘así funcionaban las cosas en Piriápolis’, dijo”.
“No era un caudillo ni un líder del pueblo, era un tipo que se entregaba a la comunidad, que iba dando de sí y de sus cosas a todo el mundo, sin buscar ningún rédito ni nada a cambio. Tola y Milka reformaron ad honorem la comisaría del pueblo en 1967, y construyeron un nuevo calabozo. Entre pala y pala, el Tola dijo a los policías: ‘este calabozo lo voy a estrenar yo’. Poco tiempo después, y ante los rumores de un golpe de Estado, Tola corrió a buscar a su amigo Policho con una idea urgente: imprimir unos volantes contra el golpe y salir a repartirlos. Y así fue, a primera hora salieron en el jeep del Tola por las calles volanteando, siendo delatados por el ruidaje del motor. La policía los detuvo y el Tola efectivamente inauguró el calabozo que construyó”, contó Garlo.
“En las elecciones de 1971 el Tola fue electo edil de esta Junta Departamental por el FIDEL, junto a Carlos Julio Barrios, Gustavo “Policho” Sosa, Horacio Gelós Bonilla, entre otros compañeros suplentes. En su actividad legislativa, el Tola supo equilibrar los compromisos de esta Junta en esos duros tiempos que se vivían, participando de forma activa y comprometida, con gran nivel y responsabilidad. Se templó en el arte de perder la mayoría de las votaciones, y no titubeó en sumarse al oficialismo de la época si la decisión era criteriosa y correcta”, señaló el edil. “Y quiero expresar que el hecho de que esta Junta haya aprobado casi por unanimidad este homenaje al Tola Invernizzi es un hecho de Justicia. Porque en Junio de 1973, días antes del golpe de Estado cívico-militar, Milka y el Tola fueron detenidos e incomunicados, y él torturado, en el Batallón de Ingenieros N° 4 de Laguna del Sauce. Frente a esta situación, Policho Sosa, Edil de esta Junta, solicitó al Plenario el 22 de Junio de 1973 que “se cursen notas a los Ministerios de Defensa Nacional e Interior, a los efectos de que se informe sobre las razones de la detención” del Tola y su esposa, así como sobre su estado de salud. La moción se votó: 9 votos en 26, negativo. La Junta negó enviar unas modestas notas para saber sobre las condiciones de un compañero ilegítimamente privado de su libertad”, refirió.

El abuelo pícaro
El edil recordó que “durante su última década de vida, fue docente en la Escuela Nacional de Bellas Artes”, donde se desempeñó como “una especie de abuelo pícaro y cómplice. Se comprometía con los procesos creativos de los estudiantes más que con los resultados, se involucraba y vivía las dificultades con el otro. Solía decir que la Escuela le había regalado diez años de vida. En cuanto a la pintura, Tola se formó como autodidacta, gracias a esa capacidad envidiable de mirar, admirar lo ajeno, y sobre todo escuchar al otro. Consultado sobre si tuviese que elegir perder uno de los cinco sentidos contestó; ‘la vista, porque lo único que me aterra es dejar de escuchar a la gente’”, indicó.
“Su primera exposición, en Buenos Aires en 1950, fue conceptuada por la crítica de la época como ‘otro gol uruguayo’. A lo largo de su vida, la obra del Tola se mantuvo al margen de los circuitos tradicionales de la pintura, exponiendo más en comités de base, sindicatos, cafés, y gimnasios que en galerías de arte. Hoy la obra del Tola Invernizzi llega por primera vez al Museo Nacional de Artes Visuales, ese del Parque Rodó donde se enamoró de la obra de Sáez y forjó su pasión por la pintura. Asimismo, se reeditó la biografía escrita por Carlos María Domínguez, “La rebelión de la ternura”, que junto a la obra de Alicia Haber fueron recursos bibliográficos fundamentales para ese homenaje”, indicó.
Tola Invernizzi falleció un 16 de marzo de 2001; “un joven pintor murió de viejo sin llegar a madurar”, dijo Joaquín Garlo. “¿Por qué recordar al Tola Invernizzi? ¿Por qué volver a pasar por el corazón todas estas anécdotas e historias? Porque mantener viva la figura del Tola, difundir su obra, su humanidad, su responsabilidad, su sencillez y su grandeza, constituyen una necesidad en estos tiempos actuales del sacudido mundo del siglo XXI en el que vivimos”, concluyó el legislador.