ferrerEl poeta uruguayo Horacio Ferrer, autor de la célebre Balada para aun loco, con musica de Ástor Piazzolla, estará hoy en el hotel Conrad participando del Ciclo Especial de Tango que se desarrolla en el marco del 7º Festival de Cine del Mar.

Pensado en homenaje a Aníbal Troilo, el ciclo permitirá ver varias producciones sobre el bandoneonista y compositor, “Los Guardianes del Angel” (primer documental realizado sobre la vida de Troilo) de Adrián Lorenzo y Juan Pablo Martinez, clásicos como “Los tres berretines”y además, en exhibición especial, la excelente película “Café de Los Maestros”, de Miguel Kohan producida por Gustavo Santaolalla
Ferrer realizará brindará también, entre otras actividades, la conferencia “Tango: 100 años hasta aquí” en la que participará junto el prestigioso autor y compositor Nelson Pilosof y Miguel Kohan.

Rioplatense

Horacio Arturo Ferrer Ezcurra nació en Montevideo el 2 de junio de 1933. Además de escritor y poeta ha escrito obras sobrehistoria del tango uruguayo. Compuso más de doscientas canciones y escribió varios libros de poesía e historia del tango. Es especialmente famoso por los tangos canciones realizados con Piazzolla, como “Balada para un loco” -incluida entre las 100 mejores canciones latinas de la historia-, “Chiquilín de Bachín” y de la operita “María de Buenos Aires.

Actualmente es presidente de la Academia Nacional del Tangoen la República Argentina.

Ferrer nació en el seno de padre uruguayo y madre argentina. Su padre, Horacio Ferrer Pérez, era profesor de Historia y su madre, Alicia Ezcurra Franccini, 11 años mayor que su marido, sabía más de cuatro idiomas y era sobrina biznieta de Juan Manuel de Rosas. Su madre y de su abuelo eran aficionados a la poesía y habían conocido personalmente a Rubén Darío,Amado Nervo y Federico García Lorca.

Realizó estudios de arquitectura que no llegó a finalizar. Pero obtendría un buen empleo en esa casa de estudios, siendo designado secretario de la misma, que junto a su trabajo como periodista del diario El Día, le garantizaron la seguridad económica.

Musa canyengue

En los años 50, con poco más de veinte años, Ferrer fue uno de los realizadores del programa Selección de Tangos, en la radio montevideana, con el fin de defender las nuevas tendencias tangueras y del grupo El Club de la Guardia Nueva, para organizar recitales en Montevideo de los músicos que estaban revolucionando el tango, como Aníbal Trolio, Horacio Salgán y, en especial, Piazzolla, por entonces líder del famoso Octeto Buenos Aires. A partir de entonces Ferrer dirigió programas radiales de tango por el Sodre.

En 1967, con 34 años, se decide a publicar su primer libro de poemas, Romancero canyengue, que presentó recitándolo acompañado por el guitarrista Agustín Carlevaro. A fines de ese año ya estaba radicado en Buenos Aires, a una cuadra de la avenida Corrientes, corazón del mundo del espectáculo porteño. Pero siempre mantuvo también una casa en Montevideo.

Inmediatamente inició el trabajo con Piazzola que lo haría famoso. Piazzola venía buscando un poeta con quien crear obras poético-musicales. El resultado fue la creación de la monumental operita María de Buenos Aires, estrenada en 1968 en la Sala Planeta, con Héctor de Rosas y Amelita Baltar como cantantes, y el mismo Ferrer en el papel de El Duende.

“María de Buenos Aires” fue una sensación, con un tema instrumental como “Fuga y misterio” que adquirió la condición de clásico porteño. Renovó profundamente la canción argentina, tanto en el tango, como en el folklore y el rock. Los integrantes de Almendra, una de las bandas fundadoras del “rock nacional” argentino, fueron en grupo a ver la operita, aun antes de grabar su histórico primer álbum Almendra I.

Ya durante las presentaciones de María de Buenos Aires, Piazzolla y Ferrer comenzaron a componer canciones de tango con una estética completamente renovada. Entre ellas, en 1969, “Chiquilín de Bachín”.

En el segundo semestre de 1969, Ferrer le lleva a Piazzola una frase: “ya sé que estoy piantao…”. Así surgió una de las canciones más populares de la música argentina, que además sacudiría los fundamentos de la canción rioplatense. El resultado fue una balada con ritmo de valsecito y dos recitados hechos a la medida de la expresividad de Amelita Baltar, por entonces esposa de Piazzola.

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