“Hoy no se fía, mañana sí”, por David Rabinovich

-¿Dices que hubo cierta austeridad a la hora de comunicar los logros, faltó marketing? Le pregunta La Diaria a la Dra. Silvana Amoroso, elegida nueva presidenta de la mesa del FA en Maldonado. La interrogante -¿cuestionamiento?- ronda el magín de la gente de izquierda cuando se trae a colación fracasos electorales nacionales o departamentales, continuadores de sus victorias y sus gobiernos bastante mejores que los anteriores y los actuales de blancos o colorados.

 

La dirección de la campaña por el Sí contrató al publicista Esteban Valenti como ‘asesor’, aunque el veterano militante comunista se alejó primero de su partido y luego del Frente Amplio, al punto de convertirse en un duro crítico. La decisión generó comentarios, controversias y malestares, más allá de que agregue poco o mucho a la batalla de ideas rumbo al 27 de marzo.
Como en todos los órdenes de la vida, también en política la idea precede a la acción. Primero pensás que te gusta la rubia y luego la invitás a bailar. O no, si calculás que no está a tu alcance. De pronto sacás a la amiga, no tan bonita pero por eso mismo quizá te acepte el convite. Puede que termines casado con alguna de las dos, con otra o con ninguna. ¿De qué depende el éxito o el fracaso? ¿De tu esfuerzo, de la ´parla´ que lograste desplegar, de la pinta que llevás, de si llegaste en una ‘bemba’ o en una Yumbo? En política es igual, se comienza por la idea. Puede ser la búsqueda del bien común, la de un ‘carguito’ que te solucione la vida o el afán de protagonismo. ¿Valenti al frente de la campaña? Que no todas las ideas son iguales, está claro.
Pero si te metés a ´político’ porque te gusta el poder o sos simplemente ‘un figureti’ es muy distinto a esos casos en los que se plantea un problema en el laburo, la asamblea del sindicato se pica, te sorprendés hablando… La gente te apoya. La vida te lleva a ser dirigente sindical y en esa tarea descubrís que las decisiones que te afectan, las que duelen a todos y todas en el laburo se toman en los escritorios de dueños y gerentes. Protestar no es fácil, negociar menos, representar a otros puede ser ingrato. Y suele llegar el momento en que la militancia sindical se torna enfrentamiento con el sistema, que ampara abusos y fija reglas que te ponen en inferioridad de condiciones. Sobran ejemplos, buenos ejemplos, como Pereira, Andrade y tantos más. Que no todas las trayectorias son iguales, eso está claro.
Se llama conciencia de clase y son las condiciones de vida las que van modelando tu forma de pensar. Por ese camino también se llega a la política. Sobre la publicidad y las comunicaciones, en torno a la información, la política como tarea docente y los medios disponibles para desarrollar esas actividades, han corrido ríos de tinta y será dicho mucho más. El énfasis se puede poner en el acceso a los medios, en el relato que sostienen los más importantes, acorde a los intereses de sus dueños, y/o en el contenido: la claridad y el atractivo (interés real y forma inteligente de comunicar). ¿Qué define las elecciones entonces? ¿Qué hacer? Es la eterna pregunta.
Según las últimas cifras que conozco, un hogar de tres personas -en Montevideo- para no estar por debajo de la línea de pobreza, necesita tener $ 43.108 de ingresos. Al mismo núcleo familiar, en caso de vivir en el interior urbano, le alcanzaría con $. 28.730. La línea de la indigencia, para una persona en Montevideo, serían $ 4.332 y sólo $ 3.584 para el interior rural.
En Matemáticas un Conjunto se define por la extensión –el universo de sus integrantes -, y la comprensión –las condiciones para formar parte -. En la sociedad las diferencias están marcadas por la desigualdad en los bienes terrenales de cada uno y en los ingresos de los que disponemos. Que no todas las condiciones son iguales, eso está claro
Por un lado, estimamos que no es pobre un hogar si cada persona gana 15.000 pesos y por otro hay quienes creen que si a ese hogar le das 2 o 3 mil pesos, ya dejan de salir a laburar. No son consistentes ambas cosas, eso también está claro.
Entonces vienen con la idea de que está bueno cambiar, alternar. Que se puede hacer más cosas con menos gasto, para que “todos” vivamos mejor y con más “libertad”. “Comunican” muy bien esas ideas. Construyen lo que se llama un “relato” lleno de ‘corruptos, ineptos y ladrones’ que se han enriquecido a costa del pueblo. Prometen un futuro venturoso e inmediato: trabajo, viviendas, buenos sueldos y mejores jubilaciones, anuncian cortar privilegios indebidos, administración eficiente y honesta… Anuncian auditorías y las consecuentes sanciones para los funcionarios desleales. Si la distancia entre lo dicho y lo hecho se hace demasiado grande siempre se puede recurrir a la falta de tiempo, las dificultades que vienen de antes, los nuevos desafíos imprevistos… Dicen que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno, aunque surfeando olas de malestar, la antipolítica y la partidofobia, avanzan. Quizá algún día podamos debatir sobre la conciencia social, los consensos electorales y los proyectos económicos, políticos y sociales, pero eso requiere otros medios y diferentes ánimos.
¿Cómo se supera la manipulación mediática y de las redes, cómo se reivindica la política crítica, cómo se legitima la discusión sobre las transformaciones profundas tan necesarias de las relaciones de producción? ¿Cómo discutimos sobre “la desigualdad, en tanto empobrecimiento relativo de la mayoría social…”?
La derecha, cuando gobierna, impone políticas económicas al servicio de los más ricos: rebajas de impuestos a las grandes empresas, a quienes más ganan y a quienes más tienen; recortes de gasto público; políticas de privatización y deterioro de los servicios públicos. Sumado a reformas y medidas facilitadoras de la explotación laboral. Las izquierdas suelen tener que transar: Internamente, porque hay sectores radicalmente anticapitalistas y otros progresistas o socialdemócratas; en los parlamentos donde no siempre tienen mayoría, con sectores conservadores de la sociedad que manejan la economía y los medios o responden a convicciones religiosas mientras enfrentan a las mafias que trafican con drogas, armas, personas… En particular las izquierdas en el gobierno son particularmente agredidas por el mundo de las finanzas en un terreno en el que ‘todo vale’ porque ese mundo no tiene normas éticas ni morales de clase alguna.
En el plano cultural se asocia la libertad de consumir con la libre empresa que ni en medio de la mayor de las catástrofes renuncia a ‘su rentabilidad’.
Se legitima la existencia de una orientación cada vez más derechista, reaccionaria y autoritaria, logrando la radicalización del conjunto del electorado. De ese combo deriva más desigualdad, más precariedad, peores servicios públicos, más machismo, más corrupción, el fortalecimiento del integrismo religioso y un fuerte deterioro de las libertades democráticas. La sociedad capitalista, cada vez más, nos vende un futuro que nunca tendremos.
Los efectos de la LUC, el Presupuesto Nacional, la reforma de la Seguridad Social… las consecuencias sobre la mayoría trabajadora y los beneficios para la elite, los veremos más temprano que tarde.
Dicho todo lo anterior leo –una vez más- el cartel sobre la gran heladera de 16 puertas: “Hoy no se fía, mañana sí”. Pago la vuelta y me voy.