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Por Pablo Mieres

Estamos en diciembre y las imágenes de jóvenes y padres haciendo cola desde la noche anterior para inscribir a sus hijos en un centro de enseñanza de ANEP nos mostraban, patéticamente, la ineptitud e inoperancia de las autoridades educativas. Pasar la noche a la intemperie para inscribirse en un centro educativo público en pleno siglo XXI, indica dos cosas aberrantes: (a) que no se les ha ocurrido implementar un sistema “on line” para evitar la cola de horas y (b) que no tienen cupos suficientes en relación a la demanda.

Las imágenes eran una reiteración de las registradas un año atrás, en esta misma época. Nada se corrigió, nada se modificó; transcurrió un año sin respuestas. Así son las cosas en nuestra educación pública.

Pues bien, este desajuste entre oferta educativa y demanda estudiantil no es nuevo, ni repentino. En efecto, en marzo de este año, cuando comenzaban las clases, había ocho mil jóvenes que querían estudiar en UTU y no tenían cupo para hacerlo. Al final quedaron alrededor de seis mil sin poder hacerlo. Insólito.

Los dirigentes sindicales de UTU consideran que a comienzos de 2017 ocurrirá algo similar, y la Directora General del Consejo de Educación Técnico Profesional reconoce que existe un desajuste entre oferta y demanda que no ha sido resuelto.

Hay una oferta desbalanceada que no está actualizada a los intereses de los estudiantes. Hay cursos que se ofrecen para los que no hay interesados y otros cursos se saturan muy rápidamente y faltan cupos.

Se supone que estas son algunas de las tareas que deben cumplir las autoridades educativas: mantener una oferta educativa actualizada en función de detectar las tendencias del mercado laboral, la evolución tecnológica y los intereses de los jóvenes. Sin embargo, nada de eso ocurre y cuando llega la hora de las inscripciones, la frustración de muchos jóvenes es el resultado de la enorme falta de capacidad de la conducción educativa.

Esto es aún más indignante si se tiene en cuenta que nuestro país tiene una tasa de egreso en la enseñanza media que es vergonzosamente baja. Se ubica entre una de las más bajas de nuestro continente, debajo de todos los países de América del Sur y sólo superior a dos o tres países de Centroamérica. Apenas cuatro de cada diez jóvenes en edad de egresar de educación media efectivamente lo hacen. Sin embargo, las autoridades educativas se “dan el lujo” de rechazar estudiantes porque no pueden ofrecerles un cupo con las opciones que interesan. Es demasiado vergonzoso. A esta altura no entendemos cómo no hay ninguna autoridad educativa que no decida, por dignidad, dar un paso al costado.

Al momento de escribir este artículo me llegan más datos de padres preocupados porque no pueden terminar la inscripción de sus hijos en algunos liceos.

No hay atenuantes. Estamos en un país con una bajísima tasa de crecimiento demográfico. ¿Se imaginan lo que pasaría si viviéramos en un país, como la mayoría de los países de la región, que posee una alta tasa de crecimiento demográfico?

La incapacidad de dar respuesta en tiempo y forma es aún más grave si se toma en consideración el dato de que la cantidad de jóvenes a los que se debe recibir en el sistema educativo varía muy poco de un año a otro.

Uno de los tantos mitos que los dirigentes del partido de gobierno han construido para justificar el fracaso de la conducción educativa, es una supuesta masificación de la educación media en nuestro país en los últimos años. Fantasean al señalar que el problema es que se ha incorporado mucha más cantidad de estudiantes a nuestro sistema educativo. Totalmente falso.

La masificación de la enseñanza media en nuestro país ocurrió hace décadas. La Educación Media pública decreció entre 2004 y 2007, para luego crecer muy moderadamente desde 2008 en adelante. Es más, desde 2011 a 2015, de acuerdo al Anuario Estadístico del MEC, la matrícula en la enseñanza media básica disminuyó de 154.769 estudiantes a 152.436 y en la enseñanza media superior aumentó apenas de 132.542 estudiantes a 143.095, es decir un 8%.

Nadie puede decir que el sistema educativo ha colapsado por recibir un aluvión de nuevos estudiantes. Se trata simplemente de una enorme incapacidad de gestión.

Así las cosas, todo indica que la promesa anunciada por el Presidente Vázquez al asumir su mandato en marzo de 2015, cuando se comprometió a que al final de su gobierno se lograría que “el 100 % de los jóvenes de hasta 17 años esté en el sistema educativo y el 75 % termine el ciclo de enseñanza media”. Difícil para sagitario, ¿no?

Más bien, todo lo contrario, el sistema expulsa y frustra a jóvenes que quieren estudiar aquellas alternativas que surgen como más apropiadas o interesantes, pero las autoridades son incapaces de ofrecerlas en tiempo y forma. Muy grave responsabilidad.

 

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