El periodista Daniel Hardy publicó su libro “Agroquímicos, el genocidio silencioso de la salud, del agua, los alimentos, la tierra, los suelos, el aire, los acuíferos y la fauna”, una investigación que denuncia el uso de agroquímicos en Uruguay y sus efectos en el medio ambiente y la salud. El libro llegó hace unos días a Maldonado y ya está disponible en el Salón Florida.
En entrevista con Correo de Punta del Este, el autor explicó qué lo motivó a estudiar el uso de químicos en la industria agrícola y cómo fueron los ocho años de investigación en los que denunció a actores políticos, empresarios del sector y grandes laboratorios.
La investigación contiene 120 fotos de documentos inéditos de la Facultad de Química que demuestran, entre otras cosas, la liberación de arsénico en pozos de agua a más de 30 metros de profundidad en varias granjas.

-¿Por qué genocidio silencioso?
-Porque los agroquímicos contaminan el agua, los alimentos, el aire, los suelos, los acuíferos y la fauna. Nos comemos una vaca que estuvo tomando agua en el Río Negro y que está absolutamente contaminada por varios elementos. Porque no solamente se habla de glifosato, se habla de más de 200 productos que se esparcen a diario y no solamente en la soja, el maíz transgénico o el arroz, también en la papa, duraznos, ciruelas, lechugas, etc. Por ejemplo, para el ciclo de los cítricos se utilizan 25 plaguicidas. Cuando el arsénico se desprende de la corteza terrestre se dispersa por el ambiente como una pandemia, peor que la pandemia del coronavirus. La sumatoria de esos agroquímicos en el tiempo, te mata.

-¿Cómo decidió investigar este tema?
-Hace 10 años empecé a ver que había mucha gente enferma y la primera pregunta que me hice fue ¿por qué estamos enfermos? Leí muchísimo, escuché, me informé y discutí, y hoy lo sigo haciendo, porque este libro es en defensa de nuestra vida. Mi lucha ha sido por las escuelas rurales. Hemos defendido maestras afectadas por agroquímicos y hemos perdido los juicios porque es bastante difícil de demostrar. Creo que ni la medicina investiga demasiado, ni los jueces o fiscales están preparados para esto. El agro negocio es un sector sumamente importante para la industria del país, pero ¿cuál es el costo de la vida que estamos teniendo por este sistema?, ¿cuánto nos va a costar el día de mañana solucionar los problemas del agua? Argentina demuestra todos los años con investigaciones científicas que, por ejemplo, un morrón puede tener hasta 20 agroquímicos, y Uruguay es un espejo. Basta con ver la lista de enfermedades de la cual hablan los argentinos: cáncer, malformación de fetos, abortos espontáneos, hipotiroidismo o artritis. ¿Nadie se pregunta en el sistema médico por qué los niveles de cáncer son tan altos? Jamás escuché a Cristina Lustemberg, a Tabaré Vázquez o a Jorge Basso hablar de los agroquímicos. En 2015 la Organización Mundial de la Salud declaró como cancerígeno al glifosato y yo esperaba que Vázquez dijera algo al respecto, no dijo nada, aunque se lo pedí por change.org, por eso le dedico el primer capítulo del libro. El glifosato jamás se prohibió y sus cifras de importación, así como el de 200 agroquímicos más, crecen de forma exponencial.

-¿La gente es consciente del peligro que supone el uso de agroquímicos?
-9 de 10 no, pero ha crecido exponencialmente en los últimos 10 años el conocimiento, pero el tema no es tan visible como el de UPM 2. Es una lástima porque es un atentado directo a la salud. ¿Por qué hay tanto déficit atencional en los niños? Porque el consumo de agua con 27 agroquímicos o más, va comiendo las neuronas y eso está comprobado científicamente.
Acá se utilizan insecticidas, herbicidas y fungicidas que han sido prohibidos en Europa hace unos años y que vienen de más de 20 países. El Instituto de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo habla de que las fumigaciones con agroquímicos son una violación a los derechos de la vida, la salud, el ambiente, la propiedad y la libre circulación.

-¿Qué poder tienen las empresas en esta industria?
-Es inmenso el poder que tienen, obviamente lo cubren todo y no les interesa perder plata. Este es el nuevo orden mundial, donde algunos van a seguir y la mayoría vamos a quedar por el camino. Hay muchos interesados en que no se difunda este tema porque en el libro hablo del sistema político, el empresarial, el PIT-CNT, dirigentes de la Federación Uruguaya de Magisterio y médicos.

-¿Cómo periodista sintió alguna presión investigando este tema?
-Presiones no, pero tuve malas respuestas porque los laboratorios tienen una industria que da muchísima plata. Es una lucha de David contra Goliat. Como periodista me siento bien y me siento mal. Me siento frustrado porque más allá de que muchos uruguayos tomen conciencia, no hemos podido prohibir fumigar y tampoco lo han hecho los 3.000 apicultores que están en la misma línea. Este es mi primer libro y me siento muy contento de haber podido editarlo y que hoy esté en 15 librerías. Pero da lástima que se siga fumigando y se le dé al agro negocio todo lo que se le da. Por ejemplo, las cianobacterias son nitrógeno más fósforo que se usan para preparar el maíz transgénico. Jamás la ex ministra Kechichian defendió al turismo contra el agro negocio, vamos a ver si ahora Cardoso habla de defender el turismo porque si no nos vamos a seguir quedando sin playas. Creo que es una industria o la otra, yo me quedo con el turismo, genera más fuentes de trabajo y es más amigable con el medioambiente.

-Después del lanzamiento del libro ¿tuvo respuestas de la clase política?
-No, ninguna respuesta. No les interesa debatir por el tema de los agroquímicos. Fui a recorrer con el libro el nuevo escenario político del Palacio Legislativo y solamente dos diputados, blancos ellos, compraron el libro.

-¿Cree que eso cambiará con el nuevo gobierno?
-No, están todos en el mismo barco.