Luego de varias novedades que sacudieron la pachorra clásica de los pueblos escasamente poblados -aun cuando los habitantes sean acaudalados cosmopolitas de diversas nacionalidades- el vecindario de José Ignacio está sumido en debates y controversias sobre su futuro como mansa localidad balnearia.
No hace mucho se inauguraron los accesos hacia la zona del faro, con mucho asfalto y hormigón. A juicio de algunos, se colocó “demasiado asfalto” y hormigón en una zona que atrajo a veraneantes por su perfil agreste y natural. Es que desde hace muchos años, más de 25 quizás, los vecinos han reclamado a la Intendencia que mantenga al balneario al margen de las modas urbanísticas; incluso alguna vez se le pidió al intendente Domingo Burgueño que no pavimentara las calles ni colocara luminarias “para que se puedan ver las estrellas”. Son reclamos propios de personas que viven todo el año en grandes ciudades y buscan descansar del cemento, el semáforo y el suelo bituminoso. Hasta ahora se los había contemplado, pero ¿será eso lo que ocurra en el futuro?

Cómo crecer
Martín Pittaluga, uno de los titulares del restaurante La Huella y exconcejal del municipio, además de vecino del lugar, afirmó que los vecinos de la zona viven siempre “en debate” por una u otra razón. “Ahora el tema son los ruidos molestos, pero entre los grandes temas está el cómo crecer y si hay que frenar o no los desarrollos. Hay vecinos que creen que todos los desarrollos son buenos y positivos y otros, como nosotros, creemos que no todos son buenos, que hay que ver qué tipo de gente está detrás, cuáles son las verdaderas intenciones” de los inversores, señaló.
Además, precisó que nada de esto tiene que ver con los partidos políticos, porque el pueblo “pertenece a todos”, pero la meta de algunos es “lograr que este lugar mantenga su identidad”, cosa que hoy en día parece “difícil”. “El crecimiento es inevitable, sin ninguna duda, el tema es cómo y en eso es que hay diferencias. Nosotros creemos que hay que controlar el progreso, frenarlo para continuarlo, no para eliminarlo, y otros vecinos creen que hay que viabilizar todo”, señaló.
Así las cosas, el empresario gastronómico señaló que “muchos” habitantes fijos del lugar se desvincularon de la Liga de Fomento a causa de las diferencias que existen sobre el futuro del balneario. Por ejemplo en cuanto a esos estacionamientos asfaltados y prolijos que acaban de inaugurarse, cuyo diseño estaría reñido con el entorno.
Actualmente la Liga tiene “entre 80 y 100” socios que poseen propiedades en la zona y pagan un promedio de dos mil dólares de contribución inmobiliaria. Por otra parte, Pittaluga dijo que un terreno en la zona del faro cuesta alrededor de medio millón y 800 mil dólares y que en La Juanita, ya fuera del balneario, un solar anda en los 50 mil.

Rancho aparte
El empresario dijo que los vecinos que abandonaron la entidad por no sentirse representados deberán buscar otros medios de hacer valer sus posiciones y mantener cierta capacidad de “presión”. Por lo demás, dijo que nadie piensa en “bajar los brazos”. “Menos cuando hay intendente como el actual que le da andamiento a las excepciones. No es un tema político por más que yo pertenezco al bando opuesto, a la oposición porque también me he enfrentado al partido Frente Amplio en muchas cuestiones como el puente (sobre la Laguna Garzón), por ejemplo”, indicó. Aun así, cuestionó que la actual administración concretara la obra de los accesos, que se pedía desde hace más de 15 años, “de la manera” que se hizo, con una “rotonda con florcitas” que vendría a ser la “especialidad” del intendente Antía. El debate continuará, porque “el pueblo está en peligro”, según había dicho el propio Pittaluga a la prensa porteña.

 

“El pueblo está en peligro”

José Ignacio está apunto de expandirse en un gran fraccionamiento anexo a la zona del faro, de una magnitud de nueve hectáreas. Allí se permitirán construcciones de hasta siete metros de altura, que quedarán divididas del pueblo original por una franja de asfalto negro de unos 800 metros de longitud.
Sobre este tema Martín Pittaluga había dialogado con el diario argentino La Nación a principios de mes. “Es un loteo sobre nueve hectáreas que se tardaron muchos años en vender. Finalmente se vendieron por más de 22 millones de dólares a un grupo de distintas personas que lo lotearon. Eso se adhiere a la ordenanza de José Ignacio. Es como un agregado al Faro, no es un barrio cerrado. Lo cual, para muchos de nosotros, es algo bueno. Ahí no hay enfrentamientos entre vecinos y la intendencia”, dijo el vecino en la ocasión.
A su juicio, era inevitable que esto sucediera. “Dentro de todas las posibilidades que había, es la mejor. Es un proyecto que adhiere al Faro y respeta las ordenanzas de altura y metros de construcción. También respetan la distancia al mar”, explicó.
“El miedo que tenemos algunos vecinos es que con el actual intendente de Maldonado, que suele dar muchas excepciones, se autorice la construcción de propiedades diferentes al estilo del pueblo. Eso me preocupa mucho porque ya tenemos experiencias anteriores de excepciones que dio con la excusa de que generaba trabajo”, señaló. “No estamos en contra del progreso. Queremos crecer en orden. Las limitaciones que tiene la ordenanza de construcción municipal, son para eso. El pueblo está en peligro, más aún, cuando el intendente no respeta a la tercera línea de gobierno que es el alcalde”.

 

Foto: IDM

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