Gabriel Sánchez es el delegado de la Pastoral Juvenil de la Diócesis Maldonado-Rocha desde 2015, pero hace más de seis años que participa como joven católico activo. El pasado 20 de enero partió hacia Panamá a participar de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), formando parte de la Delegación Oficial de la Conferencia Episcopal, un grupo de 16 jóvenes representantes de todas las Diócesis de Uruguay.
Las JMJ reunieron este año en Panamá a más de 700.000 personas en un evento que fue creado y promovido por el Papa Juan Pablo II en 1985, en Roma. El objetivo de este multitudinario evento, que se celebra cada tres años, es la reunión de los jóvenes del mundo. Aproximadamente 600 uruguayos, entre la Delegación Oficial, integrantes de las diferentes Diócesis y movimientos varios viajaron al país centroamericano para este encuentro. Manuela Bonhomme, integrante de la diócesis de Minas dijo al Correo: “las Jornadas son el momento de compartir y poner sobre la mesa algunos temas de los jóvenes y también una forma de avivarnos, ya que la iglesia sufre una crisis de jóvenes. No es solo para cristianos, es abierto a todo el mundo. Es un momento de encuentro y fraternidad, ‘la diversidad de la iglesia’ me decía un amigo”. Si bien el viaje fue en enero, los preparativos comenzaron varios meses antes. Gabriel contó que la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil les comunicó a todas las diócesis del país la posibilidad de que viajara un representante por cada una. “Me entró muchísima duda” confesó el joven, “yo vivo en Maldonado y acá en verano es la temporada zafral para trabajar y sabía que ningún trabajo me iba a perdonar irme en enero. Lo pensé mucho, lo medité y recé un montón y llegué a la conclusión de que soy una persona que cuando algo viene de Dios no lo rechazo. Así como cuando me propusieron ser el delegado de la Pastoral Juvenil de Maldonado-Rocha, no me achiqué, dije ‘esto es una oportunidad única, si es de Dios tengo que ir’. Conseguí un trabajo, avisé con tiempo que me iba a ir y me la jugué. No me arrepiento de nada, estoy muy agradecido de esta experiencia única”. Cuando se enteró de que había sido elegido para ser el abanderado que representaría a Uruguay en la bienvenida al Papa Francisco la idea ya era irresistible.

Abanderado

Dos semanas antes de viajar Gabriel recibió una llamada, el coordinador de la Delegación Oficial le dijo que había sido seleccionado por la organización de las JMJ para ser el abanderado representante de Uruguay en uno de los actos. “Ahí confirmé aún más que era de Dios, y que tenía que ir” comentó.
A las 7 de la mañana del miércoles 23 de enero el joven fernandino debió practicar junto a los demás abanderados en el escenario del campo Santa María. Sobre esta experiencia Gabriel dijo: “fue hermoso, porque conocí jóvenes de todas partes del mundo, pude charlar con personas de Indonesia, Dubai, China, Corea, Bolivia, Austria, Brasil, Líbano, fue una experiencia muy grata.”
El jueves 24, a las 17 horas, en la bienvenida de los jóvenes al Papa Francisco, Gabriel sostuvo la bandera uruguaya en primera fila, en representación de su país, frente a lo que él llamó “un mar de personas”.
“Si yo hubiera dicho que no, me hubiera perdido de hacer esa participación, de estar al lado del papa, y haber podido llevar con orgullo la bandera” reflexiona ahora, después de haberlo vivido y agrega “gracias a Dios tuve la suerte de quedar adelante, para poder mover con toda la fuerza del mundo la bandera que representa a mi país. Estoy bastante agradecido, fue una experiencia única. Tenía un poco de nervios, saber que podía estar a unos 10 metros del Papa fue impensado.”
En el Encuentro con el Papa desfilaron más de 150 banderas de los países participantes del evento.

Agenda JMJ
Las Jornadas duraron una semana, en la que jóvenes, obispos, sacerdotes, clérigos, profesores laicos y personas consagradas a la iglesia católica participaron de diferentes actividades.
El evento se dividió en dos partes: por un lado los Días en las Diócesis, donde los jóvenes son recibidos por las familias con las que se quedarán durante el evento y por otro lado los Actos Centrales de las Jornadas, en las que se incluyen clases de catequesis, actividades artísticas, el Festival de la Juventud y los encuentros con el Santísimo Padre, el Papa Francisco. El lugar de referencia que tenían los jóvenes uruguayos fue la Parroquia San Antonio de Padua, en Ciudad Jardín.
Una vez que llegaron fueron divididos aleatoriamente en pares y conocieron a sus familias de acogida, familias que previamente se habían postulado para darles asilo a los jóvenes participantes del encuentro. Gabriel confiesa que si bien estaba entusiasmado por el viaje, al salir de Maldonado sentía un poco de miedo, “no sabía que familia me tocaría o como me iba a mover en Panamá, pero la verdad es que me llevé una grata sorpresa. Mi compañero fue el representante de la Diócesis de Paysandú, nosotros nos quedamos con una familia de cuatro integrantes que nos hicieron sentir como sus propios hijos.”

El martes 22 comenzaron las Jornadas con una misa de bienvenida a los peregrinos a cargo del arzobispo de Panamá. Los días miércoles, jueves y viernes los jóvenes asistieron a las catequesis de la mañana en distintas sedes, cada una de las catequesis estuvo a cargo de un obispo o cura diferente.
El miércoles 23 el Papa arribó al país y recorrió las calles en su papamóvil saludando a los miles de fieles que esperaban verlo. El viernes 24 los jóvenes participaron del viacrucis, representación del camino de Jesús a la cruz, en donde los fieles rezaron por Venezuela, Nicaragua y México entre otras cosas. Durante la noche del sábado 25 se realizó la vigilia y a las 8 de la mañana del domingo 26 el final de las Jornadas comenzó con la misa de envío, única misa que dio el Papa, en la que despidió a los jóvenes que volverían a sus hogares.

Finalizando el viaje y ya en tierras fernandinas Gabriel recuerda uno de los momentos más emotivos que vivió en las Jornadas: “en la misa del domingo habían más de 700.000 personas en el campo Juan Pablo II y en un momento dijeron ‘hacemos silencio’ y no se escuchaba nada. De 700.000 personas no se escuchaba nada, era silencio puro. Que una persona pueda lograr eso me erizó la piel, fue una locura. Salí de acá esperando escuchar las palabras del Papa y una de las cosas que más me quedaron fue que los jóvenes somos ahora. Me quedo marcado a fuego, porque te motiva un montón saber que sos lo que estás haciendo y que podes hacer un cambio con tu actitud y tu presencia, como hicimos esos 700.000 jóvenes en esa misa”.