Todos los años, entre los meses de julio a octubre, la Ballena Franca Austral (Eubalaena australis) tiene como vía de tránsito la costa uruguaya cuando viaja entre la zona subantártica y las cálidas aguas brasileñas. Durante años investigadores de todo el mundo han estudiado a estos cetáceos y aprendido de sus diferentes comportamientos. Hasta ahora, en su etapa de migración reproductiva costera, los apacibles gigantes marinos no se caracterizaban por mostrar comportamientos alimenticios en estas aguas, porque ya tienen sus áreas típicas de alimentación en regiones muy distantes.
Sin embargo, el equipo de Fauna Marina Uruguay registró el pasado día 31 de agosto, por primera vez, a un ejemplar con un claro comportamiento de alimentación en aguas territoriales del Uruguay, más precisamente en Maldonado.
Luego, sucesivamente comenzó a aumentar el número de individuos que mostraban el mismo comportamiento. La segunda ocasión fue el 8 de setiembre a la altura del Balneario Santa Mónica y una semana después esta misma conducta se empezó a manifestar también en la costa de La Paloma, Rocha.

Inédito
La Licenciada en Gestión Ambiental, Nazarena Beretta, Administradora de Fauna Marina Uruguay, integrante del Núcleo Interdisciplinario de Estudios de la Pesca en Uruguay (Niepu-Udelar) y DINARA dijo que anteriormente no se habían observado este tipo de registros.
Tras relevar el comportamiento, explicó que para alimentarse la ballena se desplaza de manera constante con la boca entreabierta, describiendo un trazado elíptico, en todos los casos (registrados) paralelo a la costa, percolando frontalmente el agua y filtrándola. También se observa un movimiento lingual a intervalos regulares de tiempo.
Lo descubierto inicialmente por Alvaro Pérez Tort, Diego Rubio, Leandro Borba y Rufino Jaureguizar -que ocasionó gran desconcierto en aguas de La Paloma, aunque casi no genera dudas de que es un proceso de alimentación- requiere verificar con análisis de muestras de agua qué es lo que estarían comiendo las ballenas. Con este fin la licenciada ya está en contacto con investigadores de distintas áreas para complementar registros.
Al respecto, las muestras analizadas por Ana Martínez Goicochea, investigadora de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos aseguraron la presencia de cladóceros en el agua en setiembre del 2019; esto no quiere decir que sea su fuente de alimentación, pero aporta un dato más para el estudio.
Beretta, intercambió información con investigadores de Argentina que vieron el material audiovisual. Aunque quieren corroborar, estos coincidieron, en principio, con que los animales tuvieron un claro comportamiento de alimentación, que tampoco observaron nunca tan cerca de la costa. Quedaron maravillados con la claridad de las imágenes obtenidas, que consideraron de un valor científico muy importante.
A nivel personal, la licenciada Nazarena Beretta considera que hay que ser prudente y metódico a la hora de llegar a una apreciación, pero teoriza que existen otras variables, como las floraciones que puedan existir en el agua y su temperatura; incluso la tecnología que permite observar mejor a las ballenas y develar cada vez más algunos de sus misterios. Se supone que estos animales solo se alimentaban cerca de las Islas Georgias del Sur y la Antártida antes de comenzar su migración reproductiva al Norte.
Es lógico pensar que si ahora pueden estar encontrando alimento en su camino aprovechen la oportunidad, lo que amerita un estudio integrado, multidisciplinario.
Tales comportamientos podrían ser indicadores de cambios ambientales de mayor escala.
“La realidad es que mientras se comienza a estudiar este registro inédito para los científicos, quienes sólo acostumbrábamos a fascinarnos con su imponente impronta al pasar, ahora también las vemos con nuevos comportamientos y en paz ante nuestros ojos”, dijo un mensaje de Fauna Marina Uruguay.

Fotos: Leandro Borba, Diego Rubio, Álvaro Pérez Tort, Rufino Jaureguizar

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