pepiPor Pepi Goncalvez

Estamos atravesando el vórtice en la crisis de la distribución de las tareas en la sociedad occidental. Con la llegada de la Revolución Industrial y el shock de la Segunda Guerra Mundial el mundo del trabajo empezó a absorber mano de obra femenina creando un proceso imposible de revertir.

El ingreso al campo del trabajo fuera del hogar, redujo la natalidad, creó una nueva consciencia sobre los derechos de las mujeres como ciudadanas pero aun no problematizó en forma clara el asunto de la “labor”. Las mujeres siguieron haciéndose cargo de las mismas actividades que antes dentro del hogar y además, salieron a ganar un sustento. Es lo que se conoce como “doble jornada”. Una doble jornada que incluye una gran parte sin jornal.

No existe una real discusión sobre este jornal “perdido” o “aportado sin derechos sociales” al seno de la sociedad. Es un asunto que no entra en la agenda de los asuntos públicos de primer orden y afecta a un 53% de la población. Es decir, a la mayoría. No se habla del proceso de desgaste de esa mujer trabajadora (que gana, por una cuestión de género casi un cuarto del jornal menos) y que además, tiene hijos o familiares dependientes a su cargo para cuidar a lo largo del día. Esa responsabilidad física y psicológica afecta su salud, su calidad de vida, su proyección como ser humano. Es una cuestión de derechos, pasa por el acceso a la libertad.

En estos días de campaña, sólo se habla de los cuidados en el seno del Frente Amplio. Es un tema postergado del programa de 2008 que ha sido reflotado por la pre-candidata Constanza Moreira y recientemente, por Tabaré Vázquez. El llamado “Sistema Nacional Integrado de Cuidados “es un proyecto promovido por las mujeres del Frente Amplio para que el Estado tome cartas en el asunto y aporte a la tarea brindando servicios que alivien a las mujeres de su rol cultural de cuidadoras. Si bien la idea avanzó un poco más (nos pondría en un sitio de privilegio según la CEPAL por lo que impacta en el desarrollo) no hay un presupuesto acordado que pueda asegurar su puesta en marcha a corto plazo. Es decir, requerirá por el monto de su inversión, de una gran dosis de “voluntad” política.

Existen en Uruguay espacios de cuidado que pueden tomarse como experiencias piloto exitosas, como son los “Centros CAIF” que se han extendido por todo el territorio. Pero se necesitan más espacios y/o servicios para atender las necesidades de ancianos, enfermos crónicos, discapacitados, etc. Es importante crear y promover desde emprendimientos productivos hasta centros de recreación para una parte de la sociedad, especialmente la clase media, cuyas opciones están seriamente limitadas.

Por otro lado, la oposición plantea universalizar las escuelas de tiempo completo, y me pregunto si no estarán confundiendo la labor educativa con la de cuidados.

¿Pueden las escuelas sustituir el tiempo de cuidado con el horario “completo” o “extendido”? ¿Es la misión de las maestras cuidar? ¿Repercute en forma positiva en el nivel educativo? La respuesta está a la vista. Las escuelas privadas de “doble horario” que inspiran esta figura en el ámbito público no han servido para elevar la calidad de la educación. Más bien han servido como depósitos de infantes durante el tiempo de trabajo de sus padres. Los alumnos provenientes del sistema privado tienen las mismas dificultades que los egresados de los centros de estudio públicos a la hora de redactar un texto simple o resolver una operación matemática de dificultad media. También presentan en igual proporción problemas de integración y convivencia.

El espacio escolar, convertido durante la mitad del horario en espacio de cuidado, requiere de una serie de condiciones físicas y técnicas que no siempre puede brindar. Es por eso que muchas madres, viendo que sus hijos “depositados” desarrollan conductas violentas, terminan inscribiéndolos en escuelas comunes y resolviendo el resto del tiempo de otra forma.

¿De qué forma la sociedad podría dar una respuesta a este problema? La crisis en los cuidados está afectando otras áreas de la vida de los uruguayos, como la calidad de la convivencia, la salud y el desarrollo. Taparla, dejarla fuera de la conversación política, obviarla no hará más que agudizarla. Porque es un asunto que incide directamente en la felicidad.

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