“La Rambla: infinita, ilustre y benemérita”, por Julio César Pereira*

Días pasados se recibió en el Concejo Municipal Carolino informe sobre el estado de situación de la Rambla de la Alameda o Carolina. Si algo quedó claro es que nada está claro.
Como se sabe, la primera parte de la Rambla, la que va desde el Paso del Guerrero hasta la ruta 39, está cerrada y en obras desde hace un buen tiempo. En el momento se trabaja en reforzar la capa superior o carpeta, a los efectos de que la misma pueda ser transitable, cosa que hasta ahora no era posible. Se espera que, con ese refuerzo, la rambla vuelva a estar transitable a la brevedad. No está previsto por ahora, reforzar la base sobre la que se asienta la carpeta. A primera vista eso parece un error, porque sin duda es ahí donde radica el verdadero problema. El trazado de esta rambla, justamente atraviesa el lugar más sinuoso del bañado (como le decíamos antes) ahora es humedal. Si se recuerda, exactamente ahí, por donde pasa la rambla, era el pantano, el lugar más anegadizo de todo el bañado. Ahí es sin duda donde el suelo es más frágil y eso actúa como si fueran arenas movedizas. En ese lugar, exactamente por donde pasa la rambla, era donde habitaban casi permanentemente Las Cigüeñas (Juan el Grande), patos criollos, gallaretas, cuervillos, bandurrias y muchas otras aves de especies autóctonas que allí obtenían su sustento. Es en ese lugar, donde afloran los manantiales que forman luego el humedal. Es ahí, sin duda, donde a ninguna persona con buen criterio se le hubiera ocurrido trazar un camino y menos una rambla.
Para entender claramente lo que pasa, los carolinos debemos hacer memoria y recordar el pozo casi crónico que existía en el camino Frade, frente a la portera de la cancha de Atenas. Año tras año, durante casi cuarenta, el “ojo de agua”, pantano, manantial, tembladeral o lo que fuera que allí existía, se tragaba inexorablemente todo el material que se le pusiera encima.
Fue necesario una impresionante carga de grandes piedras (tipo las utilizadas en los rompeolas del puerto de Punta del Este) colocadas en forma estratégica, para que no se volviera a hundir la carretera.

Bueno, para comprender lo que pasa en la rambla del “Recreo” hay que multiplicar este pozo por varios cientos por lo menos. Es claro que la Rambla está construida sobre el lugar más inconveniente que se podía hacer. No se sabe quién la pensó, quién imagino su trazado y quién autorizó su construcción, pero lo que es obvio es que se eligió el peor lugar para hacerlo. No solo se construyó sobre un terreno que es inapropiado, sino que también se destruyó con su construcción, un lugar de acogida y alimentación de una fauna autóctona muy importante, con lo que eso significa para el medio ambiente local.

Un tanto curioso resulta la explicación de que el problema de la destrucción de la carpeta se debe al excesivo transito que tuvo y sobre todo al tránsito pesado. Sorprende lo del tránsito pesado porque éste está prohibido desde hace años sobre el puente blanco, destino u origen de cualquier vehículo pesado que podría pasar por la rambla. De dónde venía y hacia dónde iba ese tránsito pesado, qué destino tenía y quién autorizaba su circulación, se desconoce.
Lo cierto es que, hasta ahí, la rambla se llevó algo así como cuatro millones de dólares. Tampoco está claro cuánto se gastó en ella exactamente y por qué no se le ha colocado el mobiliario previsto inicialmente. Focos y bancos figuraban en el proyecto original para ese tramo, pero nunca se colocaron y no se sabe si finalmente se instalarán.
También está rodeada de incertidumbre la segunda parte de la rambla, la que va desde Fernández Cháves hacia el Norte. Estaba previsto que este trazo llegaría hasta la vía férrea, a la altura del puente Negro, pero ahora eso no puede ser. Ya el arroyo San Carlos se encargó de evitar que esto fuera posible y con sus barrancos naturales impide que la rambla se conecte con la vía férrea como se pensaba.
La pregunta es, ¿por dónde sale, si es que sale a algún lugar, el tramo norte de la Rambla Carolina? Es posible que se conecte con avenida Rocha, la vieja calle Ancha, por alguna de las angostas calles del Rodríguez Barrios. Y la conexión con la Costanera, a la altura de Fernández Chávez, ¿cómo será? Por ahora no será, hay en duda algunas expropiaciones necesarias y una emblemática pista de skate inamovible. Veremos…
Y después. ¿Cómo será la entrada a San Carlos desde el Este? ¿Cómo atravesaremos la gallarda rambla aquellos que si o si, debemos de entrar a San Carlos por 25 de agosto? ¿Se pondrán semáforos? No se puede, hay un puente que no lo permite. ¿Una rotonda? No da el espacio. Atención carolinos, se viene una nueva rotonda rebasable, el inefable huevo frito se instalaría en el acceso este, de la fiel y reconquistadora. Espero que no provoque un pico de colesterol ya que debo de transitar casi a diario por el lugar.

Y a todo esto. ¿De quién es esta genial idea? ¿A quién se le ocurrió que San Carlos debía de tener una Rambla perimetral? ¿Cuál fue el argumento central para construirla? ¿Cuál era la necesidad básica insatisfecha de los carolinos que esta obra solucionaría? ¿Fue para estimular nuestro ego carolino? ¿Como Maldonado tiene una perimetral, San Carlos debería de tener la suya?. Seremos ahora “La capital del Interior de las ramblas Inútiles”. ¿Y el costo? Si bien nos sabe a ciencia cierta cuánto se gastó en la Rambla hasta ahora, si se puede asegurar que en el nuevo presupuesto de San Carlos, hay previsto dos millones seiscientos mil dólares más para la bella dama.

Hasta ahora lo único que queda claro es que la Rambla Carolina es la viva expresión de lo que no se debe de hacer en un gobierno que se precie de democrático y participativo. La construcción de la Rambla Carolina, es la más viva expresión del atropello del centralismo autoritario, hacia un gobierno y una comunidad autónoma. La Rambla le fue impuesta a San Carlos, sin derecho al pataleo, sin que nadie la reclamara y que además ha demostrado su poca utilidad. Diríamos, casi su inutilidad. Si no fuera un tema tan grave y de tanto costo, uno tendería a tomarlo hasta en broma, pero no se puede. Esto es, no solo un atropello a la autonomía carolina, es también un derroche innecesario que demuestra la alarmante falta de una visión política clara, de las necesidades del territorio y como resolverlo. Llama poderosamente la atención también, la escasa o nula opinión sobre el tema, manifestada por los dirigentes locales de los partidos tradicionales. Desconocemos qué piensan al respecto. Sería bien interesante que se manifestaran en forma pública y dieran a conocer su visión. La esperanza que nos queda es que, en los próximos cursos de Administración Pública, cuando se les diga a los alumnos un ejemplo de mala administración y que es lo que no se le debe hacer, les digan, por favor, no se les ocurra hacer una Rambla sobre un humedal.

Concejal Carolino

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