“La última travesura de Alfredo Testoni”, por Danilo Arbilla

Alfredo Testoni fue un gran tipo. Fuimos amigos y compañeros en La Mañana y El Diario. Un fotógrafo excelente; un verdadero artista. Acumulaba sabiduría, era bromista, travieso, se divertía y estilaba un humor negro muy fino. Y todo esto por qué? Porque se asegura que fue una obra de Alfredo que Julio María Sanguinetti entregó, en nombre de la familia del artista, al presidente Luis Lacalle Pou, la que motivo las iras del Canciller Ernesto Talvi y retrotrajo al Partido Colorado al clima de las internas del año pasado.
Parece que el expresidente no le avisó a su socio. ¿O no le pidió permiso? No creo que sea así, aunque Talvi, en declaraciones a El País, dio la sensación de que él es el que lleva la batuta: “…Las reuniones que el presidente Sanguinetti tuvo con Manini fueron coordinadas previamente conmigo y yo estuve de acuerdo…”. Cuentan además, que la charla con el excomandante fue de primera, lo que también habría provocado un poco de escozor en Talvi de quien en su entorno se comenta que es muy sensible e irascible. Dicen que la falta de experiencia le hace ver conspiraciones agazapadas en las sombras de cualquier vericueto. Es como un adolescente de 62 años, dicen con cierta maldad.
Lo del cuadro de Testoni desbordó el vaso, entonces. No trascendió nada, o a mí no me llegó, sobre cuál ha sido la responsabilidad en todo esto de Lacalle Pou, ni lo que opina sobre el insuceso. No debe alegrarlo mucho.
El gobierno debe mostrar cambios, que se vean rápidamente, y el respaldo de una coalición fuertemente unida de la que cada tanto, empero, se escuchan diferentes tipos de chirridos.
Los cambios son menos por ahora, salvo en seguridad. Aquí sí que la figura de Jorge Larrañaga le ha dado un empuje al Ministerio del Interior y a la tarea de la Policía que es lo que la mayoría de la población deseaba. Las señales fueron claras y aunque no se puede hablar de resultados en quince días, existe la sensación y la esperanza de que en esta materia la cosa va a cambiar y para bien. Otra de las pruebas de que es así, es la desesperación del Frente por centrar el fuego en este campo. Preocupadísimos por la convivencia (con los delincuentes?) y por la pérdida de “privacidad” en las plazas públicas y la libre expresión (para lo que sea) en las esquinas y semáforos. El intendente Di Candia, el PIT-CNT, Adeom, y una serie de organizaciones que despertaron ahora pero que siempre están en reserva para defender al Frente y la libertad y la tolerancia – cosas así como que el feminismo solo es de izquierda y no hay feminismos de derecha, sino que lo digan los persas, o Putin, o Fidel ayer y los chavistas y Ortega hoy-. Han tenido que inventar algunos cosas – y echar pa‘ atrás- y de seguro habrán de buscar, rebuscar y si es preciso diseñar y provocar lo que sea para atacar al ministerio y a la policía .
Tienen enfrente un hueso duro de roer. Larrañaga por lo que se ha visto le hace honor a su apodo de “guapo”. Y cuenta con el respaldo presidencial. Le van a dar.
La Cancillería también debería dar señales de cambio como en Interior, máxime con lo que ha sido la política exterior de la izquierda – ideológica hasta la genuflexión, más algunas cositas raras- y lo dicho en la campaña electoral en que la opción era entre los que decían que en Venezuela hay una democracia y los que afirmaban que era una dictadura.
No ha sido así. Talvi ha hecho hincapié en el tema comercial. Eso es lo que han dicho todos los ministros de Relaciones Exteriores. Nuestros embajadores serán vendedores de los productos nacionales, ha sido la consigna común y de siempre.
En otros asuntos como que no se ven golpes de timón. Como que se quiere repetir aquello de jugar al centro izquierda – sonrisas con Oscar Andrade, Daniel Martínez preferible a Manini, etc. Las palabras importan y más en el campo diplomático: Talvi se refirió a Guaidó como oposición, y no como el presidente designado por la Asamblea Nacional, único cuerpo con legitimidad y así reconocido por 60 países, y sobre el gobierno venezolano dijo que controla la fuerza (como todo gobierno). Ni ilegítimo, ni dictadura, ni probado violador de los DDHH – si no que lo diga Bachelet- al que defendió el gobierno saliente. Casi el mismo léxico de Nin Novoa, con quien la transición fue “excelente”. Al Secretario de la OEA, Luis Almagro cuya reelección Lacalle de entrada dijo que apoyará, lo calificó de “activista” más que de diplomático. Es de lo que lo acusan los otros candidatos a la Secretaría de la OEA.
Talvi se ha mostrado más agresivo y firme en el partido que en la Cancillería. Ha sido reiterativo: el pasado domingo dijo a El País que “el liderazgo del partido lo tiene Ciudadanos”. Más llamativo aun fue el tema referido a la designación de Julio Luis Sanguinetti, en la CARU.
Talvi entiende “que es una política sana que los familiares de líderes políticos no integren los órganos de Cancillería”. Un poco duro, ¿no?. Y más en un país donde los “parentescos” están en todos los carteles – que Lacalle (Herrera), Manini, Amorín Batlle, sin rebuscar mucho. Hasta qué grado de consanguineidad estaría permitido designar según Talvi: ¿sobrino o sobrina? ¿nieto o nieta?, ¿sobrino nieto o sobrina nieta?, ¿primos? ¿cuñados? ¿esposa?.
No es fácil liderar un partido y ser Canciller al mismo tiempo. Se pueden perder los estribos.