lacyduarte

 

Por Ana Baxter

 

Tuve una formación académica y es como que después desaprendí, porque al viajar y ver toda la cultura europea y americana, me di cuenta que ese mundo era diferente al mío e hice un viaje hacia adentro.” Lacy Duarte, 2005.

 

Lacy Duarte nace en 1937 y se cría en Mataojo, en el departamento de Salto, Uruguay, en una localidad fronteriza al Brasil: ese entorno rural inspirará lo más hondo y creativo de su obra. En 1952 elige vivir en la Ciudad de Salto y en 1954 ingresa al Taller Figari de la Asociación Horacio Quiroga, donde asiste a clases con el artista húngaro José Cziffery, un académico férreo, formado en París en el taller de Henri Matisse.

Luego ensanchará su vasto y riquísimo aprendizaje con Ernesto Aroztegui, el gran tapicista.

Lacy supo ser una alumna disciplinada y lúcida, una gran artista y una docente fuera de lo común.

Y aquí cito a Alicia Haber, que supo decir mejor que nadie, lo que representó Ernesto Aroztegui, este artista y maestro, para toda una generación ávida de aprendizaje y ánimo de experimentación.

“CETU y Encuentros de Tapicistas

Aroztegui fue un miembro destacado del Centro de Tapicería Uruguaya (CETU), fundado en 1982, que llegó a nuclear a numerosos tapicistas. Fue uno de los infatigables luchadores que originaron los Encuentros de Tapiz, a partir de 1973.

Integrado como pocos al quehacer creativo, Aroztegui fue una personalidad fermental, que siempre estaba en el epicentro de diversos movimientos, sobre todo en los relacionados a la artesanía y la tapicería. Su presencia fundamental en los encuentros internacionales de tapicería, estimuló el permanente intercambio cultural con los países limítrofes.

Si bien su maestría quedaba registrada en el gobelino alto lizo, Aroztegui sabía impulsar a sus alumnos a investigar en la nueva tapicería, la escultura blanda, las búsquedas en el espacio, los formatos no tradicionales, y otras zonas del arte textil actual. Su entusiasmo era contagioso. Siempre estaba dispuesto al descubrimiento y por eso mantuvo una juventud espiritual peculiar, que era uno de sus rasgos de personalidad más notorios… Se lo veía inquieto, participativo, conmovido en los concursos, en las inauguraciones, en los acontecimientos, siempre encontraba momentos de provocación para iniciar un debate productivo sobre el arte, los cambios, los lenguajes innovadores”.

Tradiciones

Lacy, a partir de entonces, en 1983, abandona el tapiz tradicional y trabaja trayendo al presente muchas de las tradiciones que conoció en su infancia en el campo, en el pueblo de Mataojo. Así aparecen en su imaginería las “benzedoras”, que son mujeres curanderas que trabajan, entre otras cosas, mediante muñecas rituales.

A partir de 1990 trabaja en series de pinturas y objetos, tallas en madera, objetos de miga de pan, colchas de trapos (traperas), en instalaciones que refieren a su origen, a la condición de la mujer y los niños en el campo, a las faenas rurales (Ceibos y panes, Bretes, Trampas, Venceduras, Traperas). Su proyecto Memoria y ritos en el espacio de la mujer campesina, refiere a su trasplante a la ciudad, como una pérdida de identidad cultural.

Expuso en el Museo Juan Manuel Blanes, en el Museo de Arte Contemporáneo de Río Grande do Sul, en la Galería Linda Moore en San Diego, Estados Unidos, y participó en las Bienales Internacionales de Paris y Cuenca, en España .

En 2005 representó a Uruguay en la Bienal de Venecia con una instalación que reflejaba “la pobreza pulcra” del medio rural uruguayo.

En 2012 expuso Pensado Campo: Recurrencias de Lacy Duarte en el Museo Figari y Tiempo y tiempo en el Museo Gurvich de Montevideo. Desde 2011 integró la Comisión Nacional de Artes Visuales del Ministerio de Educación y Cultura.

Y se fue el 27 de diciembre de 2015.

 

Querida Lacy Duarte

Todos los que tuvimos la suerte de aprender contigo, comprendimos muchas cosas esenciales. Que tu talento natural era enorme, que habías tenido dos grandes maestros, que tu bagaje de conocimientos era inmenso y que tu generosidad como docente no conocía límites.

Fue un milagro que una tarde de 1981 llegaras a mi taller, sin anunciarte, y mate en mano, me ofrecieras armar un grupo de aprendizaje de tapiz, composición y diseño. Acepté enseguida, y comenzaste el sábado siguiente esas inefables clases de tres horas largas.

Que se prolongaron por tres prolíficos años. Hasta que tu proyecto personal, el que ibas construyendo en Montevideo durante la semana, se hizo realidad. Y nos tuvimos que decir hasta luego. Igual que hoy, pero de otro modo.

Ana Baxter

 

Foto: www.museofigari.gub.uy

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